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Una noticia, muchas omisiones
por Marcelo Wio
11 de Diciembre de 2014

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Ziad Abu Ein, que falleció ayer durante una manifestación palestina – según la autopsia, a causa de un ataque cardíaco provocado por el bloqueo de una arteria coronaria, inducido por estrés (aunque Fatah y la Autoridad Palestina culpan a Israel) – fue presentado por los medios de comunicación en español, de manera prácticamente unánime, como un simple “ministro palestino”. Favoreciendo, así, una imagen de “pacifismo” ante el Ejército israelí: ya se sabe, inocente y culpable, oprimido y opresor…

¿Pero era Abu Ein un simple “ministro palestino”?

El periodista Khaled Abu Toameh indicaba en un artículo publicado por el Jerusalem Post el 11 de diciembre de 2014, que el pasado mes de septiembre, Abu Ein fue nombrado como jefe de la Comisión de la OLP contra el “muro de separación y asentamientos”. La comisión, exponía Abu Toameh, se encarga de organizar actividades de la “resistencia popular"”palestina contra la valla de seguridad y los “asentamientos”.

Pero, previamente, Abu Ein pasó varios años en la cárcel israelí por su papel en un ataque terrorista de 1979 en Tiberíades. Un grupo de jóvenes celebraban Lag Ba'omer en el centro de la ciudad cuando explotó una bomba en medio de ellos. Dos adolescentes de 16 años – Boaz Lahav y David Lankri – resultaron muertos, y otros 36 jóvenes, heridos.

Tras el ataque, huyó a los Estados Unidos de donde fue extraditado a Israel en 1981.

¿Por qué evitarían los medios mencionar este dato relevante?

Pero no fue eso sólo lo que los medios omitieron.

Centrados en presentar la noticia desde una perspectiva que le otorgaba mayor relevancia (o credibilidad) a las versiones palestinas, las crónicas minimizaban (cuando no, directamente, ignoraban) los hallazgos de la autopsia como una mera “versión” israelí – en favor de las acusaciones palestinas -, que indicaban que, como ya fuera mencionado, Abu Ein murió de un ataque cardíaco inducido por estrés. Pero, además, evidenció que “Abu Ein sufría una enfermedad cardíaca; que había evidencia de acumulación de placas que obstruían más del 80 por ciento de sus vasos sanguíneos; así como indicios de que había sufrido ataques al corazón en el pasado”.

Además, para sostener la presentación elegida de los sucesos, también se silenciaban aquellos testimonios que contradecían a los que los medios presentaban casi en exclusividad: los palestinos, que señalaban a los soldados israelíes como culpables de la muerte.

Así, no había lugar para las revelaciones del periodista del canal británico de televisión Sky, Tom Rayner, que señalaba que:

“‘Cuando estaba en el suelo, una médica israelí se acercó a él, e intentó despejar la zona a su alrededor, pero los palestinos lo levantaron y lo llevaron derecho a un vehículo', dijo Rayner... La médica ‘no pudo darle primeros auxilios', continuó Rayner”.

En su lugar, los medios reproducían las aseveraciones de “testigos” sin nombre que decían que los soldados israelíes impidieron el paso de la ambulancia.

Omitir hechos e información relevante no parece que sea informar, sino, más bien, el intento de imponer – o de persistir en, o ampliar y reforzar - una posición o narrativa preconcebida respecto de aquello sobre lo que se dice “informar".
 
 
 
 
         
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