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Una carta abierta al Centro para estudios de Género y Sexualidad de la Universidad de Nueva York
por CAMERA on Campus
1 de Mayo de 2013

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Publicada en inglés por CAMERA on Campus

Traducción: ReVista

 
Como estudiantes de la Universidad de Nueva York, una institución que valora la integridad académica y el diálogo racional, estamos profundamente turbados ante el hecho de que el Centro para Estudios de Género y Sexualidad esté patrocinando un evento tan contrario a dichos principios.

“Homonacionalismo y Pinkwashing”, una conferencia que tendrá lugar este mes en el Centro de Graduados de CUNY (City University New York), promulgará la noción de “pinkwashing”: la última táctica de la comunidad anti-israelí para denigrar al Estado Judío. Aquellos que acusan a Israel de esta práctica, aseguran que el notable historial del país respecto de los derechos pro-gay no es más que una mera distracción destinada a alejar la atención de los medios internacionales de la verdadera situación de los palestinos.

Ahora, el Centro para Estudios de Género y Sexualidad de la Universidad de Nueva York está intentando otorgarle a ese movimiento un grado de legitimidad por medio del patrocinio académico.

Pero, ¿es este realmente un movimiento de naturaleza académica?

Aunque el Centro está plenamente decidido a permitir que el fenómeno pinkwashing se haga pasar como un movimiento académico legítimo, nosotros nos mantenemos firmes en nuestra convicción de que ciertamente no es así.

El hecho es que Israel es un oasis aislado en medio de un desierto de regímenes opresivos donde la homosexualidad es un delito punible con la muerte. Mas la contribución del país a la comunidad LGBTQ no sólo es notable en relación con las reprobables posturas de sus vecinos; de hecho, Israel también actúa como un faro en el escenario mundial, eclipsando asiduamente a los reconocidos bastiones de los derechos de la comunidad gay. Tel Aviv fue incluso coronada como “La mejor ciudad gay” en el mundo.

Pero a los activistas del pinkwashing los hechos no los incomodan. De hecho, Sara Schulman, una de las principales voces de este movimiento anti-israelí, desatiende completamente estos hechos en su análisis tendencioso sobre Medio Oriente. En una entrevista con la GRITv, Schulman asegura a regañadientes que en Tel Aviv existen “enclaves en los cuales los gay pueden vivir o alcanzar una vida razonable”.

¿Cómo es posible que esta presentación retorcida de la realidad forme la base para un argumento académico?

Al garantizarle al movimiento pinkwashing esta plataforma académica, y participar del debate académico, la conferencia pretende transformar este movimiento sesgado en un evento académico.

Pero si su permeable concepción académica es congruente, entonces cualquier idea, cualquier afirmación, es digna de participar de la discusión académica. ¿Es realmente el caso?

No hace mucho, Mohammed Morsi, el Primer Ministro egipcio, dijo que los judíos son “descendientes de los monos y los cerdos”.

Por tanto, ¿afirmaría el Centro que el Programa de Estudios Animales de la UNY está justificado para celebrar una conferencia para estudiar esta idea “potencialmente edificante?

Y el Departamento de Evolución Molecular de UNY, ¿debería investigar esta “aseveración innovadora” bajo el estandarte de la libertad académica?

Es evidente que una afirmación de ese tipo no garantiza la legitimidad de un debate académico. Y el pinkwashing, aunque aparentemente esté envuelto en una apariencia más civil, también es indigno del patrocinio de un departamento de la universidad; ya que ambas ideas no tienen el objetivo de edificar objetivamente, como debería hacerlo la institución académica, sino que específicamente difunde una ideología incendiaria.

Es, por lo tanto, bastante evidente que la única razón para co-patrocinar un evento de esta naturaleza es tomar una postura clara y hostil contra Israel. No hay nada sobre el co-patrocinio que esté fundado en avanzar los derechos y libertades que nuestra institución académica tan profundamente valora.

Por supuesto que nuestro objetivo no es silencia a aquellos como Schulman. Nosotros, como estudiantes universitarios, creemos que el debate abierto, el diálogo racional y, en efecto, la libertad de disentir de la opinión generalizada, son derechos inalienables arraigados en las propias bases de la institución académica.

Y es justamente esta noción de academia que queremos preservar. Por ello, que Sarah Schulman tenga la oportunidad de esparcir su retórica equivocada del odio; lo único que pedimos, es que no le concedan la legitimidad que tan inextricablemente acompaña al patrocinio académico.

Ethan J. Herenstein y Blair Hart Newman, que contribuyeron en la redacción de este artículo de opinion son miembros de la junta de TorchPAC, en la New York University. Además, son Fellow de CAMERA on Campus.

 
         
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