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El Periódico: más de lo mismo con el turismo palestino de fondo
por Marcelo Wio
30 de Enero de 2019

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Un párrafo le bastaba a El Periódico para compendiar algunas de las características formas de sesgar la cobertura sobre Israel y el conflicto árabe-israelí.

El primer parágrafo de un artículo titulado rotundamente “La ocupación israelí ahoga al turismo palestino”:

“El checkpoint 300 es la puerta del muro que Israel levantó en Cisjordania por la que se accede a Belén directamente desde Jerusalén. Es el control militar israelí más transitado por autocares de Israel cargados de turistas extranjeros que entran en los territorios palestinos sin que les pidan la documentación. Al pisar Belén, muchos viajeros -una buena parte peregrinos- ignoran que no están en Israel. ‘No todos saben que visitan Palestina. Llegan al aeropuerto de Tel- Aviv y no ven la diferencia cuando cruzan el muro. No todos los que vienen a Tierra Santa tienen información política', lamenta Anton Salman, alcalde de la localidad donde la Biblia afirma que nació Jesucristo”.
 

“El muro que Israel levantó en Cisjordania”

El medio pretende dar la idea de que la totalidad de la barrera de protección es “muro”; no refiriendo, por lo demás, el motivo de su construcción.

La barrera de seguridad, construida para frenar los ataques terroristas palestinos durante la llamada segunda intifada, tiene una sección de hormigón alcanza apenas unos 4 kilómetros (por tramos separados); en tanto que aproximadamente el 95% es una valla de alambre. La mencionada sección de concreto se corresponde con zonas estratégicas concretas, en zonas, construida para evitar los ataques de francotiradores palestinos.

Esta frase es un claro ejemplo de la exageración y la tergiversación de lo relacionado con Israel.
 

“… los territorios palestinos”

Se da por sentado que todos los territorios de Cisjordania son “palestinos”, cuando la realidad es que la frontera entre Israel y un futuro estado palestino deben ser negociadas; es decir, hay territorios que están en disputa – aquellos a lo largo de la llamada línea verde (de armisticio entre Israel y Jordania).

Esta es la toma habitual de partido que puede verse en los medios en español. Toma que pretende instalar como hechos cuestiones que no lo son. Es decir, imponer en el terreno de la mente puntos de la propaganda palestina.
 

“Al pisar Belén, muchos viajeros -una buena parte peregrinos- ignoran que no están en Israel. ‘No todos saben que visitan Palestina. Llegan al aeropuerto de Tel- Aviv y no ven la diferencia cuando cruzan el muro. No todos los que vienen a Tierra Santa tienen información política''”

El medio parece sugerir una cuestión, y exponer otra:

1. Al parecer, hay que tener una suerte de educación (o adoctrinamiento, más bien) político previo para “ver”.

2. Dice que “muchos viajeros -una buena parte peregrinos- ignoran que no están en Israel. ‘No todos saben que visitan Palestina. Llegan al aeropuerto de Tel- Aviv y no ven la diferencia cuando cruzan”. ¿Cabe, pues, interpretar que no existe diferencia visible entre Israel y los territorios administrados por la Autoridad Palestina…? Pero la “ocupación”, la “ocupación”.

Cuando la realidad se cuela en el “relato”, pasan estas cosas. Vale decir que el lector está suficientemente entrenado para no caer en estos remolinos.
 

“… lamenta Anton Salman, alcalde de la localidad donde la Biblia afirma que nació Jesucristo”

La fuente. Siempre palestina. Y su afirmación – que conmueve, o es se pretende - se convierte en hecho.

Más fuentes a lo largo de la crónica: “unas turistas españolas” (que además “corroboran las palabras del alcalde”), la OLP, Fadi Qattan (“propietario de Al Hosh Syrian, un acogedor hotel en el casco antiguo de Belén”).

Y cuando se menciona a Israel (impersonal, abstracto), este “alega”. Mientras Amnistía Internacional afirma. Y, claro, afirma que Israel, mal; muy mal.

Por lo demás, no está de más señalar que Jesús era judío, como Belén.
 

A manera de “bonus track”: “Israel no solo controla las fronteras, también las desdibuja. Según la ley internacional, Cisjordania, incluida Jerusalén este,es territorio ocupado”

1. No hay fronteras. Hay líneas de armisticio.

2. No hay “ley internacional” sobre de qué es “ocupado”. Menos aún sobre Jerusalén “este”, cuya división se produjo por el ataque árabe en 1948 - su estatus era distinto del resto de territorios incluidos en el plan de partición de la ONU, que nunca llegó a realizarse porque los árabes la rechazaron. La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU (que pasó a ser vinculante una vez que se tomó como piedra basal para negociaciones de paz entre las partes), no sólo no estipula qué territorios son “ocupados” (de donde Israel debe retirarse) – estableciendo que los límites deberán ser negociados -, sino que muy a propósito deja a Jerusalén fuera de la misma.

La “legalidad” que se esgrime en este caso es un mero concepto político.

La cuestión es mucho más compleja que la “ocupación” – que, por lo demás, es producto de una segunda agresión árabe. De hecho, el documento legal del Mandato de Palestina de la Liga de las Naciones establecía que “el Mandatario debe ser el responsable de poner en vigor la declaración formulada originalmente el 2 de noviembre de 1917, en la cual el Gobierno de Su Majestad Británica - y aprobado por dichas potencias - a favor de la creación en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío, quedando claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-judías”.

3. Más adelante, volvía sobre las cuestiones legales, e indicaba que “la ley internacional obliga a la potencia ocupante a administrar los recursos del territorio ocupado en beneficio de su población”. La cuestión es que esto se aplica para Estados (cuando un Estado ocupa a otro). En 1967, el Estado en cuestión era Jordania. Aún antes de Jordania no había Estado. Otra vez, es más complicado. Véase, sino, Jerusalem and the Holy Places, de Sir Elihu Lauterpacht; The Future of Palestine, de Eugene Rostow.

Reducir la complejidad de la realidad a aquellos eslóganes que sirvan para el propósito último: el retrato inconmensurablemente negativo de Israel.

 
Y para concluir, una nota de color: “El Gobierno israelí considera Cisjordania, a la que se refiere con los términos bíblicos de Judea y Samaria”
 
¿Se pretenderá retratar a Israel como una suerte de fanático religioso?
 
Porque estos son nombres históricos, y, además, muy recientes: de hecho, en 1947, la resolución 181 se mencionan ambos a la hora de trazar límites para la partición. No son, entonces, ni una fábula dudosa ni una manera que renombrar lo que es.

Por otra parte, el término Cisjordania, tan novedoso, y tan poco “palestino”, fue dado por Transjordania (luego, en 1950, Jordania; cuando también anexó el territorio invadido) para referirse a la porción de tierra ocupada en 1948.

 
La crónica, pues, no pasaba de ser un vehículo para decir, una vez más: Israel es pérfido. Y los palestinos, sus víctimas favoritas.
 
 
 
 
 
 
 
         
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