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El sesgo de la ONU: evidenciado una vez más
por Marcelo Wio
30 de Noviembre de 2016

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Cada tanto, las Naciones Unidas deja claro su posicionamiento parcial respecto del conflicto palestino-israelí – como si no fuera suficiente con la cantidad de comités pro-palestinos, la agencia ad hoc y exclusiva para los “refugiados” (con definición particular) palestinos, y los innumerables gestos contra Israel o a favor de los líderes palestinos.

Esta vez el encargado fue del Coordinador Especial de la ONU para el proceso de paz en Medio Oriente, Nickolay Mladenov el que se encargó de aclarar lo que tan claro está. Lo hizo durante un discurso ante el VII Congreso de Fatah – la organización mayoritaria dentro de la OLP, y dirigida por Mahmoud Abbas, también presidente de la Autoridad Palestina -, en Ramallah, el 29 de noviembre de 2016.

Ya de entrada cabría preguntarse qué hace dicho Coordinador en el congreso de una organización palestina – no de la Autoridad Palestina.

Él mismo respondía a esta pregunta en el inicio de su alocución: iba a encumbrar a Abbas y a los suyos – y, claro, a responsabilizar a Israel por el conflicto. Mladenov parecía más bien un Coordinador Especial de la ONU para la propaganda palestina.

Así pues, decía, ni más ni menos:

“Es un honor dirigirme al VII Congreso de Fatah, que es el alma del pueblo palestino, de la misma manera en que el pueblo palestino es el alma de la nación árabe”.
 
Probablemente ni un líder Fatah habría llegado a tal extremo.

Inmediatamente antes había afirmado estar complacido de estar allí en nombre del Secretario General de la ONU precisamente en el día de” Solidaridad con el pueblo palestino”. Es decir, el día en que la ONU recuerda la propuesta de Partición a la que los propios árabes palestinos y los estados árabes dijeron “No” para luego lanzar una guerra de exterminio y una masacre trascendental contra el recién nacido Estado judío – algo que la ONU se empeña en omitir (la última muestra de ello, en la cuenta oficial de Twitter de la ONU).

Y, ya más adelante afirmaba que “Fatah es la democracia palestina”...

¿Sí?

¿De veras?

¿La organización mayoritaria de la OLP, la que controla la Autoridad Palestina y evita que haya elecciones para un mandato – el de Abbas, su líder – que terminó a principios de 2009?

Ni por asomo.

El día anterior al discurso de Mladenov, la agencia española de noticia Efe indicaba:

“El presidente palestino, Mahmud Abás, trata de reducir la disidencia en su partido y la creciente influencia de su rival, Mohamed Dahlan, con un congreso del movimiento Al Fatah en el que se espera elegir a un vicepresidente y del que ha excluido a las voces discrepantes.

El movimiento nacionalista palestino celebrará mañana su primer congreso desde 2009 (¡hace 7 años!), en medio de un clima de tensión interna sin precedentes desde que Abás sustituyó en 2006 al histórico Yaser Arafat al frente de Al Fatah, de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Cuestionado tanto en la calle como dentro del partido, Abás pretende con este séptimo congreso, que se celebrará en el palacio presidencial de Ramala (la Muqata) durante cuatro días, cerrar el paso a su principal rival, Dahlan, expulsado del movimiento y huido de Cisjordania en 2011 y cuya influencia ante los países árabes ha crecido exponencialmente.

El objetivo declarado es ‘unificar el partido', aunque no son pocos los que le echan en cara haber dejado fuera a los que apoyan a Dahlan...”

“‘En los últimos años, Al Fatah ha expulsado a cientos de miembros', explica a un pequeño grupo de periodistas Yihad Tumalyeh, diputado palestino y uno de los excluidos del congreso, tras haber convocado hace unas semanas una reunión de militantes que discrepan con Abás en el campo de refugiados de Al Amari (a las afueras de Ramala), que fue interrumpida por las fuerzas de seguridad palestinas.

Según este hombre en la cincuentena, con carné de Al Fatah desde los 17 años, los expulsados tienen gran peso porque muchos son líderes relevantes que, como él, arrastraron miles de votos detrás para llegar a sus posiciones”.

Acaso, Mladenov sólo estuviera siendo cínico, ¿no?

No.
 
Porque, posteriormente, dirigiéndose a Abbas, le agradecía su a éste “su liderazgo, su compromiso inquebrantable con la estadidad palestina y por fe en la paz y la no-violencia”.

Para alguien que tiene tal “inquebrantable compromiso” con un estado palestino, es llamativo que se haya negado a aceptar la generosa propuesta de Olmert ( que se parecía en mucho a las exigencias palestinas actuales; y ¡que proponía una división de Jerusalén!), en 2008.

Condoleezza Rice, ex Secretaria de Estado de Estados Unidos, escribió al respecto en su libro No Higher Honor:

¿Realmente estoy escuchando esto?, me pregunté. ¿El Primer Ministro israelí está diciendo que dividirá Jerusalén y que podrá a un cuerpo internacional a cargo de los lugares sagrados?”.

No, no parece ser el proceder de alguien que realmente quiere un estado.

Pero, ¿y qué hay de su fe en la paz y la no-violencia?

Pues más de lo mismo. Las palabras obsecuentes de Mladenov van por un lado, los hechos por otro.

En 2014, Mahmoud Abbas declaró (palabras emitidas 19 veces por la televisión de la Autoridad Palestina entre el 17 y el 19 de octubre) que:

“Hay personas realizando el 'Ribat' (conflicto religioso / guerra sobre tierra que ser reclama como islámica). Todos debemos llevar a cabo el 'Ribat' en Al-Aqsa [mezquita]. No es suficiente decir: 'los colonos han llegado [a la mezquita]'. Han venido, y no deben venir al Santuario (es decir, Monte del templo). Tenemos que evitar, de cualquier modo, que entren en el santuario. Este es nuestro Santuario...”.

Como sea...

¿Y cómo es eso?

El propio Abbas lo explicaba de esta manera, el 16 de septiembre de 2015, justo antes de la oleada de ataques palestinos, Abbas:

Bendecimos cada gota de sangre que se ha derramado por Jerusalén, esta sangre es limpia y pura, es sangre derramada por Alá... Cada Mártir (Shahid) alcanzará el Paraíso, y todo quien ha sido herido será recompensado por Dios”.

Hombre de paz que, también en 2015, “reconocía” de esta manera el derecho de Israel a existir (la solución de dos estados), ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU:

“...no se han preguntado por cuánto tiempo durará esta prolongada ocupación israelí de nuestra tierra. Luego de 67 años [es decir, desde la creación del Estado de Israel], ¿cuánto más?”

Y, ¿qué hay de Fatah; la organización liderada por Abbas?

En agosto de 2016, Fatah publicó, según daba cuenta Palestinian Media Watch, una lista de “logros” en su cuenta oficial de Facebook, “Para aquellos que discuten [con Fatah], para los patanes, y para aquellos que no conocen su historia”.

Fragmento inicial de la lista:

Fatah ha matado a 11.000 israelíes

Fatah ha sacrificado a 170.000 shahids (“mártires”)

Fatah fue el primero en llevar a cabo operaciones (es decir, atentados terroristas) durante la primera intifada, y fue la primera facción palestina en alcanzar el reactor de Dimona (en realidad, un secuestro de autobús y asesinato de tres civiles israelíes que iban de camino a trabajar en la planta nuclear de Dimona, en 1988)”.

Según informaba el diario israelí Times of Israel el 22 de enero de 2016, un alto cargo de Fatah,Tawfik Tirawi, dijo, en una entrevista con la agencia palestina de noticias Ma'an, que un “Estado palestino junto a Israel es sólo ‘una etapa' y que Palestina debe extenderse finalmente del río Jordán al mar”.

Tirawi declaró:

“No crean que habrá una solución a la cuestión palestina mediante el establecimiento de un estado cuyas fronteras estén limitadas a Cisjordania y Gaza”.

Paz, lo que se dice paz... Acaso sólo para consumo externo.

Y ni eso. Porque, ¿cómo se explica que la panacea de la “democracia palestina” tenga dentro de su estructura un “brazo armado”: las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa?

Brigadas de los Mártires de Al Aqsa que, al menos para Estados Unidos y para la Unión Europea (como indica Marie-Helen Maras en su libro Counterterrorism), entre otros, son una organización terrorista.

Y todo, todo, todo, es culpa, responsabilidad, israelí. Todo lo malo, claro.

Pues a eso viajó Mladenov a Ramalla, a hacer lo que hace la ONU: palmadas a los palestinos, un poco de propaganda a su favor, y a señalar al Estado judío. ¿A qué más iba a ir? ¿A abogar por la paz?
 
 
 
 
         
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