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Responde a mi pregunta y no preguntes a mi silencio
por Marcelo Wio
26 de Junio de 2014

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En el blog Cómo está el mundo, de la Cadena Ser, en un artículo firmado por Carmen Rengel, se formulaban el 25 de junio de 2014 la siguiente pregunta, con relación a la presentación del cantante Joaquín Sabina en Tel Aviv:

Sabina en Israel: ¿es política la cultura?

Extraño que esta misma Cadena, ya fuese desde su página principal, en alguno de sus programas, o desde el mencionado blog, no se preguntara si el programa especial de Hora25, conducido por Ángels Barceló era periodismo o activismo.

Al parecer a la Ser no le gusta  la idea de tener que responder ni a sus propias preguntas.

En la crónica, publicada por la misma cadena que emitió ese bochornoso especial desde Gaza, decía que:

El movimiento BDS trata, sobre todo, de aislar a Israel en el plano económico (centrándose en impedir el comercio con empresas alojadas o relacionadas con las colonias en las que viven ilegalmente 600.000 israelíes), pero también en el académico y en el cultural, buscandoque investigadores, profesores o artistas desistan de ir a Israel como medida de presión a su Gobierno. Sabina ya desoyó el ruego hace dos años, cuando actuó en Tel Aviv con Joan Manuel Serrat”.

¿De veras? ¿Aislar, presionar? ¿Sólo eso?

¿Viven ilegalmente? ¿Habrán leído en la ser los textos de los Acuerdos de Oslo firmados por palestinos e israelíes – que le dieron razón de ser a la Autoridad Palestina?

El filósofo y escritor francés Bernard-Henri Lévy escribía el 30 de enero de 2011, en el diario El País:

“Esta campaña de boicot, digan lo que digan sus promotores o sus tontos útiles, solo tiene un objetivo real, asumido y bien madurado, y es deslegitimar a Israel como tal. Es lo que quiere decir, implícitamente, la comparación con la Sudáfrica del apartheid. Es lo que quiere decir, explícitamente, la retórica anti-sionista que sirve de denominador común a todos los movimientos constitutivos de este BDS y que, si las palabras aún tienen sentido, significa que pretenden minar la idea que hoy, guste o no, cimienta la nación israelí. Y por eso esta campaña contraviene, en efecto, las formas, las reglas y las leyes del derecho internacional…”.

¿Cómo era? ¿Aislar, presionar?

Uno de los miembros del BDS, Ahmed Moor, citado en un informe del Instituto Reut , declaró en abril de 2010 que:

“‘Está bien. El BDS significa el fin del estado judío… Veo al movimiento de BDS como un proyecto a largo plazo con un potencial de transformación radical… [El] BDS no es otro paso en el camino a la confrontación final; el BDS es el enfrentamiento final. […] Esta creencia crece directamente de la convicción de que nada parecido a la ‘solución de dos Estados' llegará a ser. Poner fin a la ocupación no significa nada si no significa tumbar al propio estado judío'”.

¿Aislar, presionar?

Por otra parte, el propio movimiento BDS, en su texto en español avisa:

“Estas medidas punitivas no violentas deberían ser mantenidas hasta que Israel cumpla su obligación de reconocer el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación y acate completamente los preceptos de la legislación internacional por medio de:

1. La finalización de su ocupación y colonización de todas las tierras árabes y el desmantelamiento del Muro”.

¿Y cuáles son “todas las tierras árabes”? ¿Quién decide los límites de esas “tierras árabes”?

En tanto, el profesor de Ciencias Políticas ( estadounidense-libanés) Asad Abu Kahlil dijo en 2012 (según reproduce el documento del Centro Simón Wiesenthal):

El objetivo real de BDS es derribar al estado de Israel... Eso debe exponerse como una meta sin ambigüedades. No debe haber ninguna ambigüedad sobre el tema. Justicia y libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del estado de Israel”

¿Aislar, presionar?

El activista Amer Zahar, dijo en 2010, sin tapujos:

“Lo que queremos no es realmente la desinversión económica de Israel... Por el contrario, buscamos cambiar el diálogo de si desinvertir o no de Israel, sin discusiones ajenas a los fundamentos. Esperamos que en 10, 20 años, el público dará por sentadas las premisas de que Israel es un estado de apartheid, y entonces podremos avanzar desde ahí”.

El punto tres del texto en español del movimiento BDS dice:

“Respetando, protegiendo y promoviendo los derechos de los palestinos refugiados a retornar a sus casas y propiedades como lo estipuló la resolución 194”. (No existe un derecho de retorno; la resolución 194 es una recomendación y no menciona específicamente ni a árabes ni a judíos).

¿Aislar, presionar?

Omar Barghouti, co-fundador la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI, por sus siglas en ingles ) declaró en 2010:

Si los refugiados regresaran, no tendrías una solución de dos Estados, tendrías una Palestina junto a una Palestina... Si no ata al perro rabioso, morderá a todo el mundo”

¿Aislar, presionar?

En un video enviado por Benjamin Doherty el 29 de septiembre de 2013 y publicado por Electronic Intifada, una web pro-BDS y anti-israelí, Barghouti aseguró:

“…definitivamente nos oponemos a un estado judío. Ningún palestino racional… aceptará jamás un estado judío en cualquier parte de Palestina”.

La redactora, ni enterada. ¿O enterada y silenciosa; a la manera del especial de Hora25 que, emitiendo desde la propia Gaza, no mencionó ni una sola vez la palabra Hamas, y evitó mencionar que una de las periodistas que participaban en el especial, Isabel Pérez, trabaja para la cadena iraní Hispan TV?

Igualmente, continuaba:

“Sabina, antes de salir anoche al escenario, se explicó a la Agencia Efe: “Vengo por amistad y por admiración a Noa. A veces entiendo el boicot económico y armamentístico, pero no el cultural o artístico. Estamos para tender puentes, no para dinamitarlos”.

Ese es justamente uno de los puntos esenciales de debate respecto a la campaña de boicot. ¿Es política la cultura? ¿Deben separarse las dos realidades o hay que actuar en todos los registros por igual? Para Sabina hay que distinguir. Para Omar Barghouti, uno de los fundadores del movimiento, lo claro es lo contrario. ‘Nadie quería tocar o hacer teatro en la Sudáfrica del Apartheid. Porque cualquier normalización y aval a una tierra dominadora sirve para alimentar su maquinaria y robustecer el statu'”.

¿Ese es el punto esencial del debate respecto al boicot? ¿Y el hecho de que se elija al Estado judío pero se pasen por alto la ocupación turca del norte de Chipre, la ocupación China del Tibet; o el hecho de que la campaña esté basada, en una falacia, un libelo (el de apartheid) y en una invención (el “derecho de retorno”), o en la exoneración de la responsabilidad palestina y árabe en el conflicto (las guerras de agresión árabes en 1948, 1967 y 1973; y qué hay de las palabras de los propios líderes del BDS respecto de la oposición a un Estado judío)?
 
¿Es debatible el hecho de no dejar hablar, debatir, al otro? De eso se trata el boicot académico, en defintiva...
 
La analista deCAMERA, Ricki Hollander, manifestaba que Omar Barghouti, que promueve el boicot académico contra Israel fue alumno del un Máster de Filosofía (Ética) en la Universidad de Tel Aviv.
 
Cuando el periódico israelí Ma'ariv contactó con Barghouti, para preguntarle (abril de 2009) por la evidente contradicción de sus actos y sus dichos, el activista contestó:

“Mis estudios en la Universidad de Tel Aviv son un asunto personal y no tengo ningún interés en comentar [al respecto]”.

¿Cómo es esto?

Para la Ser esta inmensa contradicción no le parece relevante. Como tampoco, evidentemente, cuando los miembros del BDS hablan clarito, sin los filtros de la propaganda y la corrección moral que pretenden remedar.

Entonces, Cadena Ser, ¿periodismo o activismo?
 
 
 
 
         
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