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Rabin, otra oportunidad para exhonerar a los palestinos
por Marcelo Wio
5 de Noviembre de 2015

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La conmemoración (4/11/1995) de los 20 años del asesinato del ex primer ministro israelí Isaac Rabin, se tradujo, en los medios de comunicación, en un nada original y casi calcado “qué habría sucedido si lo que sucedió no hubiese sucedido”. Y, como la originalidad no parecía ser primordial, la conclusión a la que esa respuesta llevaba, casi unánimemente, era la “paz”: un estado palestino viviendo junto a Israel en calma o en relativa calma.
 
 
Isaac Rabin
 

Y, puestos los artículos a ser versiones de lo mismo, el camino para arribar a dicho resultado, omitía gran parte de la historia ulterior. La premisa parecía ser: señalar a todos los políticos que siguieron a Rabín (como si éste no hubiese tenido puntos de vista incluso más duros que los de sus sucesores, respecto del conflicto y su solución) como obstáculos para la paz; es decir, a Israel. Y, la proceder así, exhonerar de toda responsabilidad al liderazgo palestino en el estado de cosas desde la muerte de Rabin.

Eso significa, en definitiva,  “si Rabin estuviese vivo, habría paz, o algo parecido a la misma”: ergo, los líderes palestinos son sujetos pasivos, sin voluntad (ni para la violencia ni para la paz), que serían manipulados por los hilos de la realpolitik israelí; es decir, por los caprichos y conveniencias israelíes del momento.

 
 
Omisiones

Alex Safian, analista de CAMERA, explicaba en un artículo de 2011 que, por lo menos en tres oportunidades, los líderes palestinos rechazaron la estadidad cuando les fue ofrecida:

1. En 2008, luego de prolongadas conversaciones, el entonces Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, se reunió con el presidente palestino Mahmoud Abbas, y le presentó un plan de paz global. Según el plan de Olmert, Israel habría anexionado los ‘asentamientos' israelíes más importantes y, a cambio, habría entregado territorio israelí equivalente a los palestinos, y habría dividido Jerusalén. Oferta mucho más generosa que la de Rabin.

Al final Abbas se negó a decir que sí. (Olmert: Abbas nunca respondió a mi oferta de paz, Ha'aretz, 14 de febrero de 2010).

2. En el verano de 2000, el presidente de Estados Unidos Bill Clinton acogió intentas conversaciones de paz en Camp David entre el líder palestino, Yasser Arafat, y el líder israelí, Ehud Barak, que culminaron en un plan integral conocido como los Parámetros de Clinton, que era muy similar al posterior plan Olmert, aunque no tan amplio – aunque sí que el de Rabin.

A pesar de las enormes concesiones que el plan requería de Israel, el Primer Ministro Barak aceptó la propuesta del presidente Clinton, en tanto que Arafat se negó, regresó a casa y lanzó una nueva campaña terrorista contra los civiles israelíes (Segunda Intifada).

Incluso en medio de esta ola de violencia, Ehud Barak continuó negociando hasta el final de su mandato, culminado con una propuesta israelí en Taba, que ampliaba aquella delineada por Clinton. Barak le ofreció a los palestinos la totalidad de Gaza, la mayor parte de Cisjordania, ningún control israelí sobre la frontera con Jordania o adyacente al Valle del Jordán, un anexión israelí menor alrededor de tres bloques de ‘asentamientos' balanceada por un área equivalente de territorio israelí que sería cedido a los palestinos.

3. Y, por supuesto, la oposición a la Resolución 181 de la ONU, la resolución de Partición.

 
Arafat y Abbas
 
 
A tal punto no hay voluntad palestina de negociar, que la Carta de la OLP (de la cual Fatah – liderada por Abbas - es la organización mayoritaria) dice, en su primer y segundo artículos:

“Palestina es la patria del pueblo árabe palestino; es una parte indivisible de la patria árabe, y el pueblo palestino es una parte integral de la nación árabe.

Palestina, con las fronteras que tenía durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible”.

Y en su artículo 21:

El pueblo árabe palestino, que se expresa a través de la revolución palestina armada, rechaza todas las soluciones que son sustitutos de la liberación total de Palestina y rechaza todas las propuestas encaminadas a la liquidación del problema palestino…”.

Hechos.

Lo que hubiese o no hubiera sucedido de haber vivido Rabin, son meras conjeturas: ficciones.

Mas, puestos a imaginar escenarios, por qué no hacerlo por lo menos de manera cabal: teniendo precisamente en cuenta las negativas rotundas de Arafat y Abbas a las generosas ofertas israelíes (más, incluso, que la del propio Rabin).
 
¿Cómo habría influído la presencia de Rabin para evitar la reiterada estrategia palestina de negarse a construir un estado?
 
 
 
Días antes (28/10/2015) del aniversario del asesinato de Rabin, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, decía(y los medios callaban) ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas:

“.... no se han preguntado por cuánto tiempo durará esta prolongada ocupación israelí de nuestra tierra. Luego de 67 años [es decir, desde la creación del Estado de Israel], ¿cuánto más?”

Es decir, el líder palestino no reconocía la legitimidad de Israel, su derecho a existir....
 
 
 

Y por qué omitir el hecho de que, en 2005, durante el gobierno de Ariel Sharon, Israel se desconectó totalmente de Gaza. Totalmente. Sin condiciones.

La respuesta: lanzamiento de cohetes desde el enclave costero.

Sólo durante el año de la desconexión y los tres posteriores, el número de cohetes lanzados desde Gaza fue:

2005: 488

2006: 1123

2007: 2427

2008: 3278

 
Y, por qué no mencionar el papel de la rampante corrupción palestina en las decisiones del liderazgo palestino respecto del conflicto. ¿Es el conflicto un negocio: de ayudas, y de impunidad? ¿Cuánta atención mediática e internacional recibirían los palestinos sin el conflicto de por medio? ¿Cómo repercutiría en sus ingresos la falta de conflicto?
 
 
Conclusión interrogativa

Por qué era necesario omitir tanto para arribar a una respuesta tan evidentemente preconcebida como que los líderes palestinos no tienen responsabilidad alguna – tan sólo, al parecer, un fondo inagotable de buena voluntad, que espera abnegadamente a que se le tienda la mano y se lo guíe hacia la paz.

¿Por qué la pregunta no es, casi nunca (o nunca), por ejemplo, qué hubiese sucedido si los árabes y los líderes palestinos no hubiesen rechazado la resolución de Partición y no se hubiesen lanzado a aniquilar al recién nacido Estado judío?

¿O, qué hubiese sucedido con (y en) Cisjordania y Gaza (ocupadas por Jordania y Egipto, respectivamente, en una guerra de agresión en 1948 – y donde nunca se plantearon crear un estado árabe palestino) y si en 1967 Egipto no huibese provocado una casus belli, y estados árabes no lo hubieran secundado? ¿Hablaría hoy la ONU de “ocupación”? ¿Y la Unión Europea? ¿Qué sucedería con Jerusalén Este, ocupada por Jordania en el transcurso de una guerra de agresión (1948)?

Es llamativo que para formular un argumento (desde Rabin hasta hoy en día, los líderes israelíes han “obstaculizado la consecución de la paz”), tanto deba ser dejado de lado (como, además de los puntos ya mencionados, la naturaleza religiosa del conflicto según la entienden o promueven los líderes palestinos; o la mayor rigidez de Rabin ante ciertos aspectos del conflicto, respecto de sus sucesores). Una evidencia de que algo sucede con dicho razonamiento.

Como fuere, la ucronia sólo parace interesar a los medios cuando los hechos imaginados reciminan a Israel. Y, a su vez, permite obviar la Historia y las responsabiliades palestinas, en la maniquea presentación del conflicto como un enfrentamiento de absolutos: “bien” vs “mal”.

 
 
 
 
         
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