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¿Quién es el que no quiere negociar?
por Marcelo Wio
4 de Enero de 2014

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A los medios, al parecer, les resulta difícil relacionar A y B para llegar a C, o para explicar o intentar explicar C. Suelen realizar el recorrido hacia a C (“fracaso de las negociaciones”, “escasa voluntad de negociar”, etcétera); saltándose el suceso B (las responsabilidades, posturas y exgencias palestinas).
 
Recientemente, los medios ofrecieron un ejemplo evidente de este proceder.
 

A.

La revista Time infomaba el 30 de diciembre de 2013 que:

Israel liberó a más de dos docena de presos palestinos condenados por ataques mortales contra Israel, el martes temprano, como parte de un paquete negociado por Estados Unidos para reiniciar las conversaciones de paz”.

Los presos excarcelados que arribaron a Ramala, recibieron una “bienvenida oficial en la Mukata, el palacio presidencial de Ramala, a cargo de Mahmud Abbas”.

Por su parte, el Washington Post señalaba el 30 de diciembre de 2013 que entre los excarcelados, había tres hombres codenados por “rajarle el cuello a Sara Sharon , una prostituta israelí, madre de siete, dejando una nota en la que advertían que seguirían matando judíos hasta que todos los refugiados palestinos volvieran a casa”.

Asimismo, el diario estadounidense refería que:

“También fueron liberados Muammar Ata Mahmoud Mahmoud and Salah Khalil Ahmad Ibrahim, condenados por apuñalar hasta la muerte al profesor de Historia, y ganador del Premio Israel, Menahem Stern, mientras caminaba por el campus de la Universidad Hebrea [de Jerusalén] en junio de 1989”.

El significado de los hechos, o subhechos, A' (liberación de asesinos condenados) y A'' (recibimiento oficial), no es relacionado (y, en consecuencia, la glorificación del terrorismo no es evidenciada); sino que es pasado por alto en lo que parece una cierta urgencia ideológica o partidista por orientar al lector a conclusiones o relaciones que conducen al “culpable” predeterminado.
 
Fuente: The Times of Israel
 

B.

El 3 de enero de 2014, el diario israelí Jerusalem Post, indicaba que el Secretario General de la OLP, Yasser Abed Rabbo, dijo que los palestinos ya han pasado los últimos meses negociando con Israel, y que no hay necesidad de iniciar nuevas conversaciones sobre la implementación de un nuevo marco de acuerdo.

Y, acto seguido, declaró que:

“... la única forma de lograr un avances es definiendo fronteras completas entre un estado palestino e Israel, sobre la base de las líneas anteriores a 1967, incluída Jerusalén Este”.

El Jerusalem Post señalaba que también pidió un calendario para una retirada israelí completa de las líneas anteriores a 1967.

Es decir, que no hay nada que negociar. A lo sumo lo necesario para hacer que se negocia sin negociar nada. Un acto de ilusionismo para un público bien predispuesto a ser engañdo.

Es preciso remarcar que el estatus final de los territorios en disputa - según las resoluciones 242 (“Retirada de las fuerzas armadas israelíes de territorios [no de “los” territorios] que ocuparon durante el reciente conflicto”; “...respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y de su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas...”; “...lograr una solución pacífica y aceptada...”) y 338 (“Insta a las partes interesadas a que empiecen inmediatamente... la aplicación de la Resolución 242”; “Decide que... se inicien negociaciones entre las partes interesadas”) del Consejo de Seguridad de la ONU, así como conforme a los Acuerdos bilaterales firmados por israelíes y palestinos y la Hoja de Ruta – deberá ser decidido mediante negociaciones entre las partes en conflicto.

Entonces, ¿quién es realmente el que povoca o incurre en C (“fracaso de las negociaciones”, “escasa voluntad de negociar”, etcétera)?

Mas, los medios parecen preferir una simplificación absurda y tendenciosa de la realidad, donde Israel es, a priori (y a posteriori; ya que no hay examen del asunto, ni, por lo tanto, erratas) la mismísima causa del conflicto; en tanto que, los palestinos, infantilizados por esta visión, son meras víctimas sin voluntad ni capacidad de acción (o, como mucho, sus acciones no tienen consecuencia algua).
 
 
 
         
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