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El profesor de filosofía que desprecia el conocimiento para defender un libelo antisemita
por Marcelo Wio
19 de Febrero de 2016

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El diccionario de la Real Academia de Española define a la filosofía, en una de sus acepciones, como el “conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”.

Para el filósofo español Fernando Savater, “la filosofía no va por un lado y la vida por otro, la filosofía es una forma de reflexionar sobre la vida para intentar vivir mejor”.

Según:

Pitágoras de Samos (582-500 a.C.): “La filosofía es un afán de saber libre y desinteresado”.

Platón (427-347 a. C.): “La filosofía es la ciencia de la razón de las cosas”.

Santo Tomás de Aquino (1225-1274): “La filosofía es el conocimiento de las cosas por sus razones más elevadas”.

Thomas Hobbes (1588-1670): “La filosofía es el conocimiento de las cosas por sus causas y fundamentos y la utilización de este conocimiento a beneficio del hombre”.

René Descartes (1596-1650): “Esta palabra filosofía, significa el estudio de la sabiduría, y por sabiduría se entiende no sólo la prudencia en la acción, sino también un conocimiento perfecto de todas las cosas que el hombre puede conocer, tanto para orientar la conducta de su vida y conservar su salud como para la invención de todas las artes”.

Ludwig Feuerbach (1804-1872): “La filosofía es el conocimiento de lo que es. Pensar las cosas y los seres, de manera que reconozcamos como son, es la ley suprema y el más elevado cometido de la filosofía”.

José Ferrater Mora (1912-1991): “Someter la razón a análisis crítico mediante el desarrollo de una escrupulosa “crítica de la razón”, a eso lo llamo filosofía”.

Afán de saber, saberes, conocimiento, racionalidad, reflexión, pensar, principios... Lo que, evidentemente, implica abocarse a ellos con honestidad.

Ahora bien, cuando alguien que se presenta como “profesor de filosofía” realiza lo opuesto a lo que algunos de los grandes filósofos propugnaban, llama poderosamente la atención.

Y cuando esa persona lo hace para defender un libelo antisemita (las viñetas publicadas por la revista El Jueves), las alarmas de la razón se disparan.
 
 

19 de febrero de 2016. Juan Manuel Aragüés. elPeriódico de Aragón.

Ocultar para no dar a conocer la realidad, sino para reformularla, adulterarla, para que se adecúe a un mensaje ideológico (o, más bien, de corte “fóbico”) particular no parece seguir las pautas de los maestros de la Filosofía citados más arriba:

“Justo antes de comenzar a redactar este artículo, en mi repaso matinal a los titulares de prensa, leo que el ejército israelí mató el día anterior a cuatro adolescentes palestinos en tres sucesos diferentes...”

Abatidos mientras intentaba atentar contra israelíes... El matiz no es matiz, sino definición de la situación.

Pero, más allá del desconocimiento (llegaba a afirmar que los nazis no dibujaban viñetas; borrando así la xsitencia una revista como Der Stürmer, herramienta de propaganda, instrumental a la creación y alimentación de una atmósfera de odio hacia los judíos) rampante sobre el tema (tanto sobre el antisemitismo, como sobre,el nazismo, el conflicto palestino-israelí y la realidad de Israel) del que hace gala, como si de un orgullo o un prestigio se tratar, está la mentira.

Decir, sobre Israel, que es un “estado genocida”, ya no sólo es reflejo de la ignorancia, sino de la deshonestidad como “profesor de filosofía”, pues extraño genocido es aquel donde la población supuestamente objeto del mismo no hace más que aumentar...
 
¿Qué “profesor de filosofía” es aquel que prescinde de los datos, de los hechos, del saber, como elementos de la razón, de la argumentación? ¿Qué "profesor" es aquel que estima que la opinión es un territorio eximido del requisito del conocimiento?
 
El artículo, en definitiva, es un triste despropósito – al que no vale la pena darle el beneficio de un análisis minucioso - por partida doble: porque se sostiene en las mismas falacias que defiende – sin más pruebas y argumento que la repetición del encadenaminto de palabras que construyen la falacia -; y porque quien lo firma es un “profesor”, lo que produce una tristeza aún mayor, pensando en generaciones venideras que confían en su honestidad para su formación...
 
 
 
 
         
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