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Vacías descalificaciones de Página 12 hacia el canciller israelí
por Monica Cooper
28 de Julio de 2009

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El diario Página 12, en su artículo Un halcón en Buenos Aires, por Mercedes López San Miguel, llama al canciller israelí Avigdor Lieberman “halcón” y “superhalcón”. La autora también se refiere al diplomático como "el hombre" y "racista". No solamente que asignar rótulos a un personaje sobre el cual se está reportando viola los códigos de profesionalismo periodístico, sino que la autora corrobora de esta forma el “racismo” de Lieberman:

También su política tiene más que ver con la discriminación a la minoría árabe, un 20 por ciento de la población en Israel. Su partido ya presentó varios proyectos a la Knesset (Parlamento) que apuntan a su marginación. El Comité Ministerial Legislativo desaprobó la propuesta de exigir un juramento de lealtad al Estado judío a todos los israelíes. “Sin lealtad no hay ciudadanía”, fue un slogan de campaña de Lieberman en enero pasado. Provocó gran polémica al exigir que los alumnos de todos los colegios del país, judíos y árabes, canten el himno cada mañana o declaren su fidelidad a la bandera. El político exige también que los árabes de Israel cumplan el servicio militar, como cada judío, o hagan un servicio social en los hospitales en su comunidad.

Una comisión legislativa del gobierno israelí sí aprobó otra propuesta de Israel Beitenu. La que considera un delito punible con tres años de arresto la conmemoración en el país de la Nakba, o sea la “catástrofe” que representa para la minoría palestina la creación del Estado de Israel, en 1948. No se le puede objetar que aún con estos planes en mente, Lieberman lograra convertir a una facción secundaria en la tercera fuerza política de Israel.

En resumen, el canciller Lieberman ha tratado de que se apruebe una ley que enfatice la lealtad al Estado por parte de todos los ciudadanos. La ley establecería que se deberá izar la bandera y cantar el himno de Israel en las escuelas en las mañanas y que los árabes israelíes deberán cumplir con un servicio al Estado, ya sea militar o social. Otra ley predicada por su partido, Israel Beiteinu ha sido aprobada: que la conmemoración árabe llamada Nakba, que significa “catástrofe”, y que niega la legitimidad del Estado, sea prohibida,

En las escuelas argentinas los alumnos cantan el himno e izan la bandera nacional todos los días en la mañana y al final del día se reúnen nuevamente para honrar la bandera al bajarla del mástil. No es exagerado decir que el gobierno argentino jamás permitiría que una minoría de españoles ciudadanos declarara el 25 de Mayo Día de la Catástrofe. Y es más: ¿no es más discriminatorio que la minoría árabe esté excluída de todo servicio nacional que incluída en él? Y ¿no pide la ley que exista la opción de servir en hospitales en su comunidad (opción que los judíos israelies no tienen, de hecho)?

¿Alguien pensaría en llamar a la Argentina u otro país “racista” por educar a tener lealtad al estado a sus ciudadanos a partir de izar la bandera y cantar el himno? Sin embargo López San Miguel y Página 12 aplican este rótulo a Lieberman e Israel.

Lieberman considera que todos los ciudadanos de Israel, independientemente de su origen, y dado que todos gozan de igualdad de derechos, deben ser educados a ser leales ciudadanos del Estado. ¿Es posible juzgar como “racismo” el no tolerar que ciertos ciudadanos árabe-israelíes -aún cuando gozan de los mismos derechos que el resto de los ciudadanos- estén apoyando la destrucción del Estado de Israel? Es más, la ley propuesta por Lieberman indica que todos los ciudadanos que habiten suelo israelí deberán mostrar lealtad al Estado y esto incluiría a ciertos judíos religiosos extremistas, quienes también predican la destrucción del Estado. Esto significa que esta propuesta de ley no corre por líneas “racistas” sino por líneas de lealtad o deslealtad al Estado. La misma ley propuesta por Lieberman es una prerrogativa de Francia, Argentina y tantos otros Estados: todos demandan la lealtad de sus ciudadanos.
 
López San Miguel usa todo tipo de nombres para calificar al canciller israelí pero cuando llega la hora de proporcionar información a los lectores que justifique el nombre de “racista”, “halcón”, “superhalcón”, no encuentra material creíble. Esta es la definición de “prejuicio” y de “blasfemia”. Los códigos profesionales del periodismo exigen que el periodista que está reportando la noticia no escriba desde sus prejuicios, sino que ofrezca un reportaje fundado en hechos. Éste no es el caso de este artículo.

El artículo contiene un sólo elemento sobre la trayectoria del Sr. Lieberman, “Lieberman es alto, robusto, una imagen que coincide con su antigua profesión de patovica de discotecas”. Quizás sería más importante para los lectores de Página 12 saber que Lieberman ha sido responsable por legislación que promovió la construcción del proyecto nacional de dasalinización de agua de mar, y el proyecto de gas combustible, aparte de otros que velan por el futuro del pais. En cuanto a educación, Lieberman tiene títulos en relaciones internacionales y en estudios eslávicos de la Universidad Hebrea y en la esfera pública ha cumplido exitosamente con altos cargos como el de director general del partido Likud siendo quien resolvió la severa crisis por la que atravesaba el partido. Estos datos se pueden encontrar fácilmente en el internet.

López San Miguel no reporta lo que es de real valor sobre el canciller israelí, sino que buscó un detalle insignificante de su juventud para respaldar su descripción de alguien rapaz y enbrutecido.

Es posible que las ideas de Lieberman sean controvertidas; no es nuestra posición defenderlas o apoyarlas. Lo lamentable es el contenido y tono de este artículo desde el punto de vista de la actividad periodística. El prejuicio y la blasfemia de López San Miguel violan todo estandar profesional en esta nota y los hechos proveídos resultan vacíos ya que no corroboran las acusaciones. Todo apunta a pura difamación.

 
         
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