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Símbolo de Hamás
Marta Rey en El Mundo de España: Demasiados Errores y Omisiones
por Monica Cooper y Masha Gabriel
3 de Diciembre de 2010

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El artículo “Ismael Serrano solidario con los refugiados de Gaza”, publicado el 30/11/10 en la edición online del diario El Mundo incurre en varios errores e importantes omisiones, que no por repetidos pasan a ser verdad.

En este artículo, la periodista Marta Rey informa acerca de la campaña Cadena de Ayuda Humanitaria para los Niños de Gaza cuya finalidad es “la construcción de una cadena humana virtual que permitirá informar a los ciudadanos sobre la precaria situación en el territorio, así como ayudar económicamente a la población refugiada en Palestina”.

Marta Rey ofrece los datos estadísticos acerca de los refugiados palestinos que obtiene de la página oficial de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo:

Desde hace 61 años, miles de palestinos han abandonado sus hogares dispersándose por los territorios de Jordania, Siria, Libano, Cisjordania y la franja de Gaza. En la actualidad, este pueblo constituye una tercera parte de los refugiados en todo el mundo.

En noviembre de 1948, tras la guerra árabe-israelí se produjo un desplazamiento de más de 700.000 palestinos. Hoy, la cifra de refugiados lejos de reducirse, ha aumentado considerablemente siendo registrados por la UNRWA, Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina, 4.718.899 desplazados.

Cierto que muchos palestinos “han abandonado sus hogares”. Lo que no explicita Marta Rey es que la mayoría de ellos lo hizo voluntariamente, exhortados en 1948 por los dirigentes de los países árabes que les prometieron devolverlos a sus hogares después de “destruir a Israel”. Estos mismos gobiernos árabes, responsables en gran medida de la llamada Nakba Palestina, lejos de otorgar a los refugiados palestinos otras nacionalidades, permitiéndoles integrarse en aquellos países a los que fueron a buscar asilo, impusieron a los palestinos la permanencia en campos de refugiados. Es decir, que los aproximadamente 700.000 palestinos que abandonaron sus hogares no fueron integrados al resto de la población de Jordania, Siria, Iraq o Egipto, sino hacinados en campos de refugiados para mantener la postura internacional de deslegitimación de Israel. El número total de refugiados, de más de 4 millones, incluye segunda y tercera generación de niños que tampoco fueron aceptados como ciudadanos en los países en donde nacieron, como Jordania, Siria, Iraq o Egipto. La autora, Marta Rey, deja la impresión de que estos refugiados son el resultado del conflicto palestino-israelí y desliga de toda responsabilidad a los países árabes que les negaron la ciudadanía.

El artículo prosigue:

En el año 2000, debido a diversos factores como la construcción del muro de Cisjordania o el constante bloqueo sobre la franja de Gaza por parte del Gobierno israelí, las condiciones de vida de este pueblo se resumen en una pobreza extrema.

Existe un bloqueo israelí sobre la Franja de Gaza, pero éste no empezó en el año 2000, sino entre 2006 y 2007, después de que el grupo terrorista Hamás tomara el poder en forma total y lanzara miles de cohetes contra la población israelí. Fue en respuesta a los continuos ataques que Israel declaró la Franja de Gaza zona hostil y estableció un bloqueo limitando los suministros a dicho territorio. Por cierto, que a pesar de que no suele ser mencionado en muchos artículos periodísticos, como en el caso que nos ocupa, Egipto también cerró sus fronteras con Gaza.

En realidad, el boicot internacional (no sólo de Israel y de Egipto), diplomático y financiero había empezado en 2006, con la llegada de Hamás al poder a través de las urnas. Entonces se le exigió al nuevo gobierno que cumpliera las tres exigencias del Cuarteto para Oriente Medio compuesto por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU. Las tres exigencias consistían en reconocer a Israel, renunciar a la violencia y aceptar los acuerdos palestino-israelíes previos. Hamás se negó.

Con respecto a la “pobreza extrema” a la que hace referencia la autora, conviene aclarar. Aunque obviamente hay pobreza y un bloqueo que impide la entrada de materiales que posteriormente podrían ser utilizados para atacar a Israel, hay que subrayar que no existe una crisis humanitaria en Gaza, sino una manipulación de Hamás que pretende ganar una guerra a través de la “buena consciencia” de la opinión pública internacional.

Marta Rey prosigue analizando, lo que tilda de “La tragedia de 'Plomo fundido'”:

La ocupación, el bloqueo y la existencia de un conflicto constante hace que los refugiados no cuenten con los medios suficientes para cubrir sus necesidades en lo que se refiere a educación, sanidad y alimentación.

La “ocupación” que menciona Rey, no es tal. En agosto de 2005, el entonces primer ministro israelí, Ariel Sharón, llevó a cabo el Plan de Desconexión. Israel se retiró del 100% de la Franja de Gaza, desmantelando los 21 asentamientos que allí había.

Ya hemos explicado arriba algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de hablar acerca del bloqueo y de esa carencia de “medios suficientes para cubrir sus necesidades” a la que hace referencia la autora, pero conviene aclarar que, pese a todo, Israel nunca dejó de hacer llegar ayuda humanitaria a la zona, y que es Hamás quien ha sido acusada por la misma UNRWA de apropiarse de la ayuda que llega para el pueblo palestino. Estos hechos son completamente ignorados por Marta Rey en su artículo.

El artículo, también ofrece algunos datos, que como mínimo, presentan serias dudas:

Además, en el último año la tónica imperante en este territorio es el resultado de la tragedia ocurrida durante los últimos días de 2008 y enero de 2009, cuando el ejército israelí desplegó una ofensiva militar en la franja denominada 'Plomo Fundido', donde se contabilizaron 1.414 víctimas mortales, de entre ellas 410 niños, y 5.015 heridos.

Las cifras de los muertos en la Operación Plomo Fundido han sido difíciles de estimar con exactitud. Por un lado, el enfrentamiento contra combatientes no uniformados y que se escabullen entre la población civil complica la categorización de las víctimas. Por otro lado, Hamás controla toda la información que se origina en la Franja de Gaza, y durante el enfrentamiento el grupo terrorista ocultó y/o manipuló los datos. Recientemente, en una entrevista al diario árabe Al Hayat, el ministro del Interior del gobierno de Hamás en la Franja de Gaza, Fathi Hammad, reconocía la falsedad de algunas de las cifras que inicialmente ellos mismos habían difundido. Hammad declaró en dicha entrevista por ejemplo, que los "oficiales de Policía" que murieron en el primer día de la operación Plomo Fundido eran realmente unos 250 miembros de Hamás, a pesar de que una vez concluida la ofensiva Hamás aseguró que sólo había sufrido 50 bajas. Con respecto a los “410 niños” también habría que mencionar que por “niño” se entiende a todo menor de 18 años, y que muchos de ellos podrían ser calificados como “jóvenes combatientes de Hamás”.

Por su parte, el Gobierno israelí estimó que durante la Operación Plomo Fundido fueron 1.166 palestinos quienes murieron y que en su mayoría pertenecían a las diversas organizaciones terroristas de la Franja de Gaza. Estas cifras se obtuvieron con un pormenorizado y metódico estudio de los nombres de cada una de las víctimas.

Este artículo de El Mundo acusa a Israel de la situación de los refugiados palestinos, tanto en Gaza como en varios países árabes, omitiendo la manipulación política que dichos países han hecho de los refugiados durante 60 años, y a la que se unió la organización terrorista de Hamás durante los últimos años de gobierno en Gaza. Se refiere a las condiciones de vida de los palestinos de Gaza, exagerando su precariedad y no responsabilizando por dichas condiciones a quienes los gobiernan. De hecho, Marta Rey pretende explicar Gaza, pero no menciona una sola vez en todo el artículo la palabra “Hamás”. La información que provee este artículo es deficiente y llena de omisiones, con importantes errores y completa falta de contexto, y por lo tanto hace un craso favor a los lectores de El Mundo.

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