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La Opinión de Murcia publica un panfleto contra el derecho de Israel a existir
por Marcelo Wio
11 de Marzo de 2015

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Lo que tienen la mentira , el engaño y la tergiversación es que precisan muy poco espacio para ser plasmadas. Así, basta con decir, con señalar, con acusar; y pretender, claro está, que esa misma aseveración sea a su vez, la propia evidencia de su validez: a la manera de “esto es cierto porque esto es cierto”, o “esto es cierto porque lo estoy diciendo, o porque lo digo yo”.

Pero desmontar las mentiras requiere más espacio: es decir, más documentación, verificaciones, etcétera.

Por ello, nos limitaremos a marcar algunos de los (verdaderos) dislates en los que incurría Pedro Costa Morata en una columna de opinión publicada por el diario La Opinión de Murcia el 11 de marzo de 2015.

El ingeniero Costa Morata recurría a todos los lugares comunes del activismo anti-israelí y del antisemitismo más clásico (con la sombra todopoderosa del ““lobby judío” moviendo los hilos del poder) apoyándose, por ejemplo, en un libro The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy de Stephen Walt y John Mearsheimer - y omitiendo que Netanyahu en su discurso ante el Congreso de Estados Unidos aseveró que “hora nos dicen que la única alternativa a este mal acuerdo es la guerra. Eso no es cierto. La alternativa a este mal trato es un trato mucho mejor”, para retratarlo de belicoso y fanático.

En cuanto a la referida publicación de Mearsheimer y Walt, tal como señaló en 2006 el analista de CAMERA Alex Safian, está plagada de errores factuales y lógicos, así como de omisiones; a la vez que tiene citas inexactas y exhibe juicios extremadamente pobres en cuanto a las fuentes y, contrariamente a las normas académicas básicas, ignora el anterior trabajo serio sobre el tema.

El propio Safian apuntaba en un artículo de 2008 que, “los autores incluyeron citas falsificadas atribuidas a Menachem Begin, Moshe Dayan y otros”.

En tanto que, otro de los tantos lugares comunes a los que los activistas anti-israelíes suelen recurrir, es la omisión de las agresiones sufridas por Israel a lo largo de la historia (y continuadas en el presente), a manos de sus vecinos y de grupos terroristas.

Así, en la desesperada digestión de la historia y de la realidad, el ingeniero digirió a Hamas – considerado grupo terrorista por Estados Unidos, Canadá y Japón, entre otros - hasta hacerlo desaparecer. Desaparecida la causa de las operaciones defensivas israelíes, lo que queda es “una agresión israelí”. La operación es sencilla: se ocultan aquellos elementos de la realidad que desmientan la tesis que se intenta presentar, y se asevera la misma como un hecho incontestable.

De esta manera, el columnista iba borrando trozos fácticos para llegar al punto de justificar el terrorismo – “como si no fuera más fácil considerar que en el origen profundo de las principales manifestaciones de lo que Israel y sus aliados en Occidente llaman terrorismo islámico, subyace el Estado de Israel” - como una mera reacción ante una “opresión” o “injusticia”, una “presencia extraña, ilegítima”.

En este proceder, el ingeniero parece estar siguiendo los lineamientos del régimen al que defiende a capa y espada: el ayatolá iraní Ahmad Katami, en respuesta a los ataques terroristas de París, decía, justamente, que Occidente es el responsable del terrorismo.

¿Los judíos argentinos que fueron asesinados en la AMIA también eran responsables del terrorismo patrocinado por Irán?

Todo vale para presentar a Israel como “fanático”, como una amenaza para la región y el mundo. Aunque, como reflejaba un cable filtrado por WikiLeaks, según publicó en noviembre de 2010 el diario israelí Ha'artez, el Emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al-Thani, le manifestó al Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, que:

“Los líderes israelíes necesitan representar al pueblo de Israel, que a su vez no confía en los árabes. El Emir dijo que esto era comprensible y que ‘no podemos culparlo por ello' porque los israelíes han estado ‘bajo amenaza' durante mucho tiempo'”.

Pero, cómo, ¿no era que Israel era el agresor? ¿Lo fue en 1948, en 1967, en 1973?

Evidentemente, no.

Pero es preciso silenciar y falsear la realidad para sostener la tesis de que:

“Con su discurrir violento y desestabilizador el Estado de Israel recuerda cada día hasta qué punto supone una construcción extraña en la región y a contrapelo de la Historia: un enclave político-militarista que impone el apartheid y la desesperación al pueblo palestino con impunidad manifiesta, exhibiendo su práctica criminal…”.

¿Contra qué Historia discurre Israel? ¿La que “debería ser”, según el ingeniero?

Costa Morata afirmaba, ni más ni menos, que Israel “supone una construcción extraña en la región”…

¿Cómo define “cáncer” el diccionario de la Real Academia de la Lengua?

“Enfermedad neoplásica con transformación de las células, que proliferan de manera anormal e incontrolada.

Proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos”.

Algo extraño que prolifera dentro de un cuerpo, de un territorio, con consecuencias destructivas…

El Líder Supremo de Irán, el ayatolá Jamenei declaraba en febrero de 2012:

Israel “es un tumor canceroso que debe ser cortado, y que será cortado”.

Bueno, ¿cómo no iba a estar de acuerdo el ingeniero con el ayatolá, si el artículo parece tener el objetivo de ensalzar a Irán – o, al menos, lavar su imagen -, a la vez que denigra y deslegitima a Israel?

Así, para el ingeniero, aparentemente esa zona debe estar destinada única y exclusivamente para los musulmanes, porque, como como reza la Carta Fundacional de Hamas (artículo 11) “la tierra de Palestina es un Waqf islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Ni a ella, ni ninguna parte de ella… se puede renunciar… Esta es la ley que rige para la tierra de Palestina en la sharía (ley) islámica, e igualmente para todo territorio que los musulmanes hayan conquistado por la fuerza, porque en los tiempos de las conquistas (islámicas) los musulmanes consagraron aquellos territorios a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio”.

Es llamativo cómo sus puntos de vista coinciden con los de un régimen teocrático como el iraní – poco afecto a los derechos humanos – y los de grupos terroristas como Hamas y Hezbollah.

No en balde, el ingeniero escribía que:

“Con lo del terrorismo apoyado en Irán, Netanyahu quiere expresar su fracaso y el de sus antecesores en domeñar al Hezbollah libanés, un movimiento que, inasequible a los ataques israelíes, mantiene la dignidad del Líbano…”.

¿Qué entenderá por “dignidad libanesa”?

¿Tal vez entendiendo qué es Hezbollah y sus orígenes, nos hagamos una idea?

El Council on Foreign Relations explicaba que en su manifiesto fundacional, en 1985, Hezbollah juraba lealtad al Líder Supremo iraní, ayatolá Jomeini, y urgía al establecimiento de un régimen islámico.

Esto no suena a “dignidad libanesa”, sino, más bien, a una injerencia iraní en los asuntos libaneses.

De hecho, Matthew Levitt, ex analista de contraterrorismo del FBI y Senior Fellow en estudios sobre terrorismo en The Washington Institute for Near East Policy, apuntaba que la guerra civil libanesa “creó el espacio en el cual diplomáticos y agentes iraníes pudieron ayudar a formar la entidad unificada Hezbollah a partir de una heterogeneidad de milicias y grupos chiíes”.

Precisamente, este fue el grupo terrorista señalado en el Informe de la Unidad de Investigación de la Oficina del Fiscal General para el atentado terrorista contra la sede de la AMIA (firmado por el Fiscal General Alberto Nisman, el Fiscal de Distrito Marcelo Martínez Burgos y el Secretario General de la Oficina del Fiscal General, Hernán Longo) como brazo ejecutor del atentado contra la sede de la mutual judía de Buenos Aires.

En ese informe, además, se citaba aJames Bernazzani, director de la oficina del FBI en Nueva Orleans y un experto en terrorismo:

Irán es un estado que patrocina el terrorismo, y es una de las pocas naciones que utiliza el terrorismo como herramienta de política exterior. Los estados terroristas reclutan, entrenan, arman y promueven el desarrollo de organizaciones que utilizan el terrorismo para implementar un aspecto de su política exterior. […] En lo que a mí concierne, todas las operaciones terroristas de Hezbollah fuera del Líbano han sido llevadas a cabo en respuesta a órdenes desde Irán”.

Pero, para el ingeniero, Hezbollah es el bastión de la “dignidad libanesa”…

Los interrogantes que sobrevuelan luego de leer los desatinos del ingeniero son: ¿No sabe nada del tema? - lo cual no deja de ser preocupante, dado su lugar de emisor de opiniones.

O bien, ¿sabe y miente? - lo que es aún más preocupante.

Para ser una persona de ciencias, sigue muy poco (por no decir nada) dicho pensamiento y su método: lo suyo es, más bien, creencia en un desprecio, y a partir de ahí, construcción de ditirámbicas aserciones que están encaminadas hacia una conclusión muy evidente: Israel no tiene derecho a existir.
 
 
 
 
         
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