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La transmutación de la realidad
por Marcelo Wio
16 de Octubre de 2013

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De pronto, para el diario paraguayo Última Hora (16 de octubre de 2013) – haciéndose eco de una crónica de la agencia AFP -, los roles se han invertido, de la noche a la mañana, sin necesidad siquiera de ofrecer el más mínimo contexto.

Así, en un artículo titulado “Nueva amenaza de ataques preventivos de Israel a Irán”, el medio concluía que:
 
Israel amenaza regularmente con ataques contra las instalaciones nucleares iraníes, para impedir a Irán de dotarse de armas atómicas”.
 
Es decir, el medio paraguayo convertía en causa, una de las consecuencias de las recurrentes amenazas iraníes contra el Estado Judío.
 
El 3 de abril de 2012, el diario español ABC informaba:
 
“Más de 30 años después, el mismo mensaje de odio por parte de los dos líderes más carismáticos de la historia de Irán en el último medio siglo. El 22 de abril de 1979, pocos días después de que triunfara la Revolución Islámica y se hiciera con el poder del país, el ayatolá Jomeini declaraba públicamente que el ‘régimen corrompido de Israel debe ser aniquilado', defendiendo que no se podía permitir que quienes lo apoyaban ampliasen su influencia. Un discurso idéntico al de Ahmadineyad, quien, en 2005, nada más llegar a la presidencia, aseguró que ‘Israel debe ser borrado del mapa'.”

La diferencia entre la advertencia israelí y la amenaza iraní es abismal. El propio Última Hora explicaba que:

“…el primer ministro [Netanyahu] advirtió que una de las lecciones de este conflicto [la guerra de Iom Kippur, en 1973], a inicios del cual Israel fue tomado por sorpresa, es ‘tomar en serio a sus enemigos y nunca descuidar los signos de peligro. Nos es prohibido renunciar a un ataque preventivo', advirtió”.

¿Cuál es esa diferencia abismal?

Irán eventualmente podría evitar un posible ataque israelí – a sus instalaciones nucleares, no a su población civil - frenando su programa nuclear.

Pero, ¿qué podría hacer Israel para evitar que se cumplan las amenazas iraníes? Nada. O sí, dejar de existir.

¿Se pueden olvidar estas amenazas de genocidio por parte de Irán en un artículo como este?

Rotundamente no.

¿Son sólo palabras las amenazas iraníes? ¿“Retórica para consumo interno”?

No.

Irán ha demostrado que acompaña sus amenazas con acciones.

En el informe de la Unidad de Investigación de la Oficina del Fiscal General – firmado por el Fiscal General Alberto Nisman, el Fiscal de Distrito Marcelo Martínez Burgos y el Secretario General de la Oficina del Fiscal General, Hernán Longo -, fechado el 25 de octubre de 2006, indicaba que:

“Uno de los elementos más importantes que indica que las más altas autoridades del gobierno iraní fueron las responsables del ataque contra la AMIA está constituido por las declaraciones de varias personas (de distintas afiliaciones ideológicas) que, de una forma u otra, tienen lazos directos con el régimen de Teherán, y cuyos testimonios nos han permitido establecer que la decisión de llevar a cabo el ataqué se adoptó el 14 de agosto de 1993 en Mashad, Irán, en una reunión del llamado Comité para Operaciones Especiales (Omure Vijeh), que entonces estaba compuesto por las más altas autoridades religiosas y políticas del régimen iraní”.

Y añadía que Abolghasem Mesbahi – quien está capacitado para declarar sobre el ataque a la AMIA en virtud de haber trabajado para el Vevak, por su participación en operaciones de una naturaleza similar al atentado contra la AMIA, y por su estrecha relación con el entonces segundo al mando del Vevak, Said Eslami – declaró que hubo un comité especial llamado Vijeh para este tipo de operación bajo la presidencia de Ali Khamenei, y cuyos otros miembros eran Rafsanjani, Mir Hejarzi, Rohani, Velayati y Fallahijan.

Cabe señalar que el actual Presidente de Irán, Rouhani, tal como el Fiscal General Alberto Nisman le explicó a ReVista, no estuvo en la reunión en la que se tomó la decisión de llevar adelante el atentado contra la sede de la AMIA. Nisman comentó también que Rohani no está ni estuvo imputado en dicho atentado.

Los fiscales, en su informe, subrayaban:

“…no debemos perder de vista la gravedad institucional que entraña el hecho de que altos funcionarios estuviesen directamente involucrados en la toma de decisiones para llevar a cabo ataques terroristas”.

Los fiscales encontraron, “más allá de toda duda”, que durante el período que condujo al atentado contra la AMIA, la utilización de las estructuras gubernamentales iraníes y de recursos estatales para cometer crímenes que “pueden definirse como actos de terrorismo internacional, no era una práctica poco común dentro del contexto de la política exterior iraní; y se realizaba con vistas a exportar la radical visión iraní del Islam y, al mismo tiempo, para eliminar a los adversarios del régimen”.

Nisman y Martínez Burgos indicaban que:

“… los excesos verbales y las amenazas veladas que los líderes iraníes dirigen a menudo contra sus oponentes y contra el gobierno de Israel son más que mera verborragia: se traducen en acciones criminales concretas”.

Entre los casos analizados, se encuentran, entre otros:

- El asesinato de Kazem Radjavi y el de Chapour Bakthiar;

- El caso Mykonos en Berlín (el 17 de septiembre de 1992 el Dr. Sadegh Sharafkandi, secretario del partido Democrático Iraní del Kurdistán, y tres de sus colegas, fueron baleados con una ametralladora en el restaurante Mykonos de Berlín. La Corte Regional Superior de Berlín proveyó una precisa descripción de las relaciones existentes entre Hezbollah y el gobierno iraní y concluyó que las más altas autoridades iraníes eran los máximos responsables por el ataque);

- El atentado con bomba contra el vuelo de Alas Chiricanas sobre Panamá que le costó la vida a 21 personas (el ataque ocurrió el día siguiente al atentado contra la AMIA y, como en éste, en el mismo comunicado, un grupo que se autodenominaba Ansar Allah se atribuyó la autoría del ataque. Este grupo, aclaran los fiscales, resultó ser inexistente, y de hecho, era un nombre inventado por Hezbollah para atribuirse la responsabilidad de sus ataques fuera de la zona de combate);

- El ataque en la Franja de Gaza (un terrorista suicida que conducía un camión cargado de explosivos embistió contra un autobús en el que, entre otros, viajaba Alisa Flatow, cuyo padre interpuso una demanda civil en la corte del Distrito de Columbia contra la República de Irán, el Ministerio de Inteligencia de ese país, el Ayatolá Alí Khamenei, Ali Akbar Hashemi-Rafsandjani y Ali Fallahijan. La corte estadounidense aceptó como probado que Irán patrocina actividades terroristas);

- El atentado con bomba contra las torres Khobar, en Arabia Saudita (el 25 de junio de 1996, le costó la vida a 19 soldados estadounidenses y dejó un saldo de 384 heridos).

Bueno, pero las cosas han cambiado… ¿no?

No hay nada que demuestre que la situación ha cambiado realmente. A lo sumo, se puede decir que se ha producido un cambio estratégico en la diplomacia iraní, un cambio en las formas, en los gestos.

Un cambio que, en realidad, es una continuidad.
 
Un artículo publicado por el Gatestone Institute apuntaba que como ex máximo negociador nuclear, la duplicidad de Rouhani y cómo engañaba a sus homólogos eran rasgos muy conocidos. De hecho, en un discurso en 2006 ante la Asamblea de Clérigos (Rouhani es clérigo) Rouhani fue grabado jactándose de que mientras las conversaciones [con los europeos] tenían lugar en Teherán, Irán fue capaz de completar la instalación de equipos para la conversión de uranio - una etapa clave en el proceso de combustible nuclear - en su planta de Isfahan, pero al mismo tiempo convencía a los diplomáticos europeos de que no había nada en marcha.

Rouhani dijo en esa oportunidad:

“Desde el principio, los estadounidenses les dijeron a los europeos: ‘Los iraníes os están mintiendo y engañando, no os lo han contado todo'. Los europeos les respondían: ¡Confiamos en ellos'”.
 
Hassan Rouhani (Fuente: Huffington Post)
 
Algunos medios no sólo parecen decir “confiamos en ellos”, sino que agregan “les cubrimos las espaldas”.
 
 
 
 
         
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