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La negación se enraíza en Hebrón
por Dexter Van Zile
16 de Agosto de 2012

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Uno de los aspectos más inquietantes del discurso palestino es la negativa a admitir la presencia histórica de los judíos en el Israel bíblico. En un artículo publicado recientemente en Middle East Quarterly, Alexander Joffe le recuerda a los lectores cómo el líder palestino Yassir Arafat una vez “célebremente le dijo al entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, que no había ningún templo judío en Jerusalén, haciendo que el habitualmente imperturbable Clinton estuviese a punto de estallar”. Joffe continúa: “Las negaciones en lo concerniente a la conexión judía histórica con la Tierra de Israel en general, y negaciones categóricas acerca de que los judíos constituyen una nación son frecuentemente escuchadas en boca de los líderes palestinos, intelectuales y otros”.

La tendencia a negar la historia judía es también evidente en Old Hebron: The Charm of a Historial City and Architecture. Este libro, publicado en 2009 por un grupo palestino, el Comité de Rehabilitación de Hebrón (HCR por sus siglas en inglés), no describe fielmente la presencia judía en Hebrón, que se remonta a miles de años. Una forma en la que el libro sí reconoce la presencia judía en Hebrón es a través de la repetición de referencias a la terrible masacre perpetrada por Baruch Goldstein en 1994 que se saldó con la muerte de 29 palestinos en la mezquita de Ibrahim.

A modo de comparación, el libro, que tiene casi 200 páginas, no hace referencia alguna a la masacre de 62 judíos en Hebrón perpetrada por los árabes en 1929. Mediante la mención repetitiva de la masacre de palestinos en 1994 y la omisión de cualquier referencia a la matanza de judíos de 1929 (que ayudó a poner fin a siglos de presencia judía en la ciudad), el texto oscurece la verdad y demoniza a Israel.

Si el libro admitiese la masacre de 1929, proporcionaría un reconocimiento explícito de la presencia de los judíos en la ciudad antes del retorno una vez finalizada la Guerra de los Seis Días en 1967 y de embarcarse, en lo que Emad Hamdan y Yousef al-Tarturi, autor del capítulo sobre la economía de Hebrón y la situación política, denominan una estrategia de “Judaización”.

Hebrón, donde de acuerdo al Génesis Abraham y Sara están enterrados, es uno de las ciudades más importantes en la historia judía, y no necesita ser “judaizada”. En la edición de Septiembre/Octubre de 2005 del Biblical Archeological Review, el arqueólogo Jeffrey R. Chadwick escribe que, “bíblicamente hablando, antes que Jerusalén, estaba Hebrón. Y excepto por Jerusalén, ninguna otra ciudad antigua es más importante en la tradición bíblica que Hebrón”.

Los judíos, borrados de Hebrón

Reconocer la presencia histórica de los judíos en Hebrón es claramente algo que el Comité de Rehabilitación de Hebrón no quería hacer. Esta organización no trata sólo acerca de la renovación de la ciudad de Hebrón - con fondos aportados por donantes occidentales - sino de utilizar la ocasión para reafirmar su trabajo como una oportunidad de borrar a los judíos de la ciudad bíblica de Hebrón, también financiados por donantes occidentales.

La realización de este libro estuvo subsidiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que financió las versiones en árabe y español del texto. (El logo de la agencia está impreso en la cubierta). El gobierno británico pagó la traducción del texto al inglés. En la versión en inglés del texto, el HCR expresa su gratitud “a la Oficina del Representante Británico en los TPO [Territorios Palestinos Ocupados] que financió la versión en inglés del libro”.

Historia distorsionada

La forma en que el libro le resta importancia a la historia judía de Hebrón se hace evidente en una discusión sobre el nombre de la ciudad, que aparece en la introducción, escrita por Nazmi al-Jubeh. Al-Jubeh informa de que la ciudad fue nombrada (bautizada) en honor al profeta Abraham, “quien se estableció en la ciudad e influenció su desarrollo, hasta el punto de que la ciudad fue nombrada en su honor al principio del reinado islámico”. Por supuesto, Abraham vivió miles de años antes del advenimiento del Islam.

También indica que “en distintos momentos de la historia, Hebrón fue llamada Kiryat Arba o la villa de los cuatro, posiblemente refiriéndose a una federación de cuatro tribus o cuatro colinas; luego se llamó Habra y Habron, que probablemente se derivan del verbo Habar, que significa ‘estar unidos, juntos, hacer amistad', en referencia al amigo Abraham”. Y prosigue:

“El nombre continuó siendo utilizado hasta los albores del Islam, y fue mencionado en una carta enviada por el profeta Mohammed a Tamim al-Dari y su tribu. Sin embargo, fue progresivamente reemplazado por ‘Khalil al-Rahman'. Hebrón fue elegida por el profeta Abraham como el lugar para enterrar a su esposa Sara, y luego para sí mismo y sus hijos Isaac y Jacob y sus esposas. Al final del siglo I A.C. sus tumbas estaban rodeadas por un alto muro que ha resistido los efectos del tiempo, la guerra y la destrucción, y ha permanecido en pie hasta el día de hoy”. (Página 15)”

En este sentido, Al-Jubeh compendia la historia pre-Islámica de Hebrón, sin reconocer por su nombre a los judíos que habían vivido en la ciudad por miles de años antes de ser conquistada por los musulmanes en el siglo VII. Cualquier introducción seria a la ciudad de Hebrón habría indicado, de una u otra manera, “aquí vivían judíos”. Muchos de los eventos centrales de la historia judía están concentrados en Hebrón. Las referencias a la ciudad abundan en las Escrituras Hebreas. El New Harper's Bible Dictionary, editado por Madeline S. y J. Lane Miller (1973) revela lo siguiente:

“Los espías [que Joshua envió a la Tierra Prometida] encontraron al gigante Anakim entre los habitantes de Hebron (Num. 13:22). Hoham, Rey de Hebrón, era parte de la confederación Amorrea derrotada por Joshua (Josh. 10:3m 23. 36, 39, 11:29). Caleb la tomó como parte de su herencia (Josh. 14:13-15, 15:13f.; Jud. 1:20). Se convirtió en una de las seis ciudades de refugio (Josh. 20:7, 21:11; I Chron. 6:55, 57). David fue ungido rey en Hebrón (II Sam. 2:11); y allí nacieron seis de sus hijos (II Sam. 3:2-5). Absalón alzó su estandarte de rebelión contra su padre en su lugar de nacimiento (II Sam. 15:10). Hebrón fue fortificada por Rehoboam (II Chron. 11:5, 10). (Página 252)”

La mayoría, pero no todos los judíos fueron evacuados de Hebrón durante el exilio babilonio, cuando la ciudad cayó en manos de los Edomitas; pero según Nehemiah 11:25 algunos permanecieron en la ciudad en la época de la construcción de la muralla alrededor de Jerusalén. La importancia de Hebrón en la Biblia ayuda a explicar por qué Judas Macabeo lideró exitosamente a los judíos en su lucha por tomar posesión de la ciudad de los Edomitas en el segundo siglo Antes de la Era Común (A.E.C.).

La rebelión que no se atreve a decir su nombre

La primera referencia de Al-Jube a los judíos en Hebrón antes de la conquista musulmana a principios del siglo VII E.C. tiene lugar cuando describe la destrucción que sufrió la ciudad bajo el dominio de los romanos en el siglo II E.C.. Escribe:

“Las destrucciones más importantes y masivas, que tuvieron el mayor impacto en la evolución de la ciudad, fueron las que tuvieron lugar entre 132 y 135 AD, [sic] cuando la ciudad tomó parte en la rebelión contra los romanos y los últimos rebeldes se refugiaron en sus fortificaciones. Por ello, numerosas legiones romanas rodearon la ciudad y sistemáticamente atacaron sus murallas y fuertes e incendiaron sus casas. Este ataque transformó a una ciudad fortificada en pleno auge en una ciudad en ruinas. A los judíos, que en gran número habían participado en la rebelión, se les prohibió vivir en la ciudad, y un cierto número de ellos fue vendido como esclavos.”

Aquí, Al-Jubeh hace dos cosas. En primer lugar, refiere una derrota judía en Hebrón a manos de los romanos sin explicar, en primer lugar, cómo los judíos estaban en posesión de la ciudad. En segundo lugar, le resta importancia al hecho de que la rebelión, que tuvo lugar “entre 132 y 135 AD” fue la Rebelión de Bar Kochba, un levantamiento judío contra Roma. ¿Por qué omitir incluso el nombre de la rebelión en cuestión?

Sin oración en la tumba hasta que llegó el Islam

El tratamiento que hace Al-Jubeh de la historia de la Mezquita de Ibrahimi, construida sobre la Tumba de los Patriarcas está también distorsionado por sus esfuerzos por enfatizar la santidad del sitio sobre el que está construida, a la vez que niega la presencia de otras y más preexistentes creencias que estaban presentes en la Tumba de los Patriarcas con anterioridad a la llegada del Islam en el siglo VI E.C. Estas creencias son, por supuesto, el Judaísmo y el Cristianismo, las cuales preceden al Islam.

En la página 53 al-Jubeh escribe: “Uno puedo observar que la naturaleza sagrada de este sitio es antigua, efectivamente, pero se transformó en un lugar para la oración sólo bajo el Islam”. La idea de que la Tumba de los Patriarcas era un lugar sagrado, pero no un lugar de oración hasta que cayó bajo dominio musulmán no tiene ningún sentido.

Exactamente, ¿cómo puede un lugar ser santificado o “sagrado” sin que medie la oración? Y si la Tumba de los Patriarcas no era un lugar de oración antes de la llegada del Islam, entonces, ¿cómo explica Al-Jubeh la existencia del recinto de estilo Herodiano rodeando la cueva – sobre la que se construyó la Mezquita de Ibahimi?

En la página 47 Al-Jubeh informa que, si bien la mayor parte de la gente cree que el recinto fue construido por el Rey Herodes, existe cierta incertidumbre sobre quién, realmente, lo construyó. Algunos estudiosos, señala Al-Jubeh, aseguran que fue construido “mucho antes del reinado de Herodes”. En tanto esto puede ser un intento por parte de Al-Jubeh de arrancar al lugar de su historia judía (Herodes era judío), la cuestión central es la existencia misma del recinto y los motivos que yacen detrás de su construcción.

El recinto fue construido de manera muy similar a la del Segundo Templo en Jerusalén. Nancy Miller, en el número de Mayo/Junio de 1985 del Biblical Archeological Review, apunta que “un estudioso inglés que visitó Machpelah a fines del siglo XIX escribió que ‘el Haram de Hebrón parece haber sido una copia en miniatura del Templo Haram en Jerusalén'”. Y ella continúa diciendo:

“Estaba en lo cierto. Ambos son estructuras rectangulares construidas con gruesos muros que rodean una plataforma. Además, las medidas de ambos parecen estar basadas en el Pie palestino estándar, del período greco-romano.

Tal vez aún más sorprendente, es el hecho de que el recinto de Machpelah y el del Monte del Templo fueron construidos con exactamente las mismas proporciones… Si examinamos los relaciones de longitud-ancho de estas dos estructuras, descubrimos que son prácticamente idénticas. La relación longitud-anchura del recinto de Machpelah es 1.77:1, la del recinto del Monte del Templo, 1.73:1.”

Miller prosigue para explicar que “ambos recintos están orientados a los puntos cardinales”, con los muros del Monte del Templo orientados hacia el norte, sur, este y oeste; en el caso de los muros de Machpelah, son las esquinas las que están orientadas hacia los puntos cardinales. A su vez, Miller, que cree (como la mayoría de los investigadores) que el recinto fue construido por Herodes, observa que “al igual que en el Templo del Monte, Herodes creó una superficie plana dentro del recinto de Machpelah. Luego empedró el suelo con piedras, se dice, de cerca de tres pies de espesor”.

¿Por qué un constructor (quien quiera que fuese) haría en Hebrón una miniatura del Segundo Templo de Jerusalén, que era con seguridad un lugar de oración, si Mahpelah no lo era? En resumen, la afirmación de Al-Jabeh de que la Tumba de los Patriarcas era, antes de la llegada del Islam, a la vez un lugar sagrado pero no un lugar de oración, es simplemente la forma indirecta de Al-Jabeh de decir – a pesar de toda la evidencia que indica lo contrario – que los judíos en Hebrón (cuya presencia apenas reconoce) carecían de la imaginación religiosa necesaria para rezar en uno de sus lugares más sagrados, y que no fue sino hasta la llegada de los musulmanes cuando el sitio recibe la consideración adecuada. Esta puede ser la expresión de la doctrina normativa islámica en lo que respecta a los judíos y al Judaísmo, pero no tiene ningún peso ni valor histórico y no tiene cabida en un libro que pretende ofrecer un análisis histórico de la ciudad.

“Ninguna Iglesia en absoluto”

Al-Jubeh no se contenta con negar la histórica presencia judía en la ciudad de Hebrón. También intenta negar la conexión de la Cristiandad con la ciudad al negar que, en contra de numerosas fuentes, la Mezquita Ibrahimi fue erigida sobre una iglesia bizantina construida en el siglo VI EC. Al-Jubeh afirma que “de hecho no había ninguna iglesia” en el lugar. Para reforzar su tesis, Al-Jubeh cita descripciones contradictorias de la iglesia referidas por peregrinos que visitaron la ciudad en distintos momentos durante el curso de cerca de dos siglos. Un visitante, que estuvo en la ciudad cerca del 400 EC escribió sobre una “iglesia sin techo”, y otro, que visitó Hebrón en 570 EC, según Al-Jabeh, escribió sobre “una basílica que consiste de una pared con columnas”, que tenía una pared que bajaba hasta el centro del pasillo que permitía a los judíos entrar por un lado y a los cristianos por otro.

Para socavar la credibilidad de este segundo testimonio, Al-Jubeh sostiene que no hubo judíos en Hebrón entre la fallida rebelión sin nombre de Bar Kochba de 135 EC y la conquista islámica en el siglo VII EC. Al-Jubeh escribe: “No había habido judíos en Hebrón desde 135 AD [sic], hasta la conquista islámica, por orden del Emperador. No es posible que les hubiesen permitido congregarse allí, durante una época de feroz persecución bizantina, oficial como popular”.

¿Por orden del Emperador? ¿De qué Emperador está hablando Al-Jabeh? Sí, se les prohibió a los judíos vivir en Jerusalén – pero no en Hebrón – tras la rebelión de Bar Kochba. Y sí, los judíos fueron discriminados y en algunas instancias perseguidos a lo largo del Imperio Bizantino; pero el Judaísmo continuó siendo una religión legal en el imperio. Hay sinagogas de la era bizantina a lo largo de Oriente Medio, incluyendo Hebrón. Esto le da, claramente, credibilidad al testimonio del peregrino sobre la presencia de los judíos en la Tumba de los Patriarcas incluso bajo el mandato bizantino, a pesar de la afirmación de Al-Jubeh en sentido contrario.

Conclusión

El Comité de Rehabilitación de Hebrón no ofreció una historia cabal de la ciudad, sino que, en su lugar, ofreció un relato alternativo al servicio de la teología islámica, que asegura que el propio Abraham fue un fundador adherente del Islam y no el primer judío. El HCR también trabaja para promover la ideología palestina, que niega la conexión judía con la Tierra de Israel, especialmente con el Monte del Templo.

La publicación de este texto suscita algunas preguntas complicadas: ¿Pueden los musulmanes aceptar hechos históricos que contradigan sus escrituras? ¿Pueden los líderes e intelectuales palestinos aceptar hechos contrarios a su propaganda ideológica?

Una versión de la primera pregunta ha intrigado a los cristianos, en tanto se han debatido con los desafíos planteados por el método histórico-crítico de interpretación bíblica, especialmente en su aplicación a la historia de la Pasión de Cristo.

Una versión de la segunda pregunta ha intrigado a las democracias occidentales que han tenido que llegar a un acuerdo con los aspectos trágicos de su propia historia que socavan sus mitos nacionales.

Hay otra pregunta que debe ser formulada: ¿En qué estaban pensando los gobiernos español e inglés cuando pagaron la producción y traducción de este falaz y anti-histórico texto?

 
         
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