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La añagaza, la invasión que no fue
por Masha Gabriel
4 de Noviembre de 2021

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En la noche del 13 al 14 de mayo de 2021, en medio de la enésima contienda entre el grupo terrorista Hamás e Israel, corresponsales extranjeros en Jerusalén informaron desde sus medios o desde sus redes sociales que Israel estaba entrando en Gaza.

Profesionales que habitualmente ignoran o menosprecian la versión del ejército israelí, en este caso sí se hacían eco de su breve comunicado:

“Tropas aéreas y terrestres de las Fuerzas de Defensa Israelíes están atacando actualmente en la Franja de Gaza”.

Minutos después, entre los periodistas extranjeros, estas declaraciones se convirtieron en la confirmación de una invasión terrestre.

Así, El País titulaba:
 

 
Por su parte, el corresponsal del grupo Vocento alertaba:
 

 
Pero no había la invasión que anunciaban, o sugerían.

Al poco tiempo de comprender su error, los reporteros acusaron a Israel de haberlos engañado con el fin de tender una trampa a Hamás. “Una añagaza castrense” como escribió el diario El País.

Tal vez nunca sepamos si, tal y como denunciaron ciertos medios, las Fuerzas de Defensa de Israel se sirvieron de ellos para confundir a su enemigo (algo nada original en los conflictos armados por otra parte); pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que bastaba leer a periodistas locales para darse cuenta de que eso que los corresponsales extranjeros se afanaban en contar no estaba sucediendo.

Y así lo hicimos saber aquellos que, al mismo tiempo que la desinformación circulaba como rauda primicia por las redes sociales, nos tomamos el trabajo de corroborar la noticia con otras fuentes. Fuentes israelíes.
 

 

 

 

 
 

Más allá del enfado de unos periodistas que se sintieron engañados, esta cuestión no deja de ser paradigmática de un serio problema que convierte en más que cuestionable la información en español que llega desde Israel: la desconexión del cronista con la sociedad en la que vive y que supuestamente debería mostrar a sus lectores y/o espectadores. ¿Cómo es posible si no, que algunas personas que nos encontrábamos a kilómetros de distancia pudiéramos tener un acceso más claro a los hechos que periodistas destacados en el lugar? Simplemente porque buscamos en fuentes más variadas. Fuentes que no son necesariamente confidenciales. Basta con ampliar el foco, con buscar, con preguntar, incluso con saber dónde mirar en las redes sociales. Basta, en definitiva, con buscar con afán periodístico, en lugar del ideológico que parece haberlo desplazado.

Medios y reporteros que por lo general suelen mostrarse esquivos a la hora de aportar la versión israelí, que suelen difuminar las explicaciones del gobierno en medio de artículos dedicados a testimonios palestinos, y en los que apenas hay cabida para escuchar al israelí medio, en esta ocasión se lanzaron a repetir un bulo, sin tomarse el trabajo de corroborarlo. Tal vez porque una invasión terrestre encajaba en lo que esperaban que sucediera. Y lamentablemente la información parece estar construyéndose más en base a anhelos que en base a hechos.

Estos periodistas están en el lugar donde ocurren los hechos; pero de espaldas a estos; de espaldas a sus propios lectores, en definitiva. ¿Quién es el estafado, entonces?
 
 
 
 
         
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