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Johanssen y El País de la vergüenza
por Masha Gabriel
30 de Enero de 2014

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30 de enero de 2014. Scarlett Johansson prefiere los millones a la solidaridad, así titulaba el principal diario español la decisión de la actriz norteamericana de abandonar la organización Oxfam, por no compartir su política de boycot a Israel.

El artículo, firmado por Carmen Rengel, incurría en algunos errores:

“la actriz ha decidido marcharse y cerrar así la polémica Sodastream, generada después de convertirse en el rostro de esta marca israelí cuya factoría se encuentra en suelo ocupado palestino, en una colonia de Cisjordania, una violación de la legislación internacional denunciada por Oxfam insistentemente.”

1- No existe “suelo palestino”, ya que nunca existió en la historia un estado palestino. Ni existe aún. Es suelo “reclamado por los palestinos” y que se decidirá en una mesa de negociaciones bajo qué soberanía quedará en un futuro.

2- La legislación internacional apunta precisamente en esa direccción. Según las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU, así como conforme a los Acuerdos bilaterales firmados por israelíes y palestinos y la Hoja de Ruta, la soberanía de esas tierras reclamadas por los palestinos deberá ser decidida mediante negociaciones entre las partes en conflicto. Aunque existe un debate en el seno de la comunidad internacional, no hay una sola ley internacional que declare ilegales las colonias.

En la línea ya apuntada anteriormente de decir lo que los protagonistas deberían decir, El País publicaba respecto a Johansson:

“En aquella nota citaba expresamente la ciudad en la que está ubicada la firma, Maale Adumim, reconocida como colonia por Naciones Unidas, un detalle que ha omitido en todas sus declaraciones.”

Puestos a comentar lo que se omite, la periodista omite explicar que Maale Adumim es uno de los tres bloques (junto a Ariel y Gush Etzion) que en los pre-acuerdos de paz alcanzados hasta ahora se contempla que se queden en territorio israelí a cambio de una compensación territorial para los palestinos.

Prosigue el texto:

“Johansson -judía de origen por su rama materna aunque no suele hacer alusión alguna a sus raíces-, comenzó a trabajar con Oxfam en 2005 y en 2007 se convirtió en embajadora, una forma de representación con la que viajó a proyectos de Kenia, Sri Lanka o India.”

Si Johansson no hace alusión alguna a su origen judío, ¿por qué mencionarlo? ¿Es tal vez una manera de insinuar que no puede ser objetiva y de desvalorizar su decisión?

Seguramente no habrá sido la intención, pero esa mención a su judaísmo sumada al titular que la acusa de estar interesada sólo por el dinero, tiene muy feas resonancias. ¿Estamos volviendo a los tiempos en los que se acusaba al judío de usurero?

Unas horas después, el diario rectificaba y convertía el titular en: Scarlett Johansson deja Oxfam por su polémica colaboración con una empresa israelí

Obviamente, honra al diario haber corregido ese despropósito, pero la pregunta que se plantea es ¿cómo ha podido llegar a pasar? ¿Quién titula? Y sobre todo, ¿quién le da el visto bueno a ese titular?

De nada sirve todo el esfuerzo en convertirse en un medio profesional y de referencia si permiten que una burda ideología irrumpa entre sus páginas.

 
         
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