Centro de Colaboraciones Solidarias, José Carlos García Fajardo, plagado de incorrecciones y minimizando el nazismo se ha hecho eco en múltiples medios en la web">
   
 
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Intoxicación mediática, errores, mentiras y banalización del nazismo
por Masha Gabriel
17 de Abril de 2012

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Un artículo del Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid y director del Centro de Colaboraciones Solidarias, José Carlos García Fajardo, plagado de incorrecciones y minimizando el nazismo se ha hecho eco en múltiples medios en la web (El Librepensador, Diario SIGLO XXI, Tribuna de la Bahía, Agencia Latinoamericana de Información, Con Nuestro Perú, mercuriodigital.es o la Comunidad EL PAÍS, por poner sólo unos ejemplos).

Suenan confusos tambores es una confusa crítica contra Israel a través de la consabida banalización del Holocausto, equiparando a los nazis con los israelíes. Esto, además de totalmente falso, está considerado como antisemita según la definición adoptada en 2005 por la European Union Agency for Fundamental Rights (FRA) y la Organization for Security and Co-operation in Europe (OSCE).

El profesor de la Universidad Complutense subraya la gran variedad de habitantes en Israel, donde el 20% de la población no es judía. Sin embargo intenta desligar a Israel del judaísmo al asegurar que “algunos se empeñan en denominar “judío”” al estado de Israel. Debería explicar el profesor que esos “algunos” son desde la propia historia del pueblo judío, hasta los fundadores del estado moderno de Israel, pasando por la comunidad internacional que en 1947 determinó la partición de Palestina en un estado judío y otro árabe. Israel es ese estado judío, aunque al profesor le desagrade la idea y le parezca sólo el capricho de “algunos”.

En un posterior confuso párrafo García Fajardo mezcla la vida parlamentaria israelí con la figura de Jesús de Nazareth y con ““reconocer el derecho de los palestinos a vivir libre de amenazas dentro de fronteras seguras y reconocidas”(Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, 1967).”

No entraremos en su superficial análisis de los equilibrios parlamentarios, ni en su sorprendente referencia a la figura de Cristo sin venir a cuento, pero ya que el profesor recurre a la resolución 242 del Consejo de la ONU, convendría que no reescribiera el texto.

Por mucho que la entrecomille, la frase que cita no aparece en ningún momento de la resolución 242, que habla de la retirada de territorios por parte de Israel a cambio de la:

“Terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenazas o actos de fuerza;”

Esta exigencia hace mención a la negativa de los países árabes a reconocer a Israel. De hecho, desde el mismo momento en el que Israel aceptó la partición de 1947, aceptó la existencia de un estado árabe vecino. Desde la Declaración de Independencia de 1948 del primer ministro Ben Gurion llamando a la colaboración entre ambos pueblos, proponiendo “una oferta de paz y buena vecindad” y exhortándolos “a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra”, hasta las recientes declaraciones de líderes actuales. Es Israel quien no es reconocido como un estado judío por parte de sus vecinos.

Pero el absoluto desconocimiento y la voluntad de criminalizar a Israel no terminan en esos primeros párrafos. Tras intentar anular la existencia del antisemitismo, alegando que el “gobierno de Israel califica de “antisemita” a cualquier gentil que discrepe de su política belicista.. Si el que opina es judío, éste “se odia a sí mismo””, el profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid inicia su catálogo de comparaciones asegurando que ese razonamiento es “tan falso como la pretendida superioridad de la raza aria.”

Es decir, que según García Fajardo, que uno acuse de “antisemita” a alguien que critica al estado judío equivale a una ideología racista responsable del genocidio de 6 millones de judíos.

Prosigue el profesor hablando de “la vergüenza de ese muro que discrimina a palestinos en sus propias tierras” sin explicar el porqué de esta situación. Los israelíes no decidieron porque sí la construcción de la valla (sólo el 5% es muro) por la mera diversión de “discriminar” a los palestinos, sino que la construcción de la valla responde a una necesidad defensiva objetiva. Desde el estallido de la llamada “Segunda Intifada”, en septiembre del año 2000 y hasta el año 2007, 1.213 israelíes fueron asesinados y 8.342 resultaron heridos en múltiples ataques y atentados cometidos por terroristas palestinos. A partir de la construcción de la Valla/Muro, la cantidad de ataques descendió en picado dada la dificultad física de cometer atentados en Israel.

Pero García Fajardo continúa su artículo comparando una vez más lo incomparable y mezclando argumentos que no tienen nada que ver:

“Como encerrados en “guetos palestinos”. ¿No es una proyección sarcástica? Judíos israelíes que denuncian la ocupación de tierras de los palestinos, en las que se asientan colonos integristas y excluyentes. ¿No era algo parecido a lo que hicieron los nazis encerrando en guetos a judíos polacos, alemanes, austríacos, checos y ucranianos? “

No, no tiene absolutamente nada que ver. Los guetos construidos por los nazis para confinar a los judíos no son un fenómeno separable de la “solución final”, ni de las cámaras de gas. Forman parte del proceso que llevó a poner en práctica el genocidio. Consistieron en el hacinamiento de una parte de la población que no había declarado guerra alguna y cuyo único delito era la mera existencia. Desde esos guetos no se lanzaban cohetes contra civiles, ni gobernaban grupos terroristas armados hasta los dientes que exigían la destrucción del vecino.

La argumentación bajo forma de pregunta continúa con otro despropósito:

“¿No fueron enviados al exilio millones de palestinos cuyas casas, tierras y medios de vida se hicieron imposibles por la intolerancia de las milicias que formaron la Haganah, brazo armado de la Agencia judía responsable de atraer judíos a Israel?”

1- Según las cifras más generosas de la ONU, fueron 711.000 los palestinos que debieron exiliarse, no “millones”. Por otra parte, las causas de la huida no siempre respondieron a expulsiones por parte de Israel. Gilead Ini, analista de CAMERA, así lo explicaba en su artículo Refugiados palestinos y judíos:

“Los historiadores concuerdan en que no hubo una sola causa para que los árabes huyeran de Palestina. Las masas huyeron principalmente porque vieron que la élite palestina hacía lo mismo. En parte, esta huída fue como respuesta a las exhortaciones de los líderes militares y políticos árabes para que los civiles palestinos evacuaran sus casas hasta que la lucha finalizara. Muchos simplemente huyeron de la intensa lucha que los rodeaba, o que perturbaría sus vidas muy pronto. En algunos casos, los militares judíos forzaron a los palestinos a salir de sus casas.”

Por cierto que al mismo tiempo, unos 800 000 judíos eran expulsados de los países árabes. La diferencia entre ambos exilios es que Israel recibió e integró a los judíos que huían de los países árabes, mientras que los países árabes encerraron en campos a sus “hermanos palestinos”, privándoles hasta hoy de sus derechos fundamentales, y utilizándolos como moneda de cambio en el conflicto, de manera a crear el “problema de los refugiados”.

2- La Haganah se crea en 1920 en respuesta a los ataques sufridos por la población judía a mano de los árabes de la región y ante el silencio cómplice de las autoridades británicas. Tras el llamado Porgromo de Jerusalén, al que seguirían otros como los disturbios de Jaffa de 1921, o la matanza de Hebrón de 1929. ¿Quién era intolerante con quién? ¿El grupo de defensa o los atacantes árabes?

El profesor sigue su artículo con más muestras de falta de rigor académico:

“Recordemos la actividad terrorista del Irgun y de Stern Gang, de cuyas filas surgirían Yigal Alon, Moshe Dayan, Isaac Rabin, Menahen Begin.”

Ni Yigal Alon, ni Moshé Dayan ni Isaac Rabin estuvieron nunca en el Irgun o en las filas de Stern Gang. Incluso si el profesor García Fajardo hubiera abierto un libro de historia, habría descubierto que el 22 de junio de 1948 Isaac Rabin estuvo al mando de las fuerzas que se enfrentaron al Irgún durante el episodio del Altalena.

Posteriormente, García Fajardo ataca a otra figura israelí:

“Cuando preguntaron a Golda Meier por los derechos del pueblo palestino respondió: “¿Qué pueblo? No hay más pueblo que el judío”.”

Pero una vez más, a pesar de las comilla, la cita es errónea. La frase de Golda Meir (no “Meier” como escribe el profesor emérito), fue “no existe tal cosa como el pueblo palestino”. Y dicha reflexión no difería demasiado de lo que los propios árabes decían al respecto. En su gran mayoría, los palestinos provienen de los países vecinos. Paradigmático es el caso del líder palestino por excelencia, Yassir Arafat quien nació en Egipto, y no en Palestina, en 1929, es decir 19 años antes de la proclamación del estado de Israel.

Algunos ejemplos:

- En 1937, ante la comisión Peel, Auni Bey Abdul-Hadi, líder árabe Sirio dejaba dicho claramente:

"no existe ningún país que se llame Palestina. 'Palestina' es un término inventado por los Sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. 'Palestina' es ajena para nosotros. Son los Sionistas que han introducido este nombre".

- En Marzo de 1977, el líder de la OLP, Zuhair Muhsin, declaró al periódico holandés Zeitung Trouw:

“Un pueblo palestino no existe. La creación de un estado palestino es sólo un medio para continuar nuestra lucha contra el Estado de Israel en favor de nuestra unidad árabe. En realidad hoy en día no hay diferencia entre jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Sólo por razones políticas y tácticas, estamos hablando hoy de la existencia del pueblo palestino, ya que los intereses nacionales árabes exigen que postular la existencia de un ya existente "pueblo palestino" para resistir al sionismo.”

Sin embargo García Fajardo prefiere dejar caer una sombra sobre la figura de Golda Meir, y por consiguiente de Israel, antes que analizar en profundidad qué significa esa identidad palestina.

Por si los errores del artículo fueran pocos, el profesor de la Universidad Complutense apela a las “matanzas en Deir Yassin en donde Irgun asesinó a todos los habitantes (1948).” Para, acto seguido asegurar que: “Muchos judíos padecieron en los campos de exterminio nazis, pero también gitanos, comunistas, homosexuales, socialistas y discapacitados. Nadie podrá ignorar ni negar el Holocausto, pero no podemos permitir el exterminio del pueblo palestino.”

1- La batalla de Deir Yassin fue un hecho muy controvertido en el que sin duda murieron civiles, sin embargo si hay algo que está claro es que no “fueron asesinados todos los habitantes”, como asegura el profesor García Fajardo. El poblado contaba con 750 habitantes. Tras la batalla, la cifra más elevada de víctimas mortales la ofreció el New York Times, que habló de 200 muertos en una batalla (no se menciona masacre alguna). Sin embargo, un estudio pormenorizado llevado a cabo por la palestina Bir Zeit University llegó a la conclusión de que las víctimas fueron 107 civiles y 13 combatientes. Esos no son “todos los habitantes”.

2- Poner en pie de igualdad dicha batalla, enmarcada en una guerra, con el exterminio de 6 millones de judíos a manos de los nazis es una aberración ética. Si bien el sufrimiento de una víctima siempre es sufrimiento, la voluntad de los verdugos difiere y da al crimen su verdadera dimensión. El Holocausto es un hecho históricamente singular cuya finalidad era la de hacer desaparecer un pueblo entero de la faz de la tierra con una justificación biológica, nada que ver con una situación de conflicto, no más mortal que cualquier otro conflicto.

3- La matización de que no sólo judíos murieron en los campos de exterminio es otra banalización, que pretende eliminar a la víctima su condición como tal y que desvirtúa el verdadero objetivo nazi. El Holocausto es el asesinato sistemático e industrializado de 6 millones de judíos. Si bien es cierto que hubo múltiples víctimas del nazismo y que los colectivos que menciona García Fajardo sufrieron en gran medida parte de la barbarie, conviene recordar que esos campos de exterminio fueron construidos para llevar a cabo la “Solución Final” esto es la eliminación de la faz de la tierra de todos los judíos, el único colectivo cuya desaparición total se contempló.

4- No existe exterminio alguno del pueblo palestino, sino una situación de conflicto y asegurar lo contrario es mentir. Prueba de que no se trata de ningún exterminio es que en los últimos diez años la población palestina ha aumentado en un 30%.

Prosigue el profesor en el mejor estilo “alguno de mis mejores amigos son judíos”, con un largo párrafo en el que parece querer excusarse al asegura escribir “como persona que admira la historia del pueblo de Israel” Sin embargo, a la vista de lo escrito, no parece haber estudiado demasiado dicha historia.

Acto seguido emplea el término “pueblo elegido” para reprochar a los judíos que “excluyan a los demás como goyim.” Un rápido vistazo desprovisto de prejuicios a la historia de Israel le hubiera permitido descubrir que “pueblo elegido” es en básicamente un término que aparece en la Biblia y que obliga a dicho pueblo a adquirir ciertas obligaciones ante Dios. No pinta nada en este artículo, al igual que no vienen a cuento sus referencias posteriores a Jesús de Nazareth y a su identidad propia identidad: “me sé griego y romano, como me sé árabe y musulmán. ¿Cómo si no hubiera podido escribir estas líneas y expresar mi pensamiento? Nunca podré ser “antisemita” porque eso es una barbaridad sin sentido”.

Tal vez el profesor no se quiera considerar “antisemita” por las connotaciones terribles que este término ha adquirido después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo la banalización del Holocausto, el empleo en contra de los judíos de términos religiosos como “pueblo elegido”, el equipararlos a los nazis, la invención de citas, recurrir a la imagen de un inexistente exterminio palestino, son ejemplo de un argumentario que sí incita al odio antisemita.

No concuerda con su supuesta voluntad de que “construyamos todos juntos otro mundo más justo y solidario”.

 
         
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