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Fatah: acabada manifestación de la ultraderecha palestina (Parte I)
por Marcelo Wio
23 de Enero de 2017

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Se dice, se redice y se vuelve a decir y a repetir, en la casi totalidad de los medios en español, que Fatah, la facción liderada por Mahmoud Abbas (negacionista del Holocausto que también es presidente de la Autoridad Palestina – al parecer, vitalicio, puesto que su mandato finalizó a principios de 2009: es decir, un autócrata en toda regla –, y que también controla la OLP), es “moderada”. Pero, ¿respecto de qué?

Pareciera que pretende hacerse tal calificación apresurada respecto del grupo terrorista Hamas. Pero no es así, realmente, porque, a fin de cuentas, cada vez que los medios se refieren al mismo, lo hacen mediante eufemismos (“movimiento”, “organización”; y sus miembros, “militantes” o “milicianos”) higiénicos que evitan la exacta definición que por ejemplo tanto el Departamento de Estado como la Unión Europea utilizan para determinar la naturaleza inequívoca de Hamas: terrorista – de la misma manera en que también ignoran la responsabilidad de dicho grupo de la situación socio-económica en la Franja de Gaza.

En realidad, tal comparación se realiza siempre respecto de Israel (de su gobierno, de la mayoría de sus políticos, de su Ejército; aunque más de una vez, también de su electorado) – al que, precisamente, se lo cataloga, de manera inmediata, como “ultranacionalista”, “nacionalista”, “derechista”, “el más derechista de la historia”, “extremista”, “ultraderechista”, “ultraconservadores”, “ultra-religiosos”, “halcones”: adjetivos elegidos por el redactor de turno a su antojo, y que ni explica ni enriquece ni contextualiza la crónica, sino que marca el ritmo del ánimo con el que el público debe seguir la partitura ideológica que es tan evidente; al punto que la noticia, si es que la hay, suele quedar enterrada, con suerte, entre líneas de prejuicio y sesgo.

Así pues, la tan pretendida “moderación” de Fatah (y de la Autoridad Palestina) sólo sirve para avanzar (para recalcar, a esta altura) el marco del conflicto que se le impone al público lector o televidente: Israel es el personaje central del sainete y representa todo lo que está mal, lo pérfido; por lo cual los palestinos deben ser justamente su opuesto: idílicamente virtuosos.

Ergo, hacer de Israel el paradigma de la vileza requiere entonces de la invención de una “palestinidad” (una “causa palestina”) inverosímil e imposiblemente íntegra, sin mácula, de una inocencia rayana en la sumisión: algo humanamente imposible. Es decir, un pueblo sin pulsiones propias; mera arcilla para componer el necesario antitético desde el que se ha de ver, de definir, al Estado judío: un pueblo, el palestino, que obra a través de impulsos exclusivamente externos; una contraparte siempre damnificada – incapaz de maldad; de voluntad, en definitiva... -. Un pueblo que es sobre-expuesto pura y exclusivamente cuando sirve al encuadramiento de Israel; porque en cuanto son víctimas (verdaderas víctimas, y no de pasquín ideológico y libelo) del régimen de Bashar al Asad, desaparecen de la ecuación mediática: no está Israel, no hay emoción que explotar: es decir, no hay animadversión que crear/alimentar.

En un pasaje de la película El hombre bicentenario, Andrew, el robot interpretado por Robin Williams, dice que prefiere morir como hombre que vivir toda la eternidad como máquina. La segunda presidente Marjorie Bota le pregunta entonces por qué desea tal cosa.

Su respuesta:

Para que se me reconozca. Solo por quien soy y por lo que soy. Ni más, ni menos. No busco la aclamación ni la aprobación. Sino la simple verdad de dicho reconocimiento. Este ha sido el objetivo elemental de mi existencia y debo conseguirlo tanto si quiero vivir, como morir con dignidad.

Los medios de comunicación, en cambio, parecen conducir a los palestinos por el camino inverso al de Andrew: se los “reconoce” en la medida en la que encajan (meros elementos, piezas) dentro de una cierta “narrativa”: un escenario en el que Israel es, como se mencionara, el sujeto central que debe ser señalado, demonizado y deslegitimado. Es decir, la prensa “cosifica” a los palestinos: pues éstos sólo son en la medida en que sirven a un propósito; como un utensilio, un objeto, al que se le presta humanidad transitoria y selectivamente.

Pero la realidad no es así. Los palestinos son, afortunadamente, muy humanos y, como tales, poseen todas las humanas debilidades – y algunas de éstas, en el caso de sus líderes, hasta incrementadas, porque la cobertura sesgada ha permitido que hagan y deshagan a su antojo – tanto a nivel local como internacional (desde recibir dinero internacional sin tener que dar cuenta del mismo; deshacerse de su responsabilidad en el conflicto; hasta incitar a la violencia y cercenar la libertad de prensa en los territorios controlados por la Autoridad Palestina, etc.).

De tal guisa, la pretendida y promocionada (e inventada) “moderación” de Fatah (es decir, de la Autoridad Palestina; del liderazgo palestino en Cisjordania) no es, siquiera, como la de Mark Twain, que decía fumar con moderación, un cigarrillo a la vez. El liderazgo palestino los fuma de a montones. Tan poco moderada es esa “moderación”, que Fatah no festeja el aniversario de su fundación, sino el del primer atentado terrorista que perpetró contra Israel...

Lo que sucede es la prensa la que se encarga de decirle al lector que el humo de los cigarrillos es en realidad el resto de una aparición divina o una niebla pasajera o el resto de una detonación israelí. Cualquier cosa menos la realidad: como que, tal como indicaba la analista de CAMERA Ricki Hollander, la constitución de Fatah no es menos beligerante que la de Hamas. También llama (artículo 12) a la “completa liberación de Palestina, y a la erradicación de la existencia económica, política, militar y cultural sionista”, puesto que (artículo 8) la “existencia israelí en Palestina es una invasión sionista”.

Pero, esos “cigarrillos” provienen de una “cajetilla” en la que, sin grandes esfuerzos, puede leerse Fascismo-Ur.
 
 

Fascismo-Ur y Fatah: evidentes coincidencias

El filósofo italiano Umberto Eco escribió en 1995, en The New York Review of Books, un interesante un artículo titulado, precisamente, Ur-Fascism. En el mismo, sostenía que “detrás de un régimen o una ideología siempre hay una forma de pensar y sentir, un conjunto de hábitos culturales, de oscuros instintos e insondables impulsos”.

Y decía que según Ionesco, sólo las palabras cuentan, y que el resto es mero parloteo. Será por eso, que los medios se afanan para silenciar, omitir o distorsionar las palabras que los líderes y medios palestinos le dirigen, en árabe, a su gente. A fin de cuentas, el propio Eco señalaba que los hábitos lingüísticos son frecuentemente importantes síntomas de sentimientos subyacentes. Máxime cuando estos hábitos tan patentes son como los de los líderes y medios palestinos: una abierta incitación al odio y la violencia contra, no ya Israel, sino los judíos (rara vez se refieren en árabe a Israel: su enemigo son los judíos y, en realidad, todo aquél no-musulmán – el artículo 9 de la constitución de Fatah explícitamente indica que “liberar Palestina” es una “obligación religiosa”).

No hace falta hurgar mucho en el cúmulo de declaraciones y manifestaciones, puesto que la misma carta de Fatah (y la de la OLP) es un manifiesto de un programa político (extremista, y exclusivista) completo: con una precisa noción de sus objetivos – como la erradicación del Estado judío y la consecución un territorio exclusivamente musulmán.

Volviendo, entonces, al texto de Eco, el mismo afirmaba que el fascismo fue un totalitarismo “difuso”, “borroso”, un collage de distintas ideas filosóficas y políticas, una “colmena de contradicciones”. Este panorama contradictorio era el resultado de una confusión estructurada: “El fascismo... estaba emocionalmente sujeto firmemente a unos cimientos arquetípicos”. De tal manera que, según Eco, el “juego fascista puede jugarse de diversas formas, mas el nombre del juego no cambia”.

“Pero - apuntaba Eco -, a pensar de esta ‘imprecisión', creo que es posible perfilar una lista de características que son típicas de lo que me gustaría denominar Fascismo-Ur, Fascismo Eterno”.

El filósofo puntualizaba que es suficiente con que una de estas características esté presente para que el fascismo coagule a su alrededor.

Así pues, de la mano de Eco, conozcamos el verdadero rostro de Fatah (y, por lógica extensión, de la OLP y la Autoridad Palestina).
 
 

1. Culto a la tradición (al ideal utópico)

Hay una verdad primitiva, revelada, auto-evidente. De tal manera que, como decía Eco, “la verdad ya ha sido pronunciada una vez y por siempre” (ya ha acontecido y, en todo caso, hay que restaurarla) y “solo es posible seguir interpretando su oscuro mensaje”: y la “verdad” en el caso palestino, es que toda la región pertenece al islam y a la nación árabe.

Por ello, Carta de la OLP (de la cual Fatah es miembro mayoritario) establece en su primer y segundo artículos:

“Palestina es la patria del pueblo árabe palestino; es una parte indivisible de la patria árabe, y el pueblo palestino es una parte integral de la nación árabe.

Palestina, con las fronteras que tenía durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible”.

Mientras que el artículo 1 de la constitución de Fatah declara que “Palestina es parte del mundo árabe, y que el pueblo palestino es parte de la nación árabe…”; entonces el artículo 2, declara que “el pueblo palestino tiene una identidad independiente” y que “tiene completa soberanía sobre sus tierras”.

Pero una cosa es plasmar palabras sobre un papel, y otra muy distinto es que esa identidad se funde en algo más que una volición lingüística. “Nación árabe”, “pueblo árabe”, “patria árabe”, son generalidades, rasgos indiferenciados que ubican a esa identidad palestina en un espectro más bien abstracto – sin fronteras, sin atributos característicos – de la realidad.

Así pues, el mismo liderazgo que redactó la constitución, recurrió a inventar, mentir y hurtar Historia para crear la suya propia de la nada. Al punto de llegar a aseverar que Jesucristo era palestino…
 
 
 
En medio de la ola de atentados terroristas palestinos contra israelíes, el alto funcionario de Fatah (miembro de su Comité Central, ex director del servicio de Inteligencia General de la Autoridad Palestina) Tawfiq Tirawi, dijo, con orgullo (27 de octubre de 2015): “El palestino por naturaleza y educación siente un sentido de pertenencia a la tierra y a la patria. Escuche, mi hijo tiene dos años y tres meses. Ayer, le cantó a su madre: ‘Escolta al mártir a su casamiento'. No conoce el significado de esta canción [la creencia de que los mártires se casan con 72 vírgenes en el Paraíso]. Hoy, su madre me dijo que cantó: “Papi, cómprame una ametralladora y un rifle, así voy a derrotar a Israel y a los sionistas'. ¡Un niño que aún no tiene tres años! Un palestino crece con un sentimiento de pertenencia a la tierra, a la patria y al pueblo”.
 
 
 

2. Rechazo del modernismo

En realidad, y sobre todo, es el reflejo de una ideología basada en la Sangre y la Tierra (el “Blut und Boden” nazi, puntualizaba Eco).

Así, el portavoz de las Fuerzas de Seguridad de la Autoridad Palestina, Adnan Al-Damiri, publicaba – tal como informaba el 29 de diciembre de 2015 la organización Palestinian Media Watch - en su página oficial de Facebook el siguiente mensaje al movimiento juvenil de Fatah:

“Enséñale a tus hijos el amor a la tierra ...

Enséñales que hay una semilla en el suelo

Y si la riegan con sangre, una revolución florecerá

Enséñales que Fatah es la revolución eterna…”

El 17 de septiembre de 2015, el periódico oficial de la Autoridad Palestina, el Al-Hayat Al-Jadida señalaba:

“Su Señoría [Mahmoud Abbas] saludó a los murabitin [aquellos que llevan adelante la ribat, conflicto/guerra religiosa para proteger la tierra pretendidamente islámicas] y declaró: ‘Cada gota de sangre que ha sido derramada en Jerusalén es sangre sagrada en tanto lo fue por Alá. Cada mártir (shahid) alcanzará el Paraíso, y cada herido será recompensado, Alá mediante”.

En tanto, casi un año antes, en noviembre de 2014, el Times of Israel informaba que el director del Departamento de Comunicación de Fatah en el Líbano, Muhammad al-Biqa'I, elogiaba a los palestinos que perpetraron tres atentados terroristas en los que resultaron muertos cuatro israelíes, en los siguientes términos:

“Millones de mártires están marchando a Jerusalén. Salieron con sus armas, con su verdadera creencia de que Jerusalén necesita sangre para ser purificada de los judíos”.

El medio apuntaba que una semana antes, el representante del Ministerio de Asuntos religiosos de la Autoridad Palestina llamó a los palestino a que se “apresuraran hacia Jerusalén para ofrecer sacrificios y sangre”.

Mientras tanto, la construcción de un estado, de sus instituciones, puede esperar. Y mientras tanto, los líderes (y sus familiares) se enriquecen.

Y mientras tanto, la tierra empapada en sangre estéril. En sangre y más sangre...

Tawfiq Tirawi, miembro del Comité Central de Fatah (television oficial de la Autoridad Palestina, diciembre de 2013):

“Digo, desde una posición de responsabilidad, que ni un centímetro de Jerusalén sera liberado a no ser que cada grano de suelo palestino esté empapado en la sangre de su gente…”.

Tanta sangre empapando suelo dejará un pueblo sin gente – sólo unos pocos, muy ricos…

A todo esto, ¿qué tierra es la que hay que regar, calar, de sangre?

Tawfiq Tirawi: “Volveréis al seno de la legitimidad, al seno de la Patria, que está representada por la [Franja] de Gaz y Cisjordania, por Palestina, toda Palestina, desde su río [Jordán] a su mar [Mediterráneo]. Este es nuestro objetivo, y es la luz que ilumina nuestro camino; estos son nuestros principios en el movimiento Fatah: Palestina – Gaza es parte del mismo; Cisjordania es parte, y también lo es Haifa, Jaffa, Acre y lo es toda Palestina, que será un estado independiente para nosotros, con la ayuda de Alá”.

Haifa, Jaffa y Acre son ciudades israelíes que no son materia de ninguna negociación.

Carta escrita por Abbas (2012) a los residentes de Gaza:
 
Nuestra tierra fue conquistada y no es territorio en disputa, y esto es así para toda la tierra que Israel conquistó antes de junio de 1967”.

Es decir, todo. Israel no tiene derecho a existir…

11 de marzo de 2016, televisión oficial de la Autoridad Palestina. Habla el presidente Mahmoud Abbas. Y le dice a su gente:

Hemos estado bajo ocupación por 67 o 68 años [es decir, desde el establecimiento de Israel en 1948]. Otros se habrían hundido en la desesperación y la frustración. Sin embargo, estamos decididos a alcanzar nuestro objetivo porque nuestro pueblo está con nosotros”.

Vale la pena recordar dos artículos de la constitución de Fatah ya mencionados:

- artículo 12: “completa liberación de Palestina, y a la erradicación de la existencia económica, política, militar y cultural sionista

- artículo 8: la “existencia israelí en Palestina es una invasión sionista”.

Es decir, la tierra palestina es todo.
 

3. Culto a la acción (por la acción misma)

“Fatah abraza a su gente y alaba a sus mártires. Para ser verdaderos palestinos, debéis ser luchadores abnegados...”, página oficial de Facebook de Fatah, 27 de diciembre de 2016

 

La acción es “bella” en sí misma; por lo que debe llevarse a cabo sin reflexión previa. NI más ni menos que el sustrato perfecto para la cultura de los “mártires”, para “justificar” el asesinato, el terrorismo, las amenazas constantes de masacre.

En agosto de 2016, Fatah publicó, según daba cuenta Palestinian Media Watch, una lista de “logros” en su cuenta oficial de Facebook, “Para aquellos que discuten [con Fatah], para los patanes, y para aquellos que no conocen su historia”.

Fragmento inicial de la lista:

Fatah ha matado a 11.000 israelíes

Fatah ha sacrificado a 170.000 shahids (“mártires”)

Fatah fue el primero en llevar a cabo operaciones (es decir, atentados terroristas) durante la primera intifada, y fue la primera facción palestina en alcanzar el reactor de Dimona (en realidad, un secuestro de autobús y asesinato de tres civiles israelíes que iban de camino a trabajar en la planta nuclear de Dimona, en 1988)”.

El “logro” es la acción en sí misma. Nada más que muerte: desprecio a la vida.

Y como hay que actuar, el artículo 17 de la constitución de Fatah reza:

La revolución pública armada es el método inevitable para liberar palestina”.

Por eso (artículo 19), por si no quedara claro:

La lucha armada es una estrategia, no una táctica, y la revolución armada del pueblo árabe palestino es un factor decisivo en la lucha por la liberación y en el arrancar la existencia sionista, y esta lucha no cesará a menos que el estado sionista sea demolido y Palestina completamente liberada”.

Y negociar, no es actuar… Actuar es matar o morir en el intento o en el acto. Por eso Fatah (artículo 22) se “opone a cualquier solución política ofrecida como alternativa a la demolición de la ocupación sionista de Palestina…”

Sólo la acción. Es decir, sólo la violencia: la masacre (“demolición”, “erradicación”, “arrancar la existencia”, del sionismo, de Israel) del “otro”.

El periodismo, en tanto, está de asueto. Vez tras vez hechos y declaraciones y evidencias se le escapan. Como cuando en marzo de 2014, Abbas Zaki, un importante miembro del Comité Central de Fatah declaraba: “En Fatah aún conservamos el principio de la lucha armada – pero debe ser utilizado cuando sea útil para nosotros y cuando se cobre un alto precio del enemigo...”.

Esto no es algo nuevo. Mahmoud Abbas ya había mencionado en varias oportunidades su apoyo a la opción de la lucha armada cuando ésta fuese conveniente:

No abandonaremos nuestros principios y hemos dicho que los rifles deben dirigirse contra la ocupación”. (Jerusalem Post, 11 de enero de 2007)

 
Recuérdese que Abbas y los líderes palestinos consideran todo, incluido el Estado judío, como territorio ocupado… Sin importar líneas de armisticio ni fronteras. Todo es “Palestina”. A tal punto es así, que según informaba el diario israelí Times of Israel el 22 de enero de 2016, un alto cargo de Fatah, Tawfik Tirawi, dijo en una entrevista con la agencia palestina de noticias Ma'an, que un “Estado palestino junto a Israel es sólo ‘una etapa' y que Palestina debe extenderse finalmente del río Jordán al mar”. Y, además, declaró: “No crean que habrá una solución a la cuestión palestina mediante el establecimiento de un estado cuyas fronteras estén limitadas a Cisjordania y Gaza”.
 
¿Moderado?
 

 
“En la coyuntura actual, me opongo a la lucha armada porque no podemos tener éxito en la misma, pero quizás en el futuro las cosas sean diferentes”. (JerusalemPost, 28 de febrero de 2008)

“He dicho más de una vez que si los árabes quieren guerra, que estamos con ellos. No podemos luchar solos… No queremos recurrir a la lucha armada porque nuestras capacidades y el ambiente internacional no lo permiten”. (Al-Hayat Al-Jadida – diario oficial de la Autoridad Palestina -, 24 de enero de 2011)

Mientras tanto, una “lucha armada” de baja intensidad: una “resistencia popular” pretendidamente espontánea, que según el Centro Meir Amit es una estrategia implementada en el terreno, pero que está integrada a las campañas políticas, económicas, de propaganda y judiciales emprendidas por la Autoridad Palestina contra Israel. Esta “resistencia” se puede utilizar para ejercer presión sobre Israel hasta el punto adecuado para los acontecimientos políticos.

“La Autoridad Palestina apoya de manera pública la violencia sistemática utilizada en los ataques de resistencia popular, tanto directa como indirectamente, proveyendo de apoyo financiero y logístico…”, afirmaba el informe del Centro Meir Amit.
 
 
 
Abu Al-Einem, asesor de Mahmoud Abbas, 27 de junio de 2016: “Si me preguntara por mi posición personal, le diría: en cada lugar que encuentre un israelí, rájele el cuello. De la misma manera, estoy en contra de las conversaciones, negociaciones, reuniones, y normalización en todas sus formas con la ocupación israelí”.
 
 
 
La acción, pues, es, para el liderazgo palestino, sinónimo de violencia. No hay ninguna otra acción posible. Al punto es así, que Fatah no festeja su fecha de fundación, sino la del primer ataque terrorista que llevó a cabo contra Israel. Muy moderado, ¿no?
 

4. El desacuerdo es traición

Es el palestino un liderazgo que encierra a la sociedad sobre sí misma, y que, al hacerlo, le cierra también el ámbito del debate y el disenso. Todo lo que se salga del discurso oficial, de la línea oficial, es una traición.

El periodista Khaled Abu Toameh comentaba en un artículo de junio de 2016, que tanto Mahmoud Abbas como su predecesor, Yasser Arafat, le enseñaron a los palestinos que “insultar” a su presidente es un crimen, un acto de traición. De hecho, “la crítica a Abbas es calificada por “insulto al presidente” y ha llevado a críticos tras las rejas – o peor”.

Meses antes, el propio Toameh informaba (1 de marzo de 2016) que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ordenó la detención de la parlamentaria palestina Najat Abu Bakr. Su “crimen”, explicaba periodista, exponer la corrupción financiera del ministro de gabinete, que está estrechamente vinculado con el presidente Abbas.

Por su parte, el New York Times informaba el 29 de noviembre de 2016 que Mahmoud Abbas se abocaba a solidificar su mandato en la conferencia de Fatah, que ya había sido purgada de la mayor parte de sus oponentes

Los periodistas, claro está, no escapan a la mordaza. En una crónica (Palestinian security forces arrest journalist in Ramallah-area villageFuerzas de seguridad palestina arrestan a periodista en pueblo del área de Ramala) del 29 de diciembre de 2014, de la agencia palestina de noticias Ma'an, se indicaba que según un informe de 2013 del Palestinian Center for Development and Media Freedoms, “hubo 78 violaciones a la libertad de expresión por parte de las autoridades palestina”. A su vez, señalaba que “los críticos han alertado que la Autoridad Palestina continúa con los arrestos y detenciones, motivados políticamente, de activistas y periodistas”.
 

Final de la I parte

Las voces silenciadas. La sangre para regar una utopía que llama al genocidio contra Israel. La vida, para que la usufructúen sus líderes. Las voces, para callar o alabar los odios y la muerte. Entre todo eso, es muy difícil vislumbrar no ya un Estado, sino la voluntad de construirlo.
 
 
 
 
 
 

 

 
         
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