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Falsedades evidentes
por Marcelo Wio
12 de Junio de 2017

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Mentir y deformar los hechos respecto de Israel se ha tornado moneda corriente entre quienes pretenden señalar al Estado judío. Sobre todo en los artículos de opinión, donde al parecer cada cual puede ajustar la realidad a la idea que pretende difundir.

La última muestra de esta práctica fue publicada por el diario El Nuevo Herald el 10 de junio. Su autor titulaba el texto de opinión de la siguiente elocuente manera:

Israel: la soberbia de un estado

Ya sabe, pues el lector, hacia adonde apuntará el articulista, que comenzaba diciendo:

“El presente año se conmemoran dos hechos de gran significación vinculados con Israel. Y con Palestina, esa nación con pueblo, cultura, tradición y sin territorio de libre a disposición y circulación. El primero, de hace 70 años: la Resolución 181(II) de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 que partió Palestina en dos: un sector para el “Estado judío” y otro para el “Estado árabe””.

Pero hace 70 años el liderazgo árabe y palestino decía “no” al plan de partición y lanzaba una guerra contra el recién declarado Estado de Israel; como consecuencia de la misma, Egipto ocupó Gaza, y Jordania, Cisjordania y Jerusalén Este.

Menudo olvido. O no tanto. A fin de cuentas, sólo bastaba ver cómo seguía el texto, para percatarse de que las omisiones eran parte necesaria del "argumento".

“El segundo hecho que se conmemora es trágico: el inicio por parte de Israel de la “Guerra de los seis días”, hace 50 años, lanzada el 5 de junio de 1967. Desde entonces, salvo por la devolución del Sinaí a Egipto, se mantuvieron bajo el dominio militar de Israel, Cisjordania, la franja costera de Gaza, Jerusalén Este y las Alturas del Golán (Siria). [...] No obstante lo trágico de una guerra, Israel se apresta a celebrar, sí, celebrar, “la reunificación de Jerusalén”, a pesar de que la parte Este de la ciudad santa fue una “conquista” militar (1967) y a que es uno de los puntos sometidos a consideración en todos los acuerdos o intentos de acuerdo en el conflicto palestino-israelí”.

Israel no inició la guerra. Fueron los estados árabes.

Egipto bloqueó los Estrechos de Tirán, un acto de guerra (casus belli). A su vez, este mismo país expulsó a las fuerzas de las Naciones Unidas del Sinaí - que estaban allí para salvaguardar la paz -, y concentró tropas en la frontera con Israel. Lo propio hicieron Siria y Jordania en sus fronteras o líneas de armisticio.

Politico.com sexplicaba de la siguiente manera:

"The Egyptians, for the first time since 1956, had moved forces into Sinai, massing 100,000 men and 900 tanks virtually on Israel's southern border. Transistor radios carried increasingly dire reports: The Iraqis had sent troops and jets to bolster the Jordanian army on our eastern front, where Israel was just nine-miles wide at its narrowest. To the north, the Syrians were digging in their artillery on the Golan Heights from where they could look down on the Israeli settlements and towns. On May 26, 1967, Egyptian President Gamal Abdel Nasser said it plain in a public speech: “This will be total war. Our basic aim will be to destroy Israel”."

Pero las páginas de El Nuevo Herald elegían publicar una falsificación del historia que culpara de la guerra a Israel - la idea, responsabilizarlo de sus consecuencias; que la ocupación no sea vista como el producto de una guerra defensiva israelí.

Así, el texto seguía adulterando los hechos:

“Resolución 242 del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU del 22 de noviembre de 1967: Exigía a Israel “el retiro militar de los territorios árabes ocupados a Palestina incluyendo Jerusalén Este, las alturas del Golán de Siria y el Sinaí de Egipto. Exigía a Israel, además, fijar sus fronteras internacionales”.

Quizás la “soberbia” que se menciona en el título tenga que ver más con el autor del artículo que con Israel... La soberbia de quien fabrica hechos para darse la razón.

El texto en inglés llama a la “retirada de territorios”. Es decir, no especificaba la extensión de dicha “retirada”, puesto que las nuevas fronteras debían negociarse. Pero, en lugar de ello, los Estados árabes se reunieron en Sudán y emitieron la famosa declaración de Jartum, obsequiando sus tres "no": "no a la paz, no reconocimiento y no a las negociaciones” con Israel.
 
Por otra parte, Arthur Goldberg, embajador de Estados Unidos ante la ONU en 1967, y uno de los diplomáticos clave en la redacción de la resolución, aclaraba que:

“Los textos francés y soviético difieren del inglés… pero fue el texto inglés el que fue votado por el Consejo de Seguridad, y por lo tanto, es el determinante.”

Y el ex embajador británico ante la ONU, y otro de los autores principales del texto de la resolución 242, Lord Caradon, indicó en 1974:

Habría sido incorrecto exigirle a Israel que retornara a sus posiciones del 4 de junio de 1967 [inicio de la Guerra de los Seis Días]… Por ello, no lo hicimos y creo que teníamos razón para no hacerlo”.

En tanto, el jurista y vicesecretario de Estado para asuntos políticos (1966-1969) Eugene Rostow, quien ayudó a redactar la resolución 242, explicó en un artículo publicado en The Wall Street Journal (Peace still depends on the two Palestines) el 27 de abril de 1988, que la resolución 242 establece 3 principios sobre el aspecto territorial del proceso de establecimiento de la paz :

1) Israel puede ocupar y administrar los territorios que ocupó durante la Guerra de los Seis Días hasta que los árabes acuerden la paz.

2) Cuando se alcance un acuerdo de paz, deben delinear fronteras “seguras y reconocidas” a las que Israel pueda retirarse.

3) Esas fronteras pueden diferir de las Líneas de Demarcación del Armisticio de 1949.

El “argumento” del texto de que publicaba El Nuevo Herald, resultaba ser, así, fraudulento. Tanto, que llegaba a afirmar que la resolución 338 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 23 de octubre de 1973:

“... exhortaba a Israel al “cumplimiento de la resolución 242” tal y como se había dictado seis años antes. Clarísimo. Y reiteraba la “exigencia a su retiro militar de los territorios árabes ocupados, incluyendo Jerusalén Este””.


Pero la resolución 338 no menciona ni una sola vez la palabra “Jerusalén” o “retirada militar”.

La resolución 242 tampoco hace mención a Jerusalén.
 
 

 
 
Desde eliminar de la ecuación a los líderes palestinos y árabes, a fabricar datos, todo vale para retratar a un Estado como “ilegítimo”, como obstáculo para la paz; una suerte de Estado “demoníaco”.
 
 
 
 
         
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