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Fabricando silencio
por Marcelo Wio
4 de Mayo de 2015

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Si una ONG publica un informe que señala que las acciones del Ejército de Israel son “indiscriminadas” y que “violan el Derecho Internacional”, ¿qué cree que hace la prensa en español? ¿Verifica la información? ¿La contrasta con datos de otros informes? ¿O las publica sin más?
 
Pues esto último es lo que hicieron algunos diarios en español con un informe de la ONG israelí Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio; BtS). Entre los medios, se encontraban El País (Israel atacó en Gaza de forma indiscriminada, según excombatientes) y El Periódico (Israel aplicó en Gaza una política de “fuego indiscriminado”). Este último, le daba una amplia y unilateral cobertura a dicho documento; ahondando, de esa manera, en una imagen prefigurada y negativa de Israel (entre los subtítulos - sin comillas – de la crónica figuraban: “Orden de disparar a matar”, “Destrucción masiva”; “Violación metódica”).

Todo ello, a pesar de que el Centro Meir Amit ha ido publicando en los últimos meses un examen de los nombres de palestinos fallecidos en Gaza en el transcurso de la operación Margen Protector que echa por tierra la tesis de una acción israelí “indiscriminada” (que no “selecciona”, que no excluye a los civiles; es decir, que ataca por igual a personas involucradas en el conflicto y a aquellas que no lo están).

Llamativamente, los medios, que de manera implícita, reflejaban – durante el transcurso de la guerra en Gaza, e inmediatamente finalizada ésta - como “ridícula” (por desproporcionada en comparación con las bajas palestina) la cifra de 65 soldados israelíes muertos durante dicha operación; parecían ver, en cambio, como relevante o representativo, el testimonio (anónimo) ofrecido por "60 oficiales y soldados" israelíes a la ONG Breaking the Silence… ¿Qué porcentaje representan estos "60 oficiales y soldados" del total que participó en la operación? Y, acaso más importante, ¿puede confirmarse su testimonio de alguna manera?

Precisamente El País señalaba en su crónica que Yehuda Shaul, uno de los fundadores de la ONG, precisaba que sólo “una cuarta parte de los testimonios incluidos en el informe procede de oficiales y que el resto [tres cuartas partes] es de soldados de reemplazo o reservistas”. ¿Qué representa esto? ¿Todos intervinieron en primera línea? ¿Qué información manejaba cada uno? ¿Qué valor estadístico tiene el informe de Breaking the Silence? Y, más importante aún, ¿es confiable la ONG? ¿O, por el contrario, tiene una postura tomada ante el conflicto palestino-israelí?

En este sentido, ninguno de los dos medios explicaba algunos puntos conflictivos de la ONG, cuyo informe citaban. Entre ellos, uno que Ricki Hollander, analista de CAMERA, ya apuntara en 2009:

“En tanto que su sitio web proclama que ‘exigen rendición de cuentas en relación a las acciones militares israelíes en los territorios ocupados perpetradas por nosotros y en nuestro nombre', se niegan rotundamente a denunciar los supuestos incidentes a las autoridades, y se escudan en un manto de anonimato, ocultando sus propias identidades, las identidades de otras personas que intervienen y los detalles que permitirían a las autoridades corroborar sus testimonios”.

Es más, Hollander señalaba entonces algo que, según daban cuenta ahora los medios, volvía a producirse una vez más: según el Ejército israelí, “al igual que anteriores ocasiones, Breaking the Silence se ha negado a aportar las pruebas antes de publicar su informe, lo que hace imposible abrir una investigación”.

Hollander indicaba que en una entrevista del 15 julio de 2009 (BBC World Service Radio), el co-director del grupo, Mikhael Manekin, respondió a una pregunta sobre por qué su organización no reporta sus denuncias a las autoridades, de la siguiente manera:

“No es nuestra posición. Nosotros nos vemos más como una agencia de noticias. Nuestro propósito es generar una discusión pública sobre lo que está sucediendo allí…”.

De hecho, según manifestaba El País, “Yehuda Shaul... explica que la intención de su organización ha sido ‘abrir un debate público sobre un Ejército de un país democrático'”.

De esta manera, y como decía Hollander, al parecer “la misión del grupo no es realmente la de ‘exigir rendición de cuentas', sino que está orientada a demonizar al Ejército israelí antes de que las acusaciones se investiguen”.

De lo que se sigue - además de lo que se desprende principalmente del amplio artículo (en cuya amplitud no cabía otra fuente que no fuera BtS) de El Periódico -,  el informe “pone en duda” o minimiza hasta el ridículo las precauciones que tomó el Ejército israelí para evitar las bajas civiles en Gaza, con el fin de “confirmar” la hipótesis de la que partía la ONG: Israel actúa de manera “indiscriminada”.
 
 
 
El informe de Breaking the Silence (BtS) según NGO Monitor

La organización NGO Monitor señalaba, a propósito, de Breaking the Silence, que la ONG realiza campañas mediáticas y de lobby, además de presentaciones frecuentes en Europa y Estados Unidos, que buscan incidir en audiencias internacionales, y no en la sociedad israelí, como asegura.

Además, esta organización señalaba que “BTS hace que las acusaciones generales basadas en testimonios anónimos y anecdóticos no verificables, de soldados de bajo rango. Estos ‘testimonios' carecen de contexto, ignorando el hecho de que durante la guerra de Gaza 2014 fuertes combates tuvieron lugar entre Israel y grupos terroristas en Gaza, y que los soldados que enfrentaron graves peligros a lo largo de todo el conflicto de cohetes, proyectiles de mortero, y de los terroristas que salían de túneles excavados bajo casas particulares. Estas distorsiones y omisiones encajan en el programa ideológico de BtS y alimentan las campañas de deslegitimación contra Israel”.

Y añadía que:

“Las acusaciones de BtS de que las FDI funcionan según un principio de ‘riesgo mínimo para nuestras fuerzas, incluso a costa de dañar a civiles inocentes', junto a ‘un intento para aterrorizar a los palestinos' y que ‘serios interrogantes surgen en cuanto a las normas morales que guían las operaciones de las FDI, no concuerdan con los testimonios, y no son más que un intento de la ONG de retratar los acontecimientos en consonancia con su agenda política”.
 
 
 
Pero, ¿el periodismo no debería basarse en los hechos, en la diversidad de fuentes de información, en la verificación de la misma y en su contextualización?
 
Entonces, ¿por qué transcribir aquellos informes – sin corroborar mínimamente los datos y la metodología de recolección de dicha información – que parecen “confirmar” el retrato de unas acciones israelíes “indiscriminadas”? ¿Acaso no se realizan búsquedas de fuentes alternativas?
 
 

Unas cifras dudosas que ponen en entredicho la tesis de la “indiscriminación”

Durante la pasada operación Margen Protector, la BBC (7 de agosto de 2015) – corporación mediática inglesa de la que no puede sospecharse una visión pro-israelí – informaba sobre el desproporcionado número de hombres jóvenes – en los grupos de edades más frecuentes de combatientes -, entre las llamadas bajas civiles en Gaza.

Por su parte, Steven Stotsky, analista Senior de CAMERA, en un artículo publicado por la revista Time, advertía que las cifras facilitadas por Hamas y otros grupos deben considerarse con cuidado.

Y recalcaba que no sólo las cifras proporcionadas por Israel arrojan dudas sobre la afirmación de que la mayoría de las bajas son no-combatientes, sino que un examen cuidadoso de las fuentes palestinas también plantea dudas.

Stotsky explicaba:

“Los análisis de las víctimas que figuran en los informes diarios publicados por el Centro Palestino para los Derechos Humanos (CPDH), una organización con sede en Gaza operando bajo el gobierno de Hamas, indican que los hombres jóvenes entre los 17 a 30 años constituyen una gran parte de las víctimas mortales, y que un aumento especialmente notable se da entre los varones de entre 21 y 27 años, un patrón consistente con la distribución por edades típicamente encontrado entre los combatientes y los reclutas. Fuentes palestinas intentan ocultar esta discrepancia con su mensaje público mediante el etiquetado de civiles de la mayoría de estos hombres jóvenes. Sólo una minoría se identifica como miembros de grupos armados.

El CPDH proporciona los informes más detallados, que el de los distintos organismos palestinos de Gaza que proporcionan cifras de las bajas a los medios de comunicación y a las organizaciones internacionales como la ONO – cuyas cifras se asemejan mucho a los de la Ministerio de Salud de Gaza, gestionado por Hamas y otros grupos”.

Además, el analista de CAMERA recordaba que esta realidad ya se ha visto antes:

“Una disputa similar sobre las cifras de víctimas se produjo durante la ‘Operación Plomo Fundido' de Israel en la Franja de Gaza en enero de 2009... La Comisión Investigadora de la ONU, encabezada por Richard Goldstone, que produjo el Informe Goldstone, citó cifras del CPDH, junto con otros grupos palestinos que proporcionaron cifras similares. Más de un año después, luego de los medios de comunicación siguieron adelante con otros temas, Hamas Fathi Hammad, Ministro de Interior de Gaza, cifró las bajas de Hamas en 600 a 700, una cifra cercana a la estimación israelí de 709 y alrededor de tres veces superior a la cifra de 236 combatientes proporcionadas por el CPDH en 2009 y citada en el Informe Goldstone. Inicialmente, actuando para la audiencia internacional, era importante para Hamas para reforzar la imagen de la acción militar de Israel como indiscriminada y desproporcionada, haciendo hincapié en el elevado número de civiles y el bajo número de combatientes de Hamas entre las víctimas mortales. Sin embargo, más tarde, Hamas tuvo que lidiar con la otra cara de la cuestión: la población de Gaza sintió que había sido abandonada por el gobierno de Hamas, que no había hecho ningún esfuerzo para protegerlos”.

Por su parte, el Centro Meir Amit lleva varios meses analizando los nombres de los fallecidos (a partir de la lista publicada por el Ministerio de Salud de Gaza, por una lista publicada por Felesteen, un órgano de Hamas; a través de consultas en redes y sitios web de diversas organizaciones, especialmente Hamas y la Yihad Islámica Palestina, así como de información de medios de comunicación, tanto palestinos como árabes; y con el fin de complementar o validar algunos de los nombres, utilizando información procedente de fuentes de seguridad israelíes) en Gaza durante la operación Margen Protector. En la 10ª parte de su “Examen de los nombres de los palestinos muertos en la operación Margen Protector” (23 de febrero de 2015), indicaba:

Los resultados de nuestra investigación hasta ahora (basada en un examen de aproximadamente el 61% de los nombres de los fallecidos) sugieren que las bajas afiliadas a organizaciones terroristas constituyen aproximadamente el 48,7% de los nombres que han sido identificados, y los civiles no involucrados constituyen aproximadamente el 51,3%. Esta proporción puede variar en el futuro”.

Con los los combates teniendo lugar principalmente en barrios densamente poblados – porque desde allí, precisamente operaban los grupos terroristas o almacenaban su arsenal -, si el Ejército israelí hubiese actuado de manera “indiscriminada”, ¿sería lógico este ratio de víctimas? ¿No debería haber muchas más bajas civiles? Máxime cuando, justamente, gran parte de las operaciones de los grupos terroristas se llevaron a cabo desde zonas civiles y bajo túneles con entradas en dichas áreas.

¿Por qué falta, de manera casi sistemática, este tipo de información y de fuentes en las crónicas sobre Israel? ¿Y por qué siempre se reiteran las fuentes que repetidamente señalan a Israel como “culpable” o “responsable” de lo que ocurre en el marco del conflicto?

¿Por qué erigirse en altavoces del informe de una ONG? ¿Y por qué creer sin más la cifras proporcionadas por Hamas a la ONU?

Acaso sólo tomando las cifras proporcionadas por un grupo terrorista – así considerado por Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros - , y reiterando una “campanada”, pueda darse “crédito” al informe de Breaking the Silence. Aunque, realmente, ni siquiera así…
 
 
 
 
         
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