ReVista
 
   
 
       
         
 
 
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
 
 
 
 
 
 
 
 
Julio María Sanguinetti, presidente de Uruguay (1985-1990 y 1995-2000)
Entrevista al ex Presidente de Uruguay, Dr. Julio María Sanguinetti
por Agustín Ulanovsky
15 de Abril de 2011

Imprimir Imprimir | Enviar Enviar | Bookmark and Share Compartir

Agustín Ulanovsky es el representante universitario de CAMERA en Latinoamérica

 
En una región con abundantes ejemplos de políticos y funcionarios que se han involucrado en la vida pública para sólo obtener réditos personales, qué gran valor tiene encontrarse con un político de raza, de la talla del ex Presidente del Uruguay Dr. Julio María Sanguinetti.

Concreto, sincero y ecuánime, el Dr. Sanguinetti es un gran estudioso de las múltiples aristas que tiene el Conflicto en Medio Oriente. Movilizado por su confianza en la democracia y la libertad, no duda en considerarse "un amigo de Israel". No lo hace por conveniencia, de hecho reconoce que ello le ha traido muchas dificultades en lo personal, sino por los valores que lo motivan en su incansable lucha contra los totalitarismos, el fundamentalismo y el extremismo.

A continuación se transcribe una entrevista que busca indagar toda la actualidad del Conflicto en Medio Oriente y las distintas perspectivas del Dr. Julio Maria Sanguinetti.

ENTREVISTA

Agustín Ulanovsky: Históricamente, Uruguay ha tenido siempre una postura bastante favorable con respecto a Israel pero hoy encontramos por ejemplo que el Presidente Mujica ha reconocido formalmente al Estado palestino. ¿Qué impacto usted considera que este reconocimiento tiene en lo que es la relación Uruguay-Israel?

Julio María Sanguinetti: Uruguay tiene una relación no bastante sino muy favorable y proclive a Israel porque está íntimamente vinculado a su nacimiento. Uruguay fue un activo partícipe de la famosa comisión de Naciones Unidas que produjo la partición de Palestina y el nacimiento de los dos Estados que nacieron entonces: el Estado de Israel y el Estado árabe. Desgraciadamente, el Estado de Israel no fue aceptado por los Estados árabes limítrofes que iniciaron así este largo conflicto que hubiera podido ser evitado en la medida en que hubieran nacido esos dos Estados. Ahora estamos, 60 años después, tratando de que exista lo que ya en su momento se definió y resolvió. En Uruguay hoy, hay un partido de gobierno que ha tomado una posición más pro-palestina que anti-israelí, que arrastra de la posición antinorteamericana de viejos grupos de izquierda comunistas. Son ese tipo clásico de agrupación latinoamericana que más que tener una posición de fondo sobre el tema, tiene opiniones reactivas. A Israel lo apoya Estados Unidos, entonces estamos en contra de Israel. Los palestinos son los que tienen el conflicto con Israel, entonces simpatizamos con los palestinos porque estamos en contra del aliado israelí, Estados Unidos. No hay ni una militancia palestina propiamente dicha ni un vínculo cultural que pueda aproximar a Uruguay con Palestina. En el mundo de los principios, hemos sido siempre muy favorables al surgimiento del Estado de Israel y del Estado árabe, de hecho los diplomáticos uruguayos de aquella época fueron artífices de esa solución. En cambio, hay otras soluciones como las que vienen de Irán, que ya no pasan sólo por el derecho palestino sino por la negación de Israel. Es decir, los palestinos son usados para negar a Israel. De modo que es una lástima que hoy nuestro gobierno se adelante a reconocer al embrión del posible Estado palestino; primero porque desde el punto de vista del Derecho Internacional no es un Estado por lo que se está siendo algo incoherente y en segundo lugar porque no va a ayudar. Esto necesita diálogo y construcción, imaginarse que ya hay un Estado palestino funcionando, lejos de ayudar al dialogo, lo aleja. De modo que no compartimos realmente esta decisión de nuestro gobierno.

Agustín Ulanovsky: Usted mencionaba en su respuesta el tema de Irán. Me llamó la atención que hace algunos meses, Mujica dijo públicamente que pretende mantener sólidas relaciones con Irán. Mientras Argentina sigue reclamando colaboración a Irán en las investigaciones de los atentados a la Embajada de Israel y A.M.I.A., ¿no es cuestionable que Uruguay pretenda profundizar sus relaciones con Irán?

Julio María Sanguinetti: Uruguay ha tenido a lo largo de los años siempre relaciones comerciales con Irán. Cuando ellos tuvieron la guerra Irán-Irak, alguna gente cuestionó que se mantuviera la relación comercial pero en nuestra política exterior siempre estuvo la idea de mantener un vínculo abierto en lo comercial, no condicionado a lo político. De modo que por esta causa siempre se mantuvo un vínculo comercial estable. Lo político es otra historia, allí no ha habido relaciones particulares. Lo que sí ha habido en los últimos tiempos es una relación de Brasil que pretendió, en los tiempos de Lula, establecer un vínculo con Irán que felizmente no arrastró a Uruguay y que incluso fue criticado en nuestro país. Más allá de las relaciones comerciales y de los vínculos diplomáticos, no creo que haya ningún paso más allá en la relación Uruguay- Irán y no lo debe haber porque Irán no tiene una relación de rivalidad o conflicto diplomático con Israel sino una relación de negación. Es casi insólito que un Estado que pregona, proclama y no oculta su voluntad de destruir a otro integre Naciones Unidas. Son esas cosas extrañas e hipócritas que tenemos en la comunidad internacional.

Agustín Ulanovsky: Poniendo el enfoque en América Latina, la “sensación térmica” en las universidades dice que hay mayor apoyo a la causa palestina y mayores críticas al Estado de Israel. ¿A qué lo atribuye?

Julio María Sanguinetti: Primero, hay una prédica fuerte pro-palestina que tiene su valor. En segundo lugar, está siempre ese antiyanquismo latente que, como a veces no se expresa abiertamente, se expresa equívocamente. En tercer lugar, se han magnificado actitudes o episodios del Estado de Israel que pueden ser discutibles, como los asentamientos, y de todo ello se ha hecho un capítulo que llegan a las exageraciones fantásticas que ignoran lo que es Israel, su democracia, su progreso, su respeto a las libertades y su tradición de respeto a los derechos humanos, que es ontológica y su razón de ser. Hay un avance de esa situación y no en la buena dirección porque más que una postura pro-palestina, hay anti-israelismo.

Agustín Ulanovsky: Como ex Presidente, ¿confía en que la diplomacia y las Naciones Unidas sean los medios eficaces para derrotar al fanatismo y el terrorismo que hoy vislumbramos en el mundo árabe?

Julio María Sanguinetti: Naciones Unidas no es más ni menos que la voluntad de sus partes y lo que puedan hacer sus potencias rectoras y sus números. Desde ese punto de vista, Naciones Unidas no es garantía porque los números normalmente son anti-israelíes, muchas veces ligadas a una posición contra Estados Unidos. El fenómeno terrorista es mucho más profundo que las soluciones políticas o diplomáticas, es un fenómeno cultural que hace al pensamiento, al periodismo, al mundo de las universidades, al mundo religioso. A veces, en la propia política del Medio Oriente, países árabes y musulmanes, uno ve corrientes civilizadas proclives a soluciones de paz pero, por otro lado, siguen las madrazas produciendo terroristas. Si siguen las escuelas de terrorismo, cuesta imaginar que esto va a tener una solución sencilla. Es un tema complejo y profundo al que hay que seguir dando un combate de ideas en forma constante. Por otra parte, hay también muchos prejuicios. Israel arrastra los prejuicios antijudíos que son muy históricos y ancestrales, que están enclavados en muchos sectores y que a veces son usados para objetivos políticos. Desde ya que Naciones Unidas debiera ser el gran instrumento pero también sabemos que las potencias se esterilizan entre sí y que generan muchas situaciones de impasse. Por ello yo sigo confiando en el correr del tiempo y en el mejor vivir de la gente porque la gente que empieza a vivir mejor, como ya se está viendo en Cisjordania, aprecia la paz. La capacidad de agitación va en función inversa de aquello que uno puede perder. Cuando uno no tiene nada para perder, la capacidad de revuelta es ilimitada; cuando uno empieza a tener algo para perder, la capacidad de revuelta empieza a disminuir. Esto mismo va a producir sus efectos: no todo el mundo va a querer arriesgarse por estos fanáticos que justamente no ayudan a que gente como la que vive en Gaza mejore su calidad de vida.

Agustín Ulanovsky: ¿Lo que pasa en el mundo árabe es una oportunidad para que Occidente, luego de una seria autocrítica, pueda favorecer procesos que eleven la calidad de vida de los ciudadanos y que ahí si haya algo que el común de la gente pueda perder?

Julio María Sanguinetti: Cuando miramos a Occidente, hay que saber de qué estamos hablando. El mundo árabe fue durante muchos años parte de las luchas imperiales. Desde los persas, los romanos, los egipcios y los imperios modernos, como los ingleses o franceses, todos han dejado allí secuelas, buenas, regulares o malas. A la luz de los acontecimientos, lo mejor que se puede hacer es no estar opinando, metiéndose ni tratar de conducir un proceso que cada Estado árabe deberá llevar con su propia cultura. Porque al final, los países de Europa o los Estados Unidos terminan siendo mal interpretados. Está el fantasma del petróleo y comprendo que es un tema pero también la lógica más elemental dice qué va a hacer Libia si no vende el petróleo a Europa, no se lo va a beber. Si no lo vende, no vive. Hay muchos factores a favor para que las cosas de un modo razonable puedan edificarse en una combinación de intereses que conduzcan a la paz. A su vez, a mi juicio, las potencias occidentales deben actuar con mucha prudencia porque de pronto son muy permisivos y luego se ponen muy principistas. La intervención en un conflicto humanitario está muy bien pero en la política cuidado porque normalmente lo que generan es más reacciones en contra de las que producen a favor.

Agustín Ulanovsky: Hay una famosa frase que dice que en Israel la paz solo la puede hacer la derecha. Hoy tenemos en Israel un gobierno de derecha, ¿piensa que esto es realmente así?

Julio María Sanguinetti: Esa es la vieja idea de que quien está en la posición más extrema tiene mayor margen de maniobra. Eso ha pasado muchas veces y en el conflicto israelí-egipcio, se resolvió con la derecha porque sabía que el otro sector no lo iba a agredir. Esto no es un dogma ni un axioma, es una circunstancia y ojalá pueda ser así. Lo que es importante es que la llamada derecha tenga inteligencia y voluntad de paz, compromiso y transacción porque a veces no es cuestión de derecha o izquierda sino de intransigencia. Derecha e izquierda alude a ciertos valores pero cuidado que puede haber energúmenos de derecha y de izquierda y también gente sensata en ambas posiciones.

Agustín Ulanovsky: Doctor, ¿es difícil ser amigo de Israel?

Julio María Sanguinetti: De eso no hay ninguna duda, siempre ha sido muy difícil. Nosotros lo sabemos bien como país, en lo personal, como partido. No adentro de Uruguay porque siempre ha habido una actitud positiva pero al país mismo le ha costado muchas veces en las relaciones con otros Estados, incluso con Argentina o con Brasil por lo de Irán. No es la cuestión más sencilla ni cómoda.

Agustín Ulanovsky: Justamente eso le quería preguntar dado que su ejemplo nos inspira a muchos jóvenes. ¿Qué es lo que lo motiva a mantener esta postura, hacerla pública y pelear por estos valores?

Julio María Sanguinetti: Los principios y la historia. Nosotros somos una generación que nació bajo el fantasma de la Segunda Guerra Mundial. Mi primer recuerdo de vida es un acorazado alemán de la época nazi en el puerto de Montevideo. Nosotros nos formamos en esa gran batalla de principios que fue el nazismo contra la democracia, después sucedida por la Guerra Fría y luego la batalla de la democracia con el comunismo. Nuestra vida está volcada a ese esfuerzo. Dentro de todas esas situaciones históricas, estuvo el tema de Israel como consecuencia de la doctrina racista donde también se aprendió lo que era el valor de las ideas. Hoy todo el modo dice que “todas las ideas son respetables” y esto no es así, no todas las ideas son respetables. Hay muchas ideas que se sostienen que no son nada respetables y que deben ser combatidas. Desde jóvenes aprendimos a combatirlas y nos seguimos sintiendo con voluntad y deseo de seguir haciéndolo para seguir imaginándonos un mundo en el que valga la pena vivir.

Agustín Ulanovsky: Si como usted dijo la lucha hace muchos años estaba entre comunismo y democracia, ¿hoy dónde está la lucha?

Julio María Sanguinetti: Hay varios tipos de conflictos pero básicamente hoy la lucha es la lucha de la democracia y de la paz contra sus amenazas. ¿Cuáles son? Dos. El terrorismo religioso, fundamentalmente el islámico, y el narcotráfico. Esos son nuestros enemigos hoy.

El autor agradece al Sr. Jorge Cohen por su colaboración para la realización de esta entrevista.

 
         
      Portada | Temas | Países | Publicaciones | Acciones | Sobre Ética | Contáctenos | Enlaces  
         
 
ReVista Copyright 2008-2009