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Enric González
Enric González: Israel, pecadora y no lo admite.
por Monica Cooper
14 de Junio de 2010

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 En la nota del 8 de junio Agresores, víctimas e incomprendidos González posa de ingenuo al escribir apenas comienza el texto:

El asalto al Mavi Mármara, el pasado lunes de madrugada, demostró de nuevo un curioso fenómeno perceptivo: ante unas mismas imágenes, ante unos mismos hechos, el mundo en general tiende a ver una cosa e Israel tiende a ver otra cosa muy distinta. Hace años que eso ocurre. Se trata de una cuestión de foco. El mundo no ha dejado de percibir que Israel mantiene territorios bajo ocupación y que los palestinos padecen una situación esencialmente injusta. Israel, en cambio, parece incapaz de ver eso. Perdida esa referencia esencial, se siente sometido a constantes agresiones y no se explica la incomprensión ajena.

...de ingenuo o de abusador de nuestra inteligencia. “Israel se siente sometida a constantes agresiones y no se explica la incomprensión ajena” Cuando: 1- las Naciones Unidas inculpa a Israel en 450 resolucions de las 700 que ha tomado desde la creación del organismo en 1945. 2- Los diarios, primero que todos el suyo propio, El País, escriben a diario acusaciones a Israel de todo tipo, mientras que los horrores que ocurren en otros lados, incluída Gaza, no se reportan. 3- Ataques y boicots a israelíes en actividades de deportes, artes y ciencias en países de Europa. No solamente que Israel tiene que soportar sin cesar las agresiones físicas de sus vecinos y las verbales de muchos otros sino que aquí González acusa a Israel de ceguera y esencialmente, de no querer admitir su culpa. ¿Es que hemos vuelto a la Inquisición? (No solamente que los judíos son pecadores sino que no lo quieren admitir. Quemémoslos por testarudos.) El planteo de González es inaudito.

La explicación de la dicotomía entre lo que ve el resto del mundo y lo que ve Israel es el resultado de estos factores:

1- la propaganda palestina, árabe e islamista, basada durante 60 años en mantener el status quo de los palestinos para mostrarlos al resto del mundo,

2- el que muchos en el resto del mundo están “históricamente programados”, por razones ampliamente evidentes en el párrafo anterior, para creer fácilmente que los judíos, Israel, son malévolos y deben ser inculpados (léase: antisemitismo).

3- La manipulación de líderes de izquierda y derecha que usan a Israel como una manera de dispersar la atención de la gente de las cosas locales y candentes.

Porque luego de mucho análisis histórico, en resumidas cuentas, la razón de todo este conflicto es mucho mas simple de lo que podría parecer: la negativa de los palestinos y el resto de los árabes de reconocer a Israel y hacer la paz.

Israel, tendría que admitirlo González en su nota, ha hecho lo posible y lo imposible por terminar con el conflicto, desde devolver territorios hasta retirarse unilateralmente, desde hacer ofertas de paz hasta proveer a una población hostil (en Gaza), y si bien ha hecho muchos errores, ninguno que otros países no hayan también hecho y a menudo mucho más despiadadamente, acusar a Israel de tener una óptica sesgada de sus propias acciones como la razón de la diferencia de opinión es, primero: insultar a un país que está en constante estado de reflexión y debate interno y, segundo: no admitir que Israel, como cualquier otro país, tiene una realidad y circunstancias que no se pueden ver desde afuera.

A continuación en su nota, Enric González se lanza a encapsular en tres párrafos una historia intensa y compleja que va desde la fundación de Israel en 1948 hasta 1968, todo a fuerza de elegir aquellos hechos que le resultan útiles para su gesta. Entonces llegamos al párrafo siguiente:

Israel entró desde entonces en su segundo estado de autohipnosis. El primero fue el fundacional: el sionismo consistía en crear un país en un territorio supuestamente vacío ("un pueblo sin país para un país sin un pueblo"), obviando la existencia de los árabes palestinos. El segundo se refirió, y se refiere, a Cisjordania. Ante la enorme cuestión existencial sobre si mantener o renunciar a la tierra del Israel bíblico, ante los tremendos desgarros internos que podía causar el simple hecho de plantear la cuestión (recuérdese el asesinato del primer ministro Rabin, que ofrecía a los palestinos una modesta autonomía dentro de una parte de Cisjordania), la clase política y la mayoría de los ciudadanos prefirieron obviar el asunto.

Como con toda gesta de ambición grandiosista, el resultado de esta lectura es sesgado y magro. “Obviando la existencia de los árabes palestinos” escribe González, como si esto fuera un hecho. En la misma Declaración de la Independencia de Israel, leída el 14 de mayo de 1948, fue dicho:

Aún bajo los violentos ataques que se nos han hecho en los pasados meses, extendemos un llamado a los hijos del pueblo árabe que viven entre nosotros de que mantengan la paz y hagan su parte para construir el Estado en base a la completa e igual ciudadanía y la representación en todas las instituciones, temporarias y permanentes.

La frase que González trae: “un pueblo sin país para un país sin un pueblo”, es errónea. El origen de esta cita es una frase de sonido similar fue usada por Israel Zangwill, dramaturgo que escribió la obra de teatro “The melting pot” que celebraba a EEUU y que todavía se pone en escena en ese país. Su frase, sobre el sionismo fue: Palestina es un país sin un pueblo; los judíos son un pueblo sin un país ( New Liberal Review en diciembre, 1901). Zangwill había visitado Palestina y sabía que había una población, aunque pequeña. Lo que intentó decir en “un país sin un pueblo” es que en esa época, no había allí ningún pueblo o grupo que se identificara a sí mismo como una nacionalidad y que la población era pequeña, como muchos viajeros de esa época los han dicho. La gente que vivía en Palestina, bajo el Imperio Otomano, se consideraban a sí mismos árabes, o griegos, o circasianos, y otros. Los que se identificaban como árabes, lo hacían con sus ciudades, aldeas o tribus, o con la zona de Siria que en esa época abarcaba lo que es hoy Jordania, Sira, Líbano, Israel y los territorios palestinos actuales. Esta frase, distorsionada para enfatizar las intenciones avasalladoras de los judíos, es usada en esta nota y en otros lados maliciosamente, no solamente por su distorsión y falta de contexto sino porque se origina en un individuo periférico, no es el “lema” de Israel o de alguno de sus líderes.

Lo más conspicuo del párrafo es que Gonzalez escribe la historia “de un lado”: Israel pareciera estar aislada haciendo su historia sola y no en concordancia y en relación con otro pueblo, el palestino, que, entre otras cosas, incita, ataca, y tiene, potencialmente, tanto poder para decidir su destino como Israel. En ningún lugar menciona González las acciones de los árabes: los ataques, el odio, las guerras que lanzaron. Culpabilizar a Israel como la sola responsable del destino de los árabes palestinos, sugieriendo que las acciones de Israel han estado guiadas por pura ambición y ceguera, es ridículo, a la vez que malicioso.

Agrega González:

Los israelíes, ahora, no ven en el espejo nacional una potencia ocupante que bloquea Gaza y raciona los alimentos de sus habitantes, que decide dónde y cuándo puede ir un palestino de Cisjordania dentro de su propia ciudad, que obtiene un notable beneficio económico de la ocupación y mantiene una abrumadora superioridad militar sobre todos sus vecinos. Se miran al espejo y ven una víctima.

González omite todo contexto: no hay mención de lo que ha causado las acciones de seguridad de Israel, como por ejemplo la necesidad de recobrar la seguridad luego de una “intifada” que mató a más de 1000 ciudadanos. Y como si fuera poco, agrega el consabido libelo antisemita: “un notable beneficio económico”. “Se miran al espejo y ven una víctima”. La verdad es que los israelíes se ven como seres humanos, y tratan como todos los otros seres humanos, de vivir y de dejar vivir a sus vecinos; no son nada diferentes. La pregunta es por qué González se afana en hacerlos diferentes. ¿No será la otroriedad del judío?

Por supuesto, en Israel hay asociaciones, periodistas y ciudadanos que combaten esta percepción. Pero son minoría. La mayoría no comprende que el mundo no comprenda: decenas de personas atacaron a los soldados en el Mavi Mármara, Hamás sigue preconizando la resistencia violenta y la destrucción de Israel, desde Gaza se lanzan cohetes, los colonos de Cisjordania son atacados a pedradas, Irán profiere mensajes apocalípticos mientras desarrolla su programa nuclear, crece el terrorismo islamista; ¿cómo no ve el mundo todo eso?

Hay que agregar: ¿Cómo no ve González todo esto?

¿Cuál es la potencia ocupante a la que Ud se refiere? Israel no ocupa a Gaza. ¿Por qué Gaza no se ha convertido en la Singapur del Medio Oriente, con tantos recursos que se le dejó y proporcionó cuando Israel se retiró, sino que es un estado terrorista contra Israel y contra sus propios disidentes internos? Sería importante hallar la respuesta a esta pregunta y colocarla en un artículo como este sobre la relación entre Israel y Gaza.

González ha escrito una nota que no merece llamarse periodismo, que es vilificadora y llena de odio, encubierta en un manto de ingenuidad e historicismo hipócrita. González culpa a Israel de todo lo que acontece dentro de Israel y en su periferia cuando los israelíes no ven sus actos en otra luz que la de defensa propia. El constante inculpamiento de Israel, como el que hace González, es, justificablemente, lo que hace a Israel sentirse una víctima de la opinión pública internacional.

 
         
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