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El País: imagine
por Masha Gabriel
12 de Enero de 2014

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Imaginemos por un instante que tras las condolencias de los líderes internacionales por el fallecimiento de Nelson Mandela, un periódico importante hubiera escrito un artículo titulado “El mundo recuerda el “pacifismo” de Mandela y obvia las sombras de su pasado”. En dicho artículo leeríamos frases tipo:

“La comunidad internacional está glosando la figura de Nelson Mandela de forma unánime, ensalzando sus méritos y relegando al olvido las acciones más polémicas de su carrera. El grueso de los comunicados oficiales difundidos tras su fallecimiento destaca la “entrega” del ex presidente a la causa de la paz, con gestos históricos como la reconciliación sudafricana, pero en la que no hay rastro de reproche por su pasado terrorista o por los escándalos políticos causados por su ex esposa, Winnie Mandela.”

Impensable, ¿verdad? Un periodista debe contar lo que pasa, lo que hacen y dicen los líderes, no lo que cree que debería pasar, lo que deberían hacer o decir. A menos que pretenda dejar clara su opinión, en cuyo caso su labor deja de ser informativa para convertirse en ideológica.

Y eso, impensable en el caso anterior, es precisamente lo que ha sucedido en El País, con ocasión del fallecimiento del ex primer ministro Ariel Sharon.

En efecto, Ariel Sharon fue una personalidad polémica, con luces y sombras. Y así se refleja en los artículos publicados en El País. Pero un texto dedicado a lo que dicen los líderes internacionales no puede convertirse en un pretexto para que un periodista opine. Y más cuando esa opinión se basa en lugares comunes, que ni siquiera son correctos.

En “El mundo recuerda la “entrega” de Sharon y obvia las sombras de su gestión” podíamos leer:

“El grueso de los comunicados oficiales difundidos tras su fallecimiento este sábado tras ocho años en coma emplea una mezcla de respeto póstumo y contención diplomática con la que se destaca la “entrega” del ex primer ministro a su país, con gestos históricos como la retirada de los colonos de Gaza en el año 2005, pero en la que no hay rastro de reproche por su responsabilidad en las matanzas de Sabra y Chatila (Líbano, 1982) o su visita en 2000 a la Explanada de las Mezquitas, actos que lo convierten en un símbolo de las contradicciones de Israel.”

1- “La responsabilidad de Ariel Sharon en las matanzas de Sabra y Chatila”:

La comisión Kahane, única comisión que haya investigado el caso, determinó que:

“Israel tuvo una responsabilidad indirecta por la masacre debido al hecho de que las fuerzas controlaban la zona, el Sr. Beguin fue considerado responsable por no haber ejercitado una mayor implicación y conciencia en la introducción de los Falangistas en los campos; el Sr. Sharon fue considerado responsable por ignorar el peligro de un baño de sangre y una venganza cuando aprobó la entrada de los Falangistas en los campos, así como por no tomar las medidas apropiadas para prevenir la matanza“

Responsabilidad indirecta. Esto no exime a Sharon, pero matiza y pone en perspectiva la acusación que hace la periodista.

2- “Su visita en 2000 a la Explanada de las Mezquitas”

¿Cuál fue el problema de esa visita? Que el grupo terrorista las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa la empleó de excusa para lanzar la llamada Segunda Intifada.

Pero lo cierto es que, más allá de los lugares comunes, la visita a la “Explanada de las Mezquitas” (para los musulmanes) o “Monte del Templo” (para los judíos) por parte del entonces líder de la oposición, Ariel Sharon no provocó la Intifada de AlAqsa. que según múltiples indicios, a diferencia de la primera Intifada, estuvo preparada y planeada de antemano.

La Comisión Mitchell, encargada de analizar los orígenes de la revuelta, concluyó tajantemente que, a pesar de que pudo haber sido inoportuna:

“La visita de Sharon no causó la Intifada de Al-Aqsa.”

De hecho, recientes declaraciones de líderes palestinos han situado al entonces primer ministro palestino Yasser Arafat como uno de los principales incitadores de la violencia, al no sentirse capacitado para aceptar la oferta de paz realizada por Ehud Barak en Camp David.

En septiembre de 2010, el líder de Hamás Mahmud Zahar, declaró ante una audiencia de estudiantes en la Universidad Islámica de Gaza que:

“El presidente Arafat dio instrucciones a Hamás para que llevara a cabo un cierto número de operaciones militares en el corazón del Estado judío después de darse cuenta de que sus negociaciones con el Gobierno israelí habían fracasado.”

No es la primera vez que se incide en la responsabilidad institucional palestina detrás de la Segunda Intifada. Ya en el año 2000, el entonces Ministro de Comunicaciones palestino Emmad el-Faluji, manifestó que:

“Quien piense que esta Intifada empezó como consecuencia de la visita despreciable de Sharon a la Mezquita de Al Aqsa está equivocado. Eso simplemente fue lo que acabó con la paciencia del pueblo palestino. Esta Intifada ya había sido planificada tras la vuelta del presidente Arafat de las últimas conversaciones en Camp David.”

 
Todo lo demás, es pura imaginación.
 
 
 
         
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