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El Mundo, Sabra y Chatila
por Masha Gabriel
23 de Setiembre de 2012

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Con motivo de la conmemoración de los 30 años de la masacre de Sabra y Chatila, el diario El Mundo publicó el artículo Un paseo por Chatila (22 de septiembre de 2012). Firmado por el “viajero y escritor” Jos Martin, el texto parece, en efecto, una obra de ficción más que un trabajo periodístico.

El texto es una narración de las miserias y penurias que viven los palestinos de hoy para hacer al lector consciente del horror que vivieron en su día los habitantes de los campos de Sabra y Chatila.

Pero la crónica, que acusa a Israel de haber cometido el crimen, contiene varias y serias inexactitudes:

1- Ni una referencia a Elie Hobeika, responsable de la masacre.

2- Todo son menciones a una “guerra” confusa, que no sólo no es explicada, sino que apunta exclusivamente a Israel como contendiente y no da cuenta de que se trataba de una confrontación “civil” entre libaneses con una importante intervención siria. Marco esencial para entender lo sucedido.

3- El autor asegura que las “falanges maronitas recibieron la orden de Sharon de que entraran en Sabra y Chatila”. Pero las falanges cristianas, aún siendo aliadas de los israelíes, no recibían órdenes de Israel. Eran independientes y habían sido creadas antes de que Israel entrara en el conflcto.

Aunque la guerra civil empieza oficialmente en 1975 (6 años antes de lo sucedido en Sabra y Chatila), desde 1968 ya se habían formado las primeras milicias armadas de la OLP, destinadas a atacar a Israel, pero que despertaron el recelo de los cristianos libaneses y sirios, que invaden el país en 1976.

4- Jos Martin asevera:

“El propio Sharon, como quien se quita la caspa de sus hombros, dijo en el congreso israelí: "Allí, unos que no son judíos han matado a otros que no son judíos. ¿Qué tenemos que ver nosotros en esto?". Sus palabras cayeron como una lluvia ácida sobre los imperturbables diputados. De este modo ellos bajaron el telón. “

a) Dicha frase fue pronunciada no por Sharon, sino por el entonces primer ministro israelí, Menajem Beguin.

b) De ningún modo se cerró el telón. Israel fue, de hecho, el único actor que creó una comisión de investigación. La comisión Kahane determinó que:

“Israel tuvo una responsabilidad indirecta por la masacre debido al hecho de que las fuerzas controlaban la zona, el Sr. Beguin fue considerado responsable por no haber ejercitado una mayor implicación y conciencia en la introducción de los Falangistas en los campos; el Sr. Sharon fue considerado responsable por ignorar el peligro de un baño de sangre y una venganza cuando aprobó la entrada de los Falangistas en los campos, así como por no tomar las medidas apropiadas para prevenir la matanza“

Es decir, responsabilidad pasiva y no activa, como da a entender el artículo de Martin, que curiosamente no se interesa en ningún momento por señalar que los responsables directos como Elie Hobeika, tuvieron una existosa carrera política en Líbano después de las masacres.

5- Las cifras de muertos son inciertas. Esto no resta un ápice del horror vivido por los palestinos durante esas noches, pero sí sitúa al lector ante la información.

6- El autor habla de las duras condiciones de los refugiados palestinosen Beirut. Pero en ningún momento se pregunta quién es responsable de dicha pobreza. ¿Quizá sea el pais en el que viven, Líbano? Recordemos que hasta hace dos años, los palestinos ahí no podían ejercer cualquier profesión y que aún hoy cuentan con restricciones para acceder a sus derechos básicos.

EL MUNDO 

- Este artículo publicado por el diario El Mundo, se viene a sumar a la crónica de Rosa Meneses (16 de septiembre de 2012), sobre Sabra y Shatila, donde tampoco se mencionaba a los responsables y que también presentaba una exclusiva visión acusatoria contra Israel.

Precisamente ReVista de Medio Oriente ya protestó en el pasado al diario El Mundo por una serie de reportajes sesgados y con muchos errores de la misma Rosa Meneses quien, entre otras cosas aseguraba que en Jerusalén existe un régimen de Apartheid, a la vez que ignoraba los miles de misiles y cohetes contra el Sur de Israel o aseveraba que la mayoría de los 1400 muertos durante la Operación Plomo Fundido fueron civiles (una mentira que el propio grupo Hamas desmintió).

- En otro orden de factores, y en las mismas fechas, una crónica firmada por Francisco Carrión desde Egipto el jueves 13 de septiembre de 2012, acusaba al “lobby judío” de estar detrás de la película que supuestamente habría despertado las iras de los musulmanes y que se cobró la vida del embajador norteamericano en Libia, y de tres miembros más de la misión diplomática.

Si bien es cierto que las primeras informaciones no confirmadas hablaban de "donantes judios", el periodista de El Mundo, al igual que otros, no comprobó la información que horas después se desmintió rotundamente. Pero aún más grave: Carrión añadió una aportación falaz con el término "Lobby" para completar el estereotipo. Con sólo ver el video aficionado antes de escribir "lobby", se daría cuenta de que el autor no necesitaba donaciones millonarias y mucho menos del soporte de un “lobby”. ¿Sabe el autor quién forma dicho lobby? ¿Llamó a alguna organización judia en EE.UU para preguntar por su supuesta participación? ¿O es simplemente parte de la información que los medios emplean sin cotejar para vender la “políticamente correcta” imagen del “complot judío”?

El diario no publicó ninguna rectificación, a pesar de la protestas recibidas.

- Siempre en Líbano, pero con la visita del Papa como fondo, Javier Espinosa escribía que “las milicias cristianas aliadas de Israel masacraron a cientos de civiles palestinos en 1982” y definía Hassan Nasrala como un “dirigente del partido chíi Hizbulá”. Al margen de la extraña necesidad de subrayar la presencia de Israel, es destacable que el periodista no haya querido explicar que Hezbollah es, además de un “partido chii”, un grupo considerado terrorista por el departamento de estado de los Estados Unidos, responsable entre otros, y según la fiscalía argentina, del atentado a la AMIA que se cobró la vida 85 argentinos.

¿Es todo esto digno de un periódico que pretende ser “lider mundial de la información en español” o más bien de una organización con una agenda ideológica muy clara?

 
         
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