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El diario Español Público y Eugenio García Gascón cruzan el límite
por Masha Gabriel
11 de Julio de 2011

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Cuando un lector bien informado piensa que ya se ha acostumbrado a tolerar medianamente el goteo constante de desinformación mediática en lo que a Medio Oriente se refiere, aparece un artículo como Peras al olmo, de Eugenio García Gascón, corresponsal en la región del diario español Público donde, una vez más, se sirven abundantes dosis de desinformación y desequilibrio periodístico.

Escribe García Gascón:

Los palestinos están completando la redacción de una propuesta oficial para que la ONU reconozca el Estado palestino en las fronteras de 1967, es decir en el 22 por ciento de la Palestina histórica, lo que implica que la propuesta reconoce a Israel en el 78 por ciento del territorio restante de la Palestina histórica.

García Gascón se equivoca en forma crasa. En 1917 el Gobierno británico administraba la llamada Palestina histórica. Se emitió entonces la Declaración Balfour que contemplaba la creación de un hogar nacional judío en todo el Mandato Británico de Palestina. Sin embargo, en 1922 la Liga de las Naciones decidió dividir la Palestina histórica en dos partes: el 80% para el Emirato de Transjordania y el 20% para los judíos.

Posteriormente, en 1947, la ONU decidió partir ese 20% destinado a los judíos en dos: 45% para los árabes y 55% para el Estado judío.

Es decir que Israel representa aproximadamente un 11% de la “Palestina histórica”, mientras que el 89% restante ha quedado en manos árabes-palestinas.

Por otra parte, el término “Palestina” no debe confundirnos. No es la patria histórica del pueblo palestino.

Esa región se llamó originariamente Canaán y era la tierra de los cananeos que, con la llegada de los hebreos se asimilaron a la nueva cultura. Tras múltiples vaivenes, la zona pasó a llamarse Judea. Cuando los romanos expulsaron a los judíos, y para que no quedara rastro de ellos, decidieron cambiar el nombre de Judea por el de Palestina, en referencia a los filisteos, antiguos enemigos de los judíos.

Pero los palestinos de hoy no son descendientes de los filisteos. Los palestinos son un pueblo árabe, de cultura y lengua árabe. Los filisteos eran una serie de pueblos invasores de cultura minoica y provenientes de Creta y Asia Menor. Se instalaron sobre la costa mediterránea, aproximadamente en la actual "Franja de Gaza" (jamás llegaron siquiera a pisar Jerusalén), y desaparecieron tras varias guerras con los egipcios, los asirios y los israelitas.

Habiendo sido habitantes del Mandáto Británico de Palestina, tanto los judíos como los árabes que vivían en él, se consideraban “palestinos”.

Prosigue Gascón:

En el fondo, ese dilema es sólo una cuestión de procedimiento. Los palestinos ya cuentan con que Estados Unidos vetará la propuesta en el Consejo de Seguridad, que es el que tiene competencias para reconocer a un nuevo Estado, pero a pesar de ello están muy ilusionados con la idea de recurrir a la ONU, vista la parálisis completa de unas negociaciones que no existen, o que cuando existen ni siquiera son negociaciones.

1 - Ni la Asamblea General, ni el Consejo de Seguridad tienen potestad para otorgar la condición de Estado.

Tal y como escribía Álex Safian, en un reciente artículo en CAMERA:

Bajo el derecho internacional hay requisitos específicos para que una entidad política se considere un Estado, los cuales se codificaron en la Convención de Montevideo (Convención sobre los Derechos y Deberes de los Estados, 1933)
Los siguientes son los artículos más importantes de esta convención:
ARTÍCULO 1
El Estado, como una persona de derecho internacional, debe tener las siguientes condiciones: a) una población permanente; b) un territorio definido; c) un gobierno; y d) la capacidad de entrar en relaciones con otros Estados.
ARTÍCULO 2
El Estado Federal constituirá una sola persona a los ojos del derecho internacional.
ARTÍCULO 3
La existencia política del Estado es independiente de su reconocimiento por otros Estados. Incluso antes del reconocimiento el Estado tiene el derecho de defender su integridad e independencia, hacer posible su conservación y prosperidad y, por consiguiente, organizarse como lo estime conveniente, legislar según sus intereses, administrar sus servicios y definir la jurisdicción y competencia de sus tribunales.
El ejercicio de estos derechos no tiene más limitación que el ejercicio de los derechos de otros Estados de conformidad con el derecho internacional.
Bajo estos criterios el territorio bajo el control de los palestinos no constituye un Estado. Esto se debe en primer lugar a que en virtud de los Acuerdos de Oslo y los convenios posteriores, la AP tiene una autoridad temporal y una autonomía limitadas. La Autoridad Palestina no tiene, en ningún sentido, un control gubernamental sobre una población permanente, ni tampoco tiene control sobre un territorio definido; ambas situaciones se deben a que su control es limitado y a que el tamaño de su territorio soberano debe definirse mediante negociaciones con Israel. Por otra parte, la Autoridad Palestina tampoco tiene la capacidad de suscribir relaciones genuinas con otros Estados, ni en virtud de los acuerdos ni en la práctica.
[...] La conclusión es que sólo a través de negociaciones de buena fe con Israel los palestinos pueden tratar estas cuestiones y lograr la condición de estado.

2- Si esas conversaciones no tienen lugar, es porque los palestinos se niegan a negociar si no es con condiciones previas, e Israel replica que se trata de negociar para lograr esos resultados y no para ir a la mesa con los resultados ya otorgados por una de las partes. En reiteradas ocasiones, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha llamado a la mesa de negociaciones al presidente palestino, que en reiteradas ocasiones se ha negado. El analista del Washington Post, Jackson Diehl, bautizó esta estrategia palestina como Abbas's Waiting Game. Consciente de la simpatía que despierta la causa palestina en los todos los foros mundiales, a Mahmud Abbas sólo le queda esperar a septiembre, a que la ONU declare sin un acuerdo con Israel, la creación del estado palestino.

Según García Gascón:

Las potencias alegaban que Israel tenía que definir primero sus fronteras con precisión, algo que el Estado judío no hizo entonces ni ha hecho desde entonces. Al contrario, durante todo este tiempo se ha dedicado a ir ocupando más y más territorios palestinos y sirios.

1- Al aceptar la partición de 1948, Israel aceptó una fronteras perfectamente definidas. Fueron los países árabes quienes no quisieron aceptar la resolución 181 de la ONU, que establecía la creación de dos estados, uno árabe y otro judío, y quienes decidieron atacar a Israel, iniciando una espiral de violencia que ha llegado hasta hoy.

2- Israel no “se ha dedicado a ir ocupando más y más territorios”, sino que ha sido víctima de tres guerras convencionales con sus vecinos, que jamás han aceptado convivir con un Estado judío, y ha tenido que hacer frente numerosas amenazas terroristas, de grupos que aún hoy piden su destrucción. No es hasta 1967 que se empieza a hablar de ocupación. Territorios no ocupados a los palestinos, que hasta el momento no los habían reclamado, si no a Egipcios y Jordanos, que los habían invadido anteriormente.

García Gascón concluye con una abierta exposición de su opinión respecto a Israel y a los grupos terroristas:

Pensar que Israel, de buena voluntad, va a abandonar unilateralmente Cisjordania y el Golán, es de una ingenuidad absoluta, y como pedir peras al olmo. Históricamente, Israel sólo ha cedido bajo la fuerza o la amenaza.
[...] Israel se retiró del Sinaí en Camp David ante el riesgo evidente de un nuevo ataque sorpresa de Egipto y Siria, como el del 73. La evacuación de Gaza fue bajo el hostigamiento constante de Hamas, mientras que en la del sur de Líbano influyó también el goteo constante de muertos a manos de Hizbola. Ahora, en cambio, como no existe presión alguna ni amenaza de ningún tipo, los israelíes se sienten satisfechos con el estatus quo. Y mientras, la comunidad internacional se lava las manos.

Israel de retiró del Sinai no porque temiera un nuevo ataque sino porque llegó a un acuerdo de paz con Egipto. La apertura hacia Israel del presidente egipcio Anwar Sadat y su oferta de paz a cambio de los territorios del Sinai, fueron la causa de esta retirada por parte de Israel. (Siria no tiene nada que ver aquí, ya que es un Estado que oficialmente sigue en guerra con Israel y además no tiene frontera con el Sinai. ¿Le echó García Gascón un vistazo al mapa de la región?) De haberse planteado el riesgo al que alude García Gascón, Israel habría mantenido, como medida de seguridad, dicho territorio. Es ridículo pensar que, ante el peligro, Israel retrocede, permitiendo a sus enemigos llegar a las puertas de casa. Es completamente contrario a la estrategia de un país cuya seguridad depende de evitar que las tropas enemigas puedan penetrar en su territorio, debido a su falta de profundidad geográfica.

Con respecto a Gaza, la retirada fue considerada como una especie de “experimento”. Permitiendo a los palestinos autogestionarse, se vería la posibilidad de retirarse posteriormente de otros territorios. De hecho, el Plan de Desconexión de Ariel Sharon, incluyó el desmantelamiento de cuatro importantes asentamientos en Cisjordania (Kadim, Ganim, Sa Nur y Homesh). El resultado es más que conocido: miles de cohetes lanzados indiscriminadamente por diversos grupos terroristas sobre el sur de Israel.

Siguiendo el hilo reflexivo de García Gascón da la sensación de que para él está justificado el uso del terrorismo con fines territoriales. Parece sentir cierta nostalgia por los ataques de Hamás o Hezbollah, ya que mientras la “comunidad internacional se lava las manos” ellos son la amenaza necesaria para que Israel abandone los territorios disputados. Que no se preocupe García Gascón, ambos grupos se han rearmado hasta los dientes. Hamás, sigue lanzando cohetes y ha declarado abiertamente su voluntad de aniquilar a Israel. De hecho, contrariamente a las tesis del periodista, Hamás se ha hecho más fuerte desde que tuvo lugar la retirada israelí de Gaza. Sólo en 2005, Israel fue víctima de 2990 atentados terroristas. Por su parte, Hezbollah ha advertido que golpeará a cualquier interés israelí o judío en cualquier parte del mundo. Algo que ya han demostrado que saben hacer. Así que Eugenio García Gascón puede dormir tranquilo, la amenaza sobre Israel no ha cesado.

No es una sorpresa leer artículos marcadamente anti-israelíes por parte del corresponsal de Público, que nos tiene acostumbrados a ello. Pero sin duda García Gascón ha cruzado el límite con un artículo plagado de errores históricos, en el que su pluma parece justificar los ataques terroristas contra Israel. Algo en las antípodas de la ética periodística.

 
         
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