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BBC Mundo: si no hay noticia, se “cultiva”
por Marcelo Wio
8 de Diciembre de 2014

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Al parecer, para la BBC, si no hay noticias sobre el conflicto palestino-israelí, hay que crearlas. Así, el editor de la corporación británica para Medio Oriente, Jeremy Bowen (cuya imparcialidad está, como mínimo, muy en duda), firmaba un artículo en el que los olivos servían como medio para acercarles a los lectores una mirada del conflicto desde el punto de vista palestino: es decir, una mirada en la que Israel es el culpable de los males palestinos y, en última instancia, del conflicto mismo.

La crónica se titulaba “Lo que los olivos dicen del conflicto entre palestinos e israelíes”. Pero, ¿el texto reflejaba lo que decían los olivos, o lo que el periodista quería que dijeran?

Bowen comenzaba diciendo que:

“En los primeros años de este siglo, Israel estaba en las fases iniciales de construir una barrera de separación, un complejo de muros y vallas de alta tecnología que han sido defendidos por los gobiernos israelíes como medidas para proteger a su gente de los ataques palestinos.

La barrera sería menos controvertida si se hubiera hecho siguiendo la vieja línea del cese el fuego de 1949.

Era la frontera entre Cisjordania, incluyendo Jerusalén este e Israel, hasta que el ejército israelí tomó el área en la guerra de 1967.

Pero, en su lugar, la barrera arrebató grandes franjas de tierra que los palestinos consideraban suyas”.

Esto, evidentemente, no lo dicen los olivos. Y esto, evidentemente, es una distorsión de la realidad.

Israel no construyó una “barrera de separación”, sino una valla de seguridad para detener los atentados terroristas provenientes de Cisjordania.

Mitchell Bard señalaba en un artículo que aproximadamente el 75 por ciento de los atentados suicidas contra objetivos dentro de Israel provenían desde el otro lado de la frontera en la primera fase de la valla fue construida. Y puntualizaba:


“Durante los 34 meses desde el estallido de la violencia en septiembre de 2000 [Segunda Intifada], hasta la construcción del primer segmento continuo de la valla de seguridad a finales de julio de 2003 [es decir, durante la Segunda intifada], terroristas de Samaria llevaron a cabo 73 ataques en los que 293 israelíes fueron asesinados y 1950 heridos. En los 11 meses transcurridos entre la erección de la primera serie a principios de agosto de 2003 y finales de junio de 2004, sólo tres ataques tuvieron éxito, y los tres se produjeron en el primer semestre de 2003.

Desde que se inició la construcción de la valla, el número de ataques se ha reducido en más de un 90 %. El número de israelíes asesinados y heridos ha disminuido en más del 70% y 85 %, respectivamente, después de su montaje de la valla.

El valor de la valla a la hora de salvar vidas se desprende de los datos: En 2002, el año antes de la construcción, 457 israelíes fueron asesinados; en el 2009, 8 israelíes fueron asesinados”.

 
Fuente: Mitchell Bard
 
 
 
Por lo demás, dicha valla no es definitiva, no delimita frontera alguna y será desmantelada el día que ambas partes lleguen a un acuerdo. De hecho, a medida que la situación ha ido mejorando Israel ha aliviado la situación para los palestinos, desmantelando puestos de control en Cisjordania o cediendo autonomía a las fuerzas palestinas.

A su vez, Bowen sostenía que “la barrera sería menos controvertida si se hubiera hecho siguiendo la vieja línea del cese el fuego de 1949. Era la frontera entre Cisjordania, incluyendo Jerusalén este e Israel, hasta que el ejército israelí tomó el área en la guerra de 1967”.

La línea que menciona Bowen era, efectivamente, una línea de armisticio entre Jordania e Israel. No era, como, paradójicamente, sostiene a continuación, una frontera (y, de haberlo sido, lo habría sido entre Jordania e Israel, en todo caso – recuérdese que Jordania ocupó dicho territorio en 1948 (al que denominó Cisjordania), luego de una guerra de agresión, y que posteriormente, en 1950, lo anexó).

De hecho, como explica el profesor de Derecho Internacional de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Robbie Sabel, en su ensayo International Legal Issues of the Arab-Israeli Conflict: An Israeli Lawyer's Position, los estados árabes insistieron en no darle el estatus de frontera permanente a la línea de armisticio de 1949.

Pero para el periodista era suficiente señalar que los “palestinos consideraban suyas” las franjas de tierras “arrebatadas” por la valla.

Israel “arrebata” lo que los palestinos “consideran” suyo… Y el lector, condicionado por una larga cobertura que reitera la sugerencia (a veces explícita) de que Israel es la parte equivocada (y agresora) del conflicto, sabe ya la conclusión que debe sacar.

Pero que los palestinos “consideren” que esas tierras son suyas, no hace que esto sea cierto o que tengan razón: la resolución 242 del consejo de Seguridad de Naciones Unidas (de 1967) estipula que Israel debe retirarse de territorios (no de los territorios) y que las fronteras deben negociarse. Es decir, reconoce que hay una disputa territorial que debe ser resuelta; ergo, las tierras cercanas a las líneas de armisticio de 1949 no establecían nada más que eso, una línea que separaba ejércitos.

Pero Bowen no precisa mucho espacio para distorsionar la realidad y retratar a Israel como un Estado que “arrebata” tierras (a fin de cuentas, la valla que “arrebata” es israelí, ¿no?).

Hasta aquí, los olivos han permanecido en silencio…

Entonces, la crónica indicaba que:

“Según un funcionario de Naciones Unidas para asuntos humanitarios, los ataques perpetrados por los colonos judíos en los últimos cinco años hacia palestinos y sus propiedades han destrozado más de 50.000 árboles frutales, muchos de ellos olivos”.

En este caso, no eran los olivos, sino “un funcionario” de la ONU, que al parecer olvidó su nombre entre los olivos. En tanto, Bowen sólo cita; la verificación parece innecesaria… A fin de cuentas, el dedo del “funcionario” señala en la dirección en la que apunta el dedo de la propia crónica.

Un artículo de ReVista de octubre de 2012 indicaba que tanto CAMERA (véase también aquí) y otras organizaciones, incluido el Ayuntamiento de Shomron, han demostrado que la acusación sobre la destrucción de los olivos es, cuanto menos, exagerada.

El bloguero Elder of Ziyon observaba que en años recientes (1993 2005 2006 2008 2010) las estas acusaciones han resultado ser, en muchos casos, mentiras.

Pero, más ilustrativo, es un informe del Banco Mundial que cita estimaciones del Ministerio palestino de Agricultura:

“En la década pasada la producción promedio de aceite [de oliva] en buenos años, ha estado alrededor de las 20.000-25.000 toneladas, pero en 2006 se espera que alcance las 33.000-35.000 toneladas”.

Como consecuencia del “destrozo” de árboles, sería de esperar que la producción no aumentara, sino, por el contrario, que disminuyera. Pero no parece ser el caso.

Y seguía diciendo:

La ocupación israelí de Cisjordania, incluyendo Jerusalén este, se implementa a través de la violencia. Los colonos judíos y los palestinos se atacan entre sí.

Algunos extremistas judíos creen que la tierra es sólo suya y que los árboles son objetivos legítimos.

Así que cada vez más, los olivos tienen un papel más importante en la guerra religiosa entre musulmanes y judíos”.

Juicios de valor, donde los judíos se definen como “extremistas” y los palestinos… como palestinos. De hecho, así los retrata a continuación: fanáticos religiosos judíos frente a agricultores palestinos: la imagen que encaja en el retrato preestablecido.

Así, la crónica ofrece afirmaciones sin contrastar, juicios de valor, apelaciones a la emoción y muy poca información real. Pero, quizás, a fin de cuentas, la información, los hechos, no fueran lo que el periodista tenía en mente al escribir el artículo.

La historia sobre el destrozo de árboles palestinos es recurrente y ha sido utilizada como un medio más para deslegitimar a Israel. Es evidente que ha habido grupos que han destrozado árboles; pero la magnitud de dichos actos vandálicos no parecen condecirse con la que los medios, ONG y organizaciones palestinas le ofrecen al público.

Los olivos, en tanto, sólo dijeron lo que, como en un número de ventriloquía, decía el redactor.
 
 
 
 
         
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