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El Periódico: en versión libanesa
por Marcelo Wio
8 de Febrero de 2018

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Aparentemente, deber ser mucho más fácil, o debe importar muy poco, hacer las cosas mal. Al menos, es lo que se desprende de la cobertura que hace la inmensa mayoría de medios en español del conflicto árabe-israelí. Aunque ese “mal” hacer indefectiblemente limpia la imagen árabe, y su responsabilidad en el conflicto; mientras carga con el peso de la misma sobre el Estado judío.

Así se procedía en un artículo publicado por el diario español El Periódico el 6 de febrero de 2018.

El título era elocuente: “El nuevo muro de Israel”.

Y la idea que pretendía instalar en el lector es, a esta altura, un lugar común: que Israel se aísla, a la vez,que pretende “apropiarse de territorios ajenos”. Vamos, “robar” tierras.

Así pues, el medio decía que:

“El nuevo muro, cuyo recorrido ya ha trazado Israel, discurrirá a lo largo de la llamada Línea Azul que la ONU demarcó tras la evacuación israelí de Líbano en 2000. Sin embargo, las autoridades de Beirut sostienen que la Línea Azul no se superpone exactamente sobre la frontera y que hay zonas libanesas que han quedado del lado israelí”. (El resaltado es del medio; y es, también, muy elocuente)

Delegaciones militares de Israel, Líbano y las Naciones Unidas se reunieron el lunes en la ciudad libanesa de Naqura para abordar cuestiones de interés mutuo y poco después el ejército libanés difundió un comunicado. La parte libanesa ha revisado la cuestión del muro que el enemigo israelí pretende construir (…) y ratifica la posición del gobierno libanés que rechaza la construcción de este muro que viola la soberanía libanesa'.” (El resaltado es de ReVista)

Tres partes se reunieron. El Periódico sólo ofrecía una única voz. La libanesa.

Según informaba el canal de noticias i24news en su página web, Israel afirmó que no estaba haciendo nada incorrecto, y que estaba actuando dentro de su territorio soberano, tal como se desprende de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU implementada luego de la retirada de Israel del Líbano en 2000”. Y puntualizaba que la barrera se encuentra del lado israelí de la denominada Línea Azul.

Por su parte, la agencia de noticias Reuters (7 de febrero de 2018) indicaba también que, según Israel, la barrera está enteramente en su territorio. Y añadía que un funcionario israelí dijo que partes de la misma estaban siendo erigidas más cerca de la frontera que la valla actual, que en algunos lugares discurre bien hacia el sur debido a la topografía.

Pero el lector no conocerá esto, porque a El Periódico le interesaba una única versión. O, más bien, un único marco: aquel en el que Israel resulta ser una “amenaza”, un “usurpador”.

Por lo demás, el texto del diario español presentaba como una denuncia libanesa lo que es por todos sabido, que la Línea Azul no se superpone exactamente con la frontera. La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FPNUL; UNIFIL, por sus siglas en inglés) lo explica bien claro:

“… las Naciones Unidas identificaron la ‘Línea de Retirada' [israelí], o la llamada ‘Línea Azul', que se ajusta en gran medida a la frontera del Líbano. Las Naciones Unidas establecieron esta línea en junio de 2000 con el único propósito de confirmar la retirada total de las Fuerzas de Defensa de Israel del territorio libanés. La Línea Azul no representa en modo alguno la frontera internacional; es sin prejuicio de futuros acuerdos fronterizos entre el Líbano e Israel”.

A su vez, el informe del Consejo de Seguridad de la ONU del 20 de julio de 2000 indicaba:

“No se trataba de hacer una demarcación oficial de la frontera, sino de determinar una línea sobre el terreno que correspondiera a los límites internacionalmente reconocidos del Líbano, sobre la base de los mejores materiales cartográficos y otra documentación de que se dispusiese.

[…]

Pese a las reservas expresadas por los Gobiernos de Israel y el Líbano acerca de la línea de repliegue, ambos confirmaron que la identificación de esa línea fue responsabilidad exclusiva de las Naciones Unidas y que la respetarán tal como ha sido identificada”.

Pero estas acusaciones libanesas acerca de que Israel viola su territorialidad no son, ni mucho menos, nuevas. Como tampoco lo es la preocupación israelí por la seguridad de sus pueblos y ciudades ubicadas cerca de la frontera con el Líbano.

De acuerdo al diario Times of Israel, ya en 2012 se había concluido la construcción de una barrera alrededor del distrito israelí de Metula – limítrofe con el Líbano – para proteger a sus residentes de los disparos de francotiradores y de los ataques con piedras desde la cercana localidad libanesa de Kfar Kila (a escasos metros). El medio señalaba entonces que la construcción de dicha barrera estuvo brevemente paralizada al principio debido a que el Líbano presentó una queja ante la FPNUL diciendo que Israel se había desviado “varios centímetros hacia el Líbano”.

Dicho esto, vale la pena aclarar a consecuencia de qué se establece la mencionada Línea Azul:

    • En 1978 Israel ingresó en el Líbano para poner fin a los ataques transfronterizos perpetrados por la OLP ante la pasividad de las autoridades libanesas.
    • En 1982, según la FPNUL, “tras el intenso fuego cruzado en el Líbano Meridional y a lo largo de la frontera entre Israel y el Líbano, Israel invadió el Líbano nuevamente”. El fuego al que se refiere la FPNUL (aunque evita mencionarlo), provenía mayormente de la OLP. De acuerdo con la propia agencia palestina de noticias Maan, la OLP operaba en el sur del Líbano como un “estado dentro del estado”, desde donde utilizaba tácticas de “guerrilla” contra Israel.
 
Por su parte, un artículo publicado por Ynet apuntaba precisamente que la operación tenía por objetivo destruir las estructuras terroristas (principalmente de la OLP) ubicadas en la frontera entre ambos países, que habían sido utilizadas para lanzar ataques terroristas contra el ejército israelí y contra las comunidades israelíes cercanas al a frontera.

Pero la Línea Azul y la presencia de la FPNUL no parece ser muy efectiva ante el grupo terrorista Hizbulá. A fin de cuentas, como reconocía la propia Fuerza de la ONU:

“El 12 de julio de 2006 empezaron nuevas hostilidades en la frontera entre el Líbano e Israel después de que Hizbollah lanzase varios misiles desde territorio libanés a través de la Línea Azul hacia las posiciones de las Fuerzas de Defensa de Israel y en las proximidades de la ciudad israelí de Zarit. Al mismo tiempo, combatientes de Hizbollah cruzaron la Línea Azul entrando en territorio israelí, asaltaron a una patrulla israelí y capturaron a dos soldados israelíes, asesinaron a otros tres e hirieron a otros dos”.

Mas, El Periódico omitía esta información de suma relevancia para comprender qué sucede en la zona. De hecho, las constantes amenazas lanzadas por el grupo terrorista Hizbulá, apoyado económica y materialmente por Irán, contra Israel, han llevado a este último a considerar la construcción de dicha barrera.

En su lugar, presentaba un Hizbulá “dialogante”, que “pide repetidamente a los israelíes que cesen las obras”. Un Hizbulá caracterizado como “organización libanesa de confesión chií”, y que “combatió a Israel durante 33 días” en el verano de 2006. Ni los propagandistas del grupo terrorista podrían hacerlo mejor.

El problema es que Hizbulá dice y hace (sobre todo esto último) a su manera, y no siguiendo el papel que le pretende un diario español.

Sin ir más lejos, la semana pasada, i20news,daba cuenta de que Hizbulá amenazó a las unidades del ejército israelí apostadas a lo largo de la frontera.

En tanto, el 6 de febrero, según Ynet, Hizbulá amenazó con atacar con misiles las plataformas petroleras de Israel.

Sumado al hecho de que, violando sistemáticamente la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exigía su desarme.

Es el mismo grupo terrorista que combate a las órdenes de Irán en Siria como aliado de Al Assad. El mismo que según numerosos informes controla el Líbano. El mismo que de acuerdo a un informe de la Foundation for Defense of Democracies se financia a través del tráfico de drogas.

Pero eso, no era importante.

Lo que en cambio parecía primordial para El Periódico, desde el vamos era borrar toda agresión proveniente desde el Líbano; al punto de que la situación se resumía en la fórmula “dos países vecinos pero muy mal avenidos”. En ese muy “mal avenidos” se saneaba el papel del Líbano en algunas de las guerras de agresión árabe contra Israel (en 1948 con tropas; en 1967 atacando con su aviación el norte de Israel); o su papel de santuario para los terroristas de la OLP que en los años 1970 y 1980 lanzaban ataques desde su territorio; o su papel como santuario o, según los reportes mencionados, estado del grupo terrorista Hizbulá.

Finalmente, el diario español, también apoyándose en una única versión (la libanesa), señalaba que en un comunicado oficial, la presidencia libanesa anunció que continuarían con sus acciones para evitar la “potencial usurpación [por parte de Israel] del petróleo y el gas que hay en aguas territoriales libanesas”. Y agregaba que:

“Israel lleva a cabo en esas aguas excavaciones en yacimientos de gas que pretende exportar a Europa.

Los libaneses afirman que la zona está dentro de sus aguas territoriales, pero Israel ha trazado de manera unilateral una línea claramente no perpendicular a la costa según la cual los yacimientos de gas caen en aguas jurisdiccionales israelís”.

La realidad es muy distinta. Reuters explicaba en el texto antes mencionado, que ambos países tienen una disputa fronteriza marítima sobre un área triangular de mar de unos 860 kilómetros cuadrados. La zona se extiende a lo largo del borde de tres de los cinco bloques energéticos que el Líbano licitó a principios del año pasado. En diciembre aprobó la oferta de un consorcio formado por la francesa Total, la italiana Eni y la rusa Novatek, para dos de los bloques. Precisamente uno de estos bloques (el 9) se adentra parcialmente en aguas reclamadas por Israel.

Pero para El Periódico, al parecer, la realidad es algo que cada cual puede manipular a su antojo: lo que importaría es el marco, la “narrativa”, la forma; aquello que genera una emoción en el lector, no aquello que lo informa.
 
 
 
 
         
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