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Jerusalén: mucha, muchísima, desinformación
por Marcelo Wio
7 de Diciembre de 2017

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La cobertura de la decisión de la Casa Blanca de reconocer a Jerusalén como capital de Israel –– puede resumirse de la siguiente manera:

1. Ha sido valorativa – según la ideología del periodista – y no informativa, fundada en omisiones y falacias; es decir, más que valorativa, desinformativa – pretende, antes que informar al lector, intentar convertirlo a sus ideas.

2. Se centraba en la opinión de que era “un obstáculo para la paz - ¿cuál? – y que aumentaría las tensiones. Es decir, supeditaba una decisión a las amenazas de violencia de los líderes palestinos y de sus grupos terroristas. Lo cierto es que recientemente hubo una ola de ataques terroristas utilizando vehículos (para atropellar), cuchillos y armas de fuego. Y antes, hubo intifadas – la segunda lanzada luego de que Yasser Arafat dijera no a la paz y a la posibilidad de un plan de paz – a propósito de esto, Jerusalén Este no parece ser más que una excusa, a fin de cuentas Abbas ni siquiera respondió a una oferta de Olmert en la que el mandatario israelí acordaba que dicha parte de la ciudad pasase a formar parte de un futuro Estado palestino.

3. Las preconcepciones – prejuicios – de los redactores buscaban su reafirmación en versiones contrarias a la decisión del Presidente de Estados Unidos. Ni una – y son varias – voces a favor de la misma

4. Para configurar tal despropósito, mayoría recurría a una apuesta que llevaba más allá la falta de profesionalidad: inventaba un “derecho internacional” inexistente que divide la ciudad, y otorgaba la titularidad inexistente de su parte oriental a los palestinos. Para que nos entendamos: si la ciudad fue dividida, fue como resultado de una guerra de agresión árabe contra Israel. La división es la línea artificial, de armisticio, y marca donde las fuerzas del recién creado Estado judío detuvieron el avance de las tropas jordanas que iban ocupando territorio. Claro que la sola mención de Jordania que daba fuera de la práctica totalidad de los artículos. Así como también que la mayor parte de la población de Jerusalén antes de la guerra – desde mucho antes – era judía, y que el corpus separatum que establecía el Plan de Partición de la ONU (que incluía Belén, entre otras zonas), luego de un período de diez años debía verse sujeto a un referéndum entre sus habitantes para que decidieran su futuro. Otra vez, la mayoría era judía – el hecho de que la parte oriental llegara a tener una mayoría árabe responde a la expulsión de judíos llevada a cabo por Jordania (que, por cierto, descuidó esa parte de la ciudad de manera absoluta).

5. Llama la atención de que esta decisión tomada por la Administración Trump suponga una problema, pero que las continuas resoluciones promovidas – y aprobadas - por países musulmanes en la ONU o en sus varios organismos, que mienten historia y que afianzan propaganda contra Israel – es decir, que pretenden decidir por fuera de las negociaciones y que perpetúan y exacerban el conflicto -, no. Que el hecho de que haya una agencia especial para los “refugiados” palestinos, con una definición ad hoc, y cuyo verdadero objetivo sea su multiplicación, tampoco supone un problema. Que el Consejo de Derechos Humanos tenga un punto especial de su agenda dedicado, entre todos los países del mundo, exclusivamente a Israel, es de lo más normal.

6. Tampoco llama la atención que la Autoridad Palestina le page un salario a todos aquellos que atenten contra israelíes (judíos, realmente), o a sus familiares, si estos resultaran abatidos en el intento o durante el ataque.

7. La financiación de ONG abiertamente anti-israelíes por parte de la Unión Europea y de gobiernos pertenecientes a la misma, tampoco supone algo extraño. Ni que financie proyectos sin permiso en zonas que, bajo los Acuerdos de Oslo, estaban bajo administración israelí.

 
La cobertura en español hace tiempo que ha sido secuestrada por la “narrativa” (propaganda) palestina y por el activismo manifiesto de muchos de los periodistas encargados de llevarla a cabo. Al parecer, es algo que a los medios, por el motivo que sea (simpatías ideológicas, negligencia, decisión o permisividad comercial, etc.), no le interesa. Y hacen mal. Porque la pésima cobertura que se ha realizado sobre el intento independentista catalán, todas esas falsedades (que muchos pergeñaron y que otros tantos creyeron), provienen de esa permisividad, de ese entrenamiento para creer sin espíritu crítico.
 
 
 
 
         
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