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El plan de paz que pone aún más al desnudo, si cabe, el sesgo mediático en español
por Marcelo Wio
6 de Febrero de 2020

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La cobertura en español sobre el plan propuesto por la Administración Trump y de las posteriores reacciones del liderazgo palestino adoleció, en su amplísima mayoría, de todo: de neutralidad, de información, y, sobre todo, de contexto histórico: es decir, de las numerosas instancias en que los líderes árabes y árabes palestinos dijeron no a un estado y no a la paz. Pero, además, adolecieron de otro contexto: el de la sistemática incitación al odio y la violencia – y su glorificación – por parte de la Autoridad Palestina, la OLP y Fatah. Especialmente, aquella dirigida a los menores; es decir, aquella destinada a perpetuar el odio, una generación más, amén de instrumentalizar a los niños como herramientas en el conflicto (ya sea como propaganda, ya como macabros ejecutores).

Precisamente este último punto se ha visto revitalizado ante el plan de Trump. Acaso no tanto como rechazo al plan en sí, sino a la perspectiva de hacerse responsables de una decisión trascendente y, quizás aún más, de verse ante la posibilidad de un estado en el que no sólo tendrán que rendir cuentas a sus ciudadanos sin coartadas fáciles que implican el recurso siniestro a la instigación, sino una posible disminución en la ayuda internacional (y presumiblemente en su fiscalización más estricta de la que haya).

El 5 de febrero de 2020, el Jerusalem Post daba cuenta de un video publicado en la red social TikTok, muy popular entre los menores, glorificando ataques reales palestinos contra israelíes. El video, que mostraba un águila volando junto a cuatro terroristas mientras llevaban a cabo sus ataques, estaba dirigido, pues, a una audiencia de menores.

Abría, la ominosa propaganda, con el águila bajando en picado para volar junto a una camioneta blanca que llevaba adelante un atropello en la estación de tranvía de Jerusalén: en noviembre de 2014, Ibrahim Al-Akari embistió contra israelíes que esperaban en dicha estación, asesinando a Jidan Assad (38 años), a Shalom Aharon Badani (17), e hiriendo a otras 13 personas.
 
 
Captura de pantalla del video.
 
 
El video venía a sumarse a los llamados a la violencia por parte de los líderes palestinos. A la “resistencia”, eufemismo que todos entienden a la perfección – menos en los medios e instituciones occidentales, al parecer. De hecho, temprano por la mañana, este jueves 3 de febrero de 2020 se producía un ataque del tipo que el video glorificaba.

Luego de esa apertura, el águila volvía a volar rasantemente mientras un religioso judío, el rabino Nehemiah Lavi, y Aharon Bennett, eran asesinados a cuhilladas en la Ciudad Vieja de Jerusalén en octubre de 2015 por Muhannad Halabi un palestino de 19 años.

Otros ataques fueron representados en el video. Por ejemplo, el llevado a cabo por Musbah Abu Sbeih, que disparando desde un automóvil en movimiento asesinó a dos israelíes e hirió a otros cinco en Jerusalén en octubre de 2016.

El asesino es un héroe muestra el video. Y uno puede devenir uno si lleva a cabo las mismas acciones que aquellos retratados allí. Y, además, los familiares, o uno mismo, si sobrevive, recibirá un “salario” de por vida. El incentivo para la violencia es omnipresente. Para la paz… Para eso no hay nada – apenas palabras sueltas dichas para audiencias occidentales.

No en vano, en su discurso del 28 de enero de 2020, el propio Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y líder de Fatah, dijo que:

“Le digo a nuestros mártires, a nuestros presos, a nuestros heridos: Israel y Estados Unidos han tratado de denegarnos nuestro dinero, que recolectan para nosotros… Con el fin de que no paguemos a los presos, heridos y mártires. Los presos, heridos y mártires son lo más sagrado para nosotros. Por Alá, si nos quedara solo un céntimo, lo destinaríamos a los mártires, los presos y los heridos”.

Primero, los que ejercen la violencia. Después, los violentos. Y, en tercer lugar, también los violentos.

De hecho, el 30 de enero de 2020, Tawfiq Tirawi, Comisionado de Fatah (organización a la que los medios se afanan por presentar como “moderada”, cuando claramente no lo es) y miembro del Comité Central decía, tal como señalaba Palestinian Media Watch:

“¡Estos luchadores, que son parte de la Autoridad Palestina y del sistema de seguridad, su primera obligación es perseguir a los colaboradores [con Israel] y a los agentes de bienes raíces [que venden tierras a los judíos] y no perseguir a ningún luchador [es decir, terrorista]!”

Días después, un ataque con automóvil, y dos ataques con armas de fuego…

La línea entre A y B, ningún medio se dignó en recorrerla.

Mahmoud Al-Habbash es Juez Supremo de la Sharía y presidente del Consejo Superior para la Justicia de la Sharía, además de funcionario de la Autoridad Palestina. Es decir, no es una voz más, sin peso (moral y político), sin audiencia. El 24 de enero exigía impunidad (y hasta complicidad) con aquellos que perpetren atentados contra israelíes/judíos:

“Palestina seguirá siendo Palestina, sin importar cuánto tiempo tome… Esta tierra, por decreto de Alá, escupirá su basura, y ningún opresor durará mucho en ella… Alá mediante…esta tierra volverá a sus dueños… No aceptaremos el acuerdo de la vergüenza, no aceptaremos el acuerdo de Trump, no aceptaremos el llamado acuerdo del siglo, o la bofetada del siglo, o la vergüenza del siglo, o la inmundicia del siglo… Los árabes y musulmanes no lo aceptarán… Quien lo acepte, pagará un alto precio por ello. Sí, pagará un precio por aceptarlo. Pagará el precio de la traición. [Aceptar] este acuerdo es una forma de traición”.

Israel/los judíos, son "basura" que debe ser "escupida", expulsada...
 
Pero, ¿cuál es la “traición”? ¿Este plan en concreto?

No. De la misma manera dijeron “no” a la propuesta de la Comisión Peel, a la recomendación de Partición de la ONU, al Plan de Clinton y la oferta de Olmert…

La traición la explica la carta de la organización palestina Fatah en dos de sus artículos:

- artículo 12: “completa liberación de Palestina, y a la erradicación de la existencia económica, política, militar y cultural sionista”

- artículo 8: la “existencia israelí en Palestina es una invasión sionista”.

Y la carta de la OLP, de la cual Fatah es miembro mayoritario, lo deja aún más claro, si cabe en su primer y segundo artículos:

“Palestina es la patria del pueblo árabe palestino; es una parte indivisible de la patria árabe, y el pueblo palestino es una parte integral de la nación árabe.

Palestina, con las fronteras que tenía durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible”.

La traición es renunciar a todo el territorio. La traición es renunciar a la “erradicación” de Israel.

Una traición suprema, porque, como explicaba el 30 de enero de 2020, en su página oficial de Facebook la “moderada” Fatah:

“Palestina

no es una patria que se venda y se compre

sino más bien un pedazo del Corán

que será defendido con [nuestras] sangre y almas”

Religión, ultranacionalismo, glorificación de la violencia, incitación al odio y a la violencia (dirigida particularmente a menores) … ¿Qué puede salir mal? Para los medios en español, evidentemente, nada, de ahí su minucioso desinterés, su acabado silencio, su, en definitiva, pulcra complicidad.

Porque el plan presentado por la Administración Trump - que, más allá de cualquier evaluación, de lo discutible que pueda ser, en más de una publicación se haya utilizado como causa (exculpación palestina: la culpa es, pues, del plan y no de quienes dan la orden, o sugieren, el camino de la violencia) de la presente violencia palestina - sólo ha puesto en evidencia un nuevo “no” palestino y su reacción habitual: la hipérbole frente a medios y organismos internacionales y el fatídico recurso a la violencia.

Una reacción que, a su vez, vuelve a poner en evidencia a los medios…

Un poco como el rey de la fábula del Conde Lucanor, aquel que iba desnudo y todos hacían de cuenta que estaba vestido. Algunos, incluso, hasta debían creer las inexistentes vestimentas. Pues un poco como ese rey andan loso medios de comunicación en español cuando tratan este conflicto: con el sesgo al aire.
 
 
 
 
 
         
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