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Para El Periódico de Aragón Hebrón es el “santuario ultra” israelí/judío
por Marcelo Wio
5 de Setiembre de 2019

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Se habla del “periodismo activista”, pero la realidad es que no existe tal cosa. En cuanto el activismo entra en escena, el periodismo sale. Uno y otro son incompatibles. El Periódico de Aragón ofrecía una muestra cabal de esto en una crónica del 5 de septiembre de 2019 titulada significativamente “Netanyahu, en el santuario ultra”.

El “santuario ultra” es, para el medio, Hebrón. Y “ultra”, claro está, israelí y/o judío.

La ciudad es más que un eslogan tosco, que una reducción absurda y tramposa para hacer lo de siempre: señalar al Estado judío.

Hebrón es, como explicaba la directora de ReVista, Masha Gabriel, el sitio de la comunidad judía más antigua del mundo. Es también el segundo lugar más sagrado del judaísmo: allí se encuentra la Tumba de los Patriarcas. Tricia Miller, analista de CAMERA, señalaba que a excepción de breves períodos luego de la conquista de Hebrón por parte de los Cruzados en 1100 y de los Otomanos en 1571, los judíos habitaron en dicha ciudad de manera continua desde tiempos bíblicos, a través de los períodos Romano, Bizantino, Árabe, Mameluco y Otomano.

Pero, claro está, en el artículo en cuestión esto se pasaba olímpicamente por alto. Porque para los medios el vínculo judío con Tierra Santa no existe. Es decir, la historia no existe – o es convertida en una serie de relatos míticos; meras estructuras relativas a un tiempo, a una necesidad. Condición necesaria para convertir a los judíos en “colonos”, en extraños a dicha tierra; y a los árabes palestinos en “aborígenes”.

Así, Hebrón, según El Periódico de Aragón, es la ciudad “donde menos de un millar de colonos judíos, protegidos por el Ejército israelí, hacen la vida imposible a los palestinos del casco antiguo”.

Y ahí está: los alienígenas que están allí para hacerle la vida imposible a los palestinos.

¿Y qué hay de la vida de los judíos en Hebrón? ¿Cómo se ha llegado a la situación actual?

En 1929, tras miles de años de presencia, 67 judíos fueron asesinados por árabes en lo que se ha denominado la Masacre de Hebrón. Los supervivientes fueron expulsados y sus bienes robados. En 1931 la comunidad intentó reconstruirse, pero durante los disturbios de 1936 las autoridades británicas evacuaron a los residentes judíos de Hebrón y no les permitieron regresar a sus hogares. Y posteriormente, como señalaba la analista de CAMERA, Ricki Hollander, cuando Jordania ocupó Hebrón en 1948, se les prohibió a los judíos vivir allí y rezar junto a la Cueva de los Patriarcas.

El texto sí mencionaba la masacre, pero de pasada, como algo inevitable. Después de todo, Netanyahu estaba allí para conmemorar el 90 aniversario de la misma. Pero lo hacía de la siguiente manera:

“… la masacre de 67 judíos allí durante la revuelta árabe de 1929”.

No sólo no quedaba claro, para quien no conoce los hechos, quién cometió la matanza de judíos; sino que se convertía un pogromo en una simple “revuelta”, una suerte de rebelión.

En un artículo de 2009 de Jerold S. Auerbach, profesor de historia en el Wellesley College, publicado en el Wall Street Journal, se describía:

“En agosto de 1929, la comunidad [judía de Hebrón] fue repentina y brutalmente atacada. Incitados por el Gran Muftí de Jerusalén - que afirmaba que los judíos estaban poniendo en peligro los lugares sagrados musulmanes en el Monte del Templo en Jerusalén (Suena familiar, ¿no?; los líderes palestinos siguen con el mismo libelo) -, los alborotadores árabes arrasaron [el Mandato de] Palestina. En Hebrón, la matanza fue horrible.

Comenzó el viernes por la tarde, cuando los árabes atacaron a los judíos con palos y asesinaron a un estudiante de yeshivá. A la mañana siguiente, junto a habitantes locales, árabes atravesaron la ciudad gritando ‘matad a los judíos'”.

Del resto, claro, ni una palabra. Como tampoco nada sobre la violencia contra los judíos durante la primera y segunda “intifadas” y la necesidad establecer controles para proteger a la población judía. Los ataques habían comenzado antes de la primera intifada.

Pero, claro, el titular ya lo decía todo – la intención del texto y cómo este debía ser interpretado por el lector. Después de todo, y como señalaba un artículo de la Universidad de Columbia, de Nueva York, “probablemente más consumidores de noticias ven los títulos y pie de fotos en una página que, incluso, aquellos que leen el primer párrafo de la historia principal”. Allí, pues, estaba la “noticia”. Allí, en definitiva, la advertencia de activismo.
 
 
 
 
         
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