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Irán, programa nuclear y el periodismo convertido en un mero “escoger lados”
por Marcelo Wio
3 de Mayo de 2018

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Hemeroteca. Eso mencionan algunos periodistas de tanto en tanto, cuando recurrir al material periodístico anterior parece convenir a sus circunstancias presentes. Mas, la hemeroteca no es un arma arrojadiza (una astucia para afearle el presente a alguien) es una herramienta más en la labor periodística.

La presentación del primer ministro israelí Benyamin Netanyahu el 1 de mayo de 2018, en la que desveló que el programa nuclear iraní siempre tuvo fines militares, ha tenido mucha repercusión, mucha cobertura; aunque lamentablemente la amplia mayoría se ha quedado en el “zutano dijo”, “mengano respondió”. Y la mayoría de los citados, parecía resguardar, casi más enérgicamente que los iraníes, la idea de que Irán respeta los términos del acuerdo nuclear.

Así, por poner un ejemplo, el 2 de mayo de 2018, La Vanguardia reproducía declaraciones en respuesta a dicha presentación. Entre ellas, la de la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, que “subrayó que existen mecanismos específicos para comprobar si Irán cumple el acuerdo e indicó que hay diez informes del OIEA que certifican que Teherán ha respetado sus compromisos”.

Hasta ahí, una parte del trabajo periodístico: llevarle al lector lo más sustancial de lo dicho por personajes relevantes para un cierto hecho.

Pero faltaba la otra parte: la de documentarse, la de interrogarse (e intentar buscar respuestas), la de contextualizar.

Así, podría haberse preguntado el periodista si es posible certificar tales acatamientos, más allá de aquellas instalaciones que Teherán haya decidido mostrar en determinado momento.

Y, ¿cuáles son esos mecanismos? ¿Se conocen todas las instalaciones iraníes?

Las preguntas son muy relevantes, máxime teniendo en cuenta que el presidente de Irán, Hassan Rouhani, mientras fue el negociador jefe iraní precisamente en cuestiones nucleares entre agosto de 2003 y octubre de 2005, y según informaba el Jerusalem Post (07/02/2013), alardeó durante un discurso ante el Consejo Supremo de la Revolución Cultural en 2004 – donde explicaba cómo procedía durante las conversaciones nucleares con Gran Bretaña, Francia y Alemania -:

Mientras hablábamos con los europeos en Teherán, estábamos instalando equipamiento en parte de las instalaciones de Isfahan. Creando un ambiente distendido, fuimos capaces de completar el trabajo allí”.

Y ahora, mientras le muestran algo en la OIEA en alguna localización, ¿qué sucede en otras? ¿O esas prácticas han cambiado como por arte de diplomacia?

Tan sólo en 2012, según publicaba el diario El Mundo, “el director general del OIEA, Yukiya Amano, afirmó “que la agencia nuclear de la ONU sigue ‘seriamente preocupada' por las posibles dimensiones militares del programa atómico de Irán”.

Y agregaba que:

“En su discurso de apertura en una reunión de la Junta de Gobernadores del OIEA, Amano dijo que ante la falta de cooperación iraní, su agencia no puede dar ‘seguridades creíbles' sobre la ausencia de posibles materiales y actividades atómicas no declaradas en la República Islámica”.

Llamativamente, esa misma agencia, ante la presentación ante la prensa de Netanyahu, emitía un comunicado en el que afirmaba que la agencia “no tiene indicadores creíbles de actividades relevantes en Irán sobre el desarrollo de un dispositivo explosivo nuclear después de 2009”.

Tampoco puede afirmar que tenga indicadores creíbles en sentido contrario, ¿no?

A fin de cuentas, en 2012 su director manifestaba su preocupación por las posibles dimensiones militares del programa atómico de Irán, a la vez que confesaba la incapacidad de brindar seguridades creíbles sobre la ausencia de posibles materiales y actividades atómicas no declaradas por parte de Irán…

Es más, en 2015, de acuerdo al Wall Street Journal, y en el marco del Acuerdo Nuclear, Irán seguía negándose a permitir que inspectores de las Naciones Unidas entrevistaran a científicos y oficiales militares clave para investigar las denuncias de que Teherán mantenía un programa de armas nucleares encubierto. Así lo había manifestsado el director de la OIEA.

¿Tanto cambió todo? ¿De pronto se hizo la luz?

¿O luego de que fluyeran cuantiosas cifras de dinero que estaban congeladas hacia la república islámica, las conveniencias político-económicas han embellecido sustancialmente el panorama – incluso retrospectivamente?

De hecho, el diario estadounidense The New York Times explicaba el 23 de noviembre de 2013 que el acuerdo interrumpiría “el progreso nuclear del país [Irán] por primera vez en cerca de una década…”.

Y repasaba el camino reciente del programa nuclear iraní, o lo que se conoce del mismo:

Al principio de la Presidencia del Sr. Obama, Irán tenía aproximadamente 2.000 kilogramos de uranio de bajo enriquecimiento, apenas suficiente para una bomba. Ahora cuenta con cerca de 9.000 kilogramos, según las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Unas mil centrifugadoras giraban en 2009; hoy en día hay 18.000, incluyendo nuevos modelos que son mucho más eficientes y pueden producir uranio enriquecido más rápido. Un nuevo reactor de agua pesada fuera de la ciudad de Arak promete un nuevo camino para una bomba, usando plutonio, si comienza a funcionar el año próximo como Irán dice que lo hará.

Una verdadera restricción significaría desmantelar muchas de esas centrifugadoras, enviar gran parte del combustible fuera del país o convertirlo a un estado que no puede ser fácilmente adaptado al uso de una bomba y permitir las inspecciones de lugares subterráneos donde la CIA, Europa e Israel creen instalaciones ocultas de enriquecimiento pueden existir. Ahora no hay ninguna evidencia de esas instalaciones, pero, como ha dicho recientemente un ex alto funcionario de la administración Obama, anónimamente para poder hablar de cuestiones inteligencia, ‘no hubo nunca un momento en los últimos 15 años, más o menos, en que Irán no tuviera una instalaciones ocultas en construcción'.

También existe el problema de obligar a Irán a revelar qué tipo de progreso ha hecho hacia el diseño de un arma”.

Hace menos de un año (26 de septiembre de 2017), y según Reuters, el jefe de la OIEA, Amano, “instó a las principales potencias a aclarar una parte de su acuerdo nuclear con Irán, aquella sobre tecnología que podría utilizarse para desarrollar una bomba atómica, un área que Rusia dijo que la agencia debería dejar en paz”.

Al parecer, había partes del acuerdo poco claras…

La agencia de noticias añadía que dicha sección del acuerdo “prohíbe actividades que puedan contribuir al desarrollo de un dispositivo explosivo nuclear”. Mas, a diferencia de otras partes del acuerdo, la disposición conocida como Sección T, no hace mención a la OIEA ni específica cómo será verificada.

El propio Amano confesaba, al ser preguntado sobre si la OIEA tenía forma de verificar la Sección T:

“Nuestras herramientas son limitadas”.

Vaya... ¿Y entonces cómo es posible que un año después la propia agencia emitiera un comunicado diciendo que “no tiene indicadores creíbles de actividades relevantes en Irán sobre el desarrollo de un dispositivo explosivo nuclear después de 2009”?

Y mientras se llenaban páginas y espacios radiales y televisivos con el propósito de señalar que aquello que Netanyahu había afirmado era mera cosa del pasado, el portal de noticias israelí Ynet informaba hoy mismo que una serie de fotos tomadas por ImageSat Internacional muestran una inusual actividad en la instalación nuclear subterránea de Fordow, en Irán. Las imágenes incluso muestran la puerta de entrada abierta y coches y autobuses aparcados en el exterior; la instalación parecía estar vacía dos años antes de la reciente actividad.
 
 
(Photo: ImageSat International ISI)
 
 
 
Que los políticos digan Diego donde antes han dicho digo, es algo habitual. Que los medios le sigan el juego, también parece haber devenido algo habitual. Y aquello de la hemeroteca, de contrastar, de revisar, verificar, se ha transformado en una suerte de reliquia.
 
“Hemeroteca” no es sólo una bonita palabra que se pronuncia como si fuese un As. Es una labor. De búsqueda. De compromiso con la profesión. Algo que, cada vez, más, es una pieza de museo.
 
 
 
 
         
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