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El Periódico: el Plan de Partición, sus fuentes y los selectivos “nuevos historiadores”
por Marcelo Wio
30 de Noviembre de 2017

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La mayoría de los periodistas en español ha decidido, porque sí, que la cobertura de todo evento que tenga que ver con Israel o con el conflicto árabe-israelí se realizará desde la perspectiva árabe-palestina. De tal manera, puede uno ir olvidándose, desde el vamos, de cualquier atisbo de imparcialidad.

Un ejemplo de ello era el artículo que publicaba el diario español El Periódico con motivo de los 70 años de la resolución de partición del territorio restante del Mandato Británico de Palestina (ya se había creado Transjordania, luego nombrado Jordania) – que según :

“Amal al Masri describe su pueblo con detalle mientras bebe un té humeante en elcampo de refugiados palestinos de Shatila, en Beirut. Habla de Ja'uneh, situado en el norte de Israel. Ella nació en la capital libanesa en 1955 y nunca lo ha pisado, pero su familia procedía de esa aldea ubicada en Palestina antes de mayo de 1948. ‘Era muy bonita, famosa por sus olivos, estaba en la montaña, en la Palestina que perdimos', relata Amal evocando lashistorias que oyó de sus padres.

Su familia huyó de Ja'uneh en mayo de 1948, ante el inminente ataque de las fuerzas judías…”.

Así comenzaba el texto que supuestamente recordaba la partición del Mandato Británico de Palestina – cuyo documento establecía que “las principales potencias aliadas también han acordado que el Mandatario debe ser el responsable de poner en vigor la declaración formulada originalmente el 2 de noviembre de 1917, en la cual el Gobierno de Su Majestad Británica - y aprobado por dichas potencias - a favor de la creación en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío, quedando claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-judías existentes en Palestina”.

La voz humana, emocional, palestina ante el frío e “inminente ataque judío”…

Es decir, ya de entrada se le sugería al lector, sin disimulos, que los árabes-palestinos fueron agredidos por los judíos.

El resto es un discurrir por los reiterados olvidos de las masacres de judíos a manos de sus vecinos árabes (como la de Hebrón en 1929) , la omisión de la expulsión de judíos de territorios árabes, el no rotundo de los países árabes a la partición que tenía un claro objetivo, según Azzam Pasha, Secretario General de la Liga Árabe: “una guerra de exterminio y una masacre trascendental” contra el Estado judío”.

Y, claro está, un tránsito a través de las convenientes fuentes que suponen meras suposiciones que sólo reafirman los posicionamientos previos (es decir, siempre favorables a la “perspectiva” palestina; cualquier otra voz no tiene cabida):

“Varios académicos israelíes, como Avi Shlaim, del grupo de los Nuevos Historiadores, que rebaten la versión oficial israelí de la historia del país, defienden que los líderes sionistas tenían intención de expandir las fronteras de Israel, basándose en declaraciones de dirigentes como David Ben Gurion, el principal fundador del Estado de Israel”.
 

Fuentes (o las herramientas de confirmación de parcialidades y prejuicios)

Las fuentes suelen ser, en el caso palestino, aquellas que responden a la corriente de pensamiento general o dominante (¿Por qué no mencionar al activista de Derechos Humanos palestino Bassem Eid, por ejemplo?). Cuando se trata de la mención de una fuente israelí, esta pertenece a una ONG anti-israelí o a una visión marginal que sirve para retratar negativamente al Estado judío.

Tal es el caso de los mencionados “nuevos historiadores”. ¿Por qué no citar, por ejemplo, a un historiador como Efraim Karsh? ¿Será porque lo que dice no se ajusta al posicionamiento del periodista?:

“… los líderes sionistas aceptaron la solución de los dos Estados nada menos que en 1937, cuando la planteó por primera vez una comisión de investigación británica dirigida por Lord Peel. Y aunque esa aceptación fue en cierto modo a regañadientes, dado que el Estado judío propuesto ocupaba solamente un 15% del territorio del Mandato al oeste del río Jordán, fueron los líderes sionistas los que, diez años más tarde, encabezaron la campaña internacional por una solución de dos Estados que culminó en la resolución de partición de Naciones Unidas de noviembre de 1947.

[…]

En cambio, los líderes árabes palestinos, así como los países árabes vecinos, han rechazado constantemente la solución de los dos Estados. El informe de la Comisión Peel de julio de 1937 dio lugar a una intensificación de la violencia, que había empezado el año anterior y provocó la reducción del tiempo de deliberación de la referida comisión, mientras que la resolución de partición de noviembre de 1947 desencadenó inmediatamente un estallido de violencia palestino-árabe, seguido seis meses después por un intento panárabe de destruir el recién proclamado Estado de Israel.

[…]

Si los palestinos hubiesen aceptado la solución de los dos Estados en la década de 1930, o en la de 1940, para 1948 habrían tenido su Estado independiente en una parte sustancial del Mandato, si no una década antes…”

Uno de los símbolos de los llamados “nuevos historiadores” – ¿acaso, de una “nueva forma de hacer historia”? –, Ilan Pappe, llegó a decir en una entrevista concedida en 1999 a Baudouin Loos para el diario belga Le Soir:

Admito que mi ideología influencia mis escritos históricos, ¿y qué?

Avi Shlaim - el historiador citado en el artículo -, quien, según Benny Morris (Noviembre de 2009), destacado miembro del grupo de “nuevos historiadores”, “se movió lentamente hacia la izquierda (si esa es realmente la tendencia de las personas que expresan un comprensión y simpatía por aquellos como Yasser Arafat y [grupos terroristas] como Hamas)”. Algo que no sorprende cuando puede encontrarse un artículo de Shlaim en el sitio web anti-israelí Electronic Intifada.
 

 
 
Morris, además, aseveraba que un ensayo de Shalim sobre la declaración Balfour que “exuda una miopía impropia de un académico y una selectividad en el uso de los documentos, lo que alude a un prejuicio anti-sionista”.

¿Para qué mencionaba el medio a uno de los “nuevos historiadores”?

Pues para introducir una falacia: “que los líderes sionistas tenían intención de expandir las fronteras de Israel, basándose en declaraciones de dirigentes como David Ben Gurion, el principal fundador del Estado de Israel”.

Esto se basa en una frase falsa de 1937 atribuida a Ben Gurion (“Debemos expulsar a los árabes y ocupar su lugar. Pero hay que esperar el momento oportuno para hacer que esto suceda, por ejemplo una guerra”). Según el profesor Efraim Karsh (Fabricando la Historia de Israel, p 49-50; Un camaleón, no obstante), que examinó en los archivos el documento original de 1937 (una carta escrita a mano de Ben-Gurion a su hijo Amos), esto es lo que el párrafo en cuestión dice en realidad:

No deseamos y no necesitamos expulsar a los árabes y ocupar su lugar. Todas nuestras aspiraciones se basan en la suposición -demostrada a lo largo de toda nuestra actividad en la tierra [de Israel]- de que hay espacio suficiente en el país para nosotros y los árabes”.

Llamativamente (o no tanto), el artículo volvía sobre esta fabricación luego de citar al portavoz de la OLP diciendo que el plan de partición “legitimaba la estrategia colonialista británica de cambiar el statu quo de Palestina ignorando los deseos y derechos de la población indígena”, es decir, negando el derecho del Pueblo judío a la vez que lo identificaba como un ente o herramienta colonialista.
 
 
 
A propósito de “nuevos historiadores” y refugiados árabe-palestinos

Benny Morris documentó que los palestinos que huyeron de Haifa lo hicieron en contra de los ruegos de sus vecinos judíos y de un General británico de que permanecieran en el lugar:

“Bajo mediación británica la dirigencia israelí acordó un alto el fuego, haciendo un ofrecimiento que los británicos consideraron como términos generosos. Pero luego, enfrentada a la presión musulmana, la dirección mayoritariamente cristiana se acobardó; un alto el fuego significaría rendición e implicaría disposición a vivir bajo dominio judío. Se enfrentarían a acusaciones de colaboración y traición. De tal modo que, ante el asombro de los militares y líderes políticos británicos y judíos reunidos en la tarde del 22 de abril en el ayuntamiento de Haifa, la delegación árabe anunció que su comunidad evacuaría la ciudad.

El alcalde judío, Shabtai Levy, y el comandante británico, el general Hugh Stockwell, suplicaron a los árabes que reconsideraran su decisión... pero los árabes permanecieron impasibles...”. (Morris, 1948 y Después, p 20)
 
 
 
 

Así, al parecer, toda fecha, todo hecho, se transforma en una excusa para reiterar el pronunciamiento: los palestinos son las “víctimas” del “colonialismo judío”. Y el Plan de partición, no iba a ser menos:

“‘Queremos volver a nuestra tierra, que fue entregada por otros países a los sionistas', afirma Amal…”.

El artículo hacía a los judíos extraños en su tierra, tanto, que no se mencionaba ningún derecho para el Pueblo judío. De hecho, la palabra “pueblo” y “autodeterminación” sólo se mencionan referidas a los palestinos.

El texto, no era, evidentemente, sobre la rememoración de un hecho histórico. No. Iba de una de repetir una “narrativa” – la palestina.
 
 
 
 
         
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