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Rompiendo el silencio mediático sobre Mahmoud Abbas
por Gilead Ini
30 de Enero de 2018

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Así que es posible. No hay ninguna fuerza cósmica, ninguna inviolable regla periodística, que impidan a los principales medios de comunicación de Estados Unidos (y lo mismo vale para los medios en español) centrarse en las indiscreciones de Mahmoud Abbas.

Lo sabemos porque The Altantic acaba de hacer justamente eso – referirse a la vil retórica del presidente palestino -, y nada sucedió, aparte de lo esperado: se les dijo a los lectores lo que dijo el presidente palestino, y resultaron más plenamente informados sobre el hombre y el conflicto que no ha podido resolver.

Informar de manera franca sobre Abbas no debería ser tan difícil. Pero muchos en los medios han tenido problemas con dicha tarea. La más desagradable de las expresiones verbalizadas por Abbas han sido ocultadas por aquellos cuya labor es informar sobre las mismas, los mismos periodistas que además parecen creer que el conflicto árabe-israelí es el epicentro de las noticias internacionales. Así pues, cuando Abbas recientemente dijo, refiriéndose a los judíos, que no hay “nadie mejor que ellos en falsificar la historia y la religión”, citando al mismísimo Dios para justificar su difamación antisemita, el silencio mediático fue ensordecedor.

El New York Times cubrió la reunión del 13 de diciembre de 2017 en la que Abbas realizó la mencionada declaración, pero decidió, como decidieron los medios en español que también cubrieron dicho evento, que el antisemitismo de un presidente no era una noticia apta para su publicación.

Pero el Times no estuvo solo, el Washington Post, Associated Press, NPR, Reuters, El País, ABC, La Vanguardia, Efe y la BBC, también callaron sobre el recitado de versos anti-judíos del Corán por parte de Abbas, que utilizó para dejar claro que los judíos falsifican las escrituras y la historia.

Un mes más tarde, los medios de comunicación tuvieron una segunda oportunidad. El 14 de enero de 2018, Abbas volvió a subirse al estrado, y otra vez arrojó vitriolo sobre sus judíos vecinos en Israel. Además de pronunciar la defunción del proceso de paz de Oslo entre Israel y los palestinos, rechazó la conexión judía a Israel – “no tiene nada que ver con el judaísmo” – y negó la legitimidad de la presencia judía en el país, ofreciendo peregrinas teorías conspirativas para explicarle a su audiencia palestina, por qué los judíos están allí para empezar.

Entre las invenciones:

· Abbas afirmó que Oliver Cromwell, un líder inglés del siglo XVII que simpatizaba con la idea de readmitir a los judíos en Inglaterra, en realidad ideó una conspiración para enviar judíos europeos a Medio Oriente.

· Sostuvo que los judíos no fueron perseguidos en Europa por su religión, sino debido a “su función social”.

· Insistió en que el primer líder sionista Theodor Herzl acuñó el eslogan “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” para transmitir su supuesto deseo de “borrar a los palestinos de Palestina”.

· Describió una “reunión secreta” de líderes europeos a principios de los 1900, que, temiendo que el mundo árabe a punto de heredad la civilización europea, diseñó un plan para sembrar luchas intestinas para prevenir la temida herencia.

· La expulsión de los judíos del mundo árabe, persistió Abbas, fue parte de una estratagema del primer ministro David Ben Gurion.

· Abbas continuó asegurando que los propios judíos no querían tener nada que ver con la tierra de Israel. “Incluso durante el Holocausto ni emigraron”. (De hecho, los líderes árabes presionaron a los administradores británicos de Palestina para que impidieran la inmigración judía, y los británicos, en gran medida, acataron durante y luego del Holocausto. El enviado estadounidense Earl G. Harrisonle informó en 1945 al presidente Truman que la mayoría de los judíos en campos de desplazados “quieren ser evacuados ya a Palestina”. Tierra Santa es “claramente la elección de la mayoría”, y es “definitiva y preeminentemente la primera elección” añadió. Ese mismo año, un representante de la Cruz Roja concluyó que al “noventa y cinco por ciento de los refugiados judíos en Europea le gustaría emigrar a Palestina”).

· Abbas sugirió que Israel trafica con drogas para debilitar a los menores palestinos; y también defendió a los pagos a terroristas presos en cárceles israelíes.

No es de extrañar que nada de esto haya sido particularmente bien recibido fuera del mundo árabe. Tzachi Hanegbi, un ministro del gobierno perteneciente al partido político israelí Likud criticó el discurso calificándolo de estar “atado con viles teorías conspirativas antisemitas, e indigno de un líder”. Su opositor político, el líder de la oposición y del partido Laborista israelí, Avi Gabbay, caracterizó las palabras de Abbas como de “graves mentiras llenas de antisemitismo”.

En Estados Unidos, la izquierda y la derecha judías también estuvieron mayormente unidas. El Jewish News Syndicate (JNS), informó que el Foro de Políticas de Israel, que apoya la solución pacífica del conflicto, calificó las dos horas de discurso de Abbas como una “descontrolada verborrea”, y concluyó que ahora es “imposible ver a Abbas como un socio viable para negociar”. Abbas, añadió el Foro, “continúa negando el derecho del Pueblo judío a tener su propio movimiento nacional”.

Eric Yoffie, de tendencia de izquierdas, ex jefe del movimiento Reformista, calificó el discurso de “indignante, ignorante e insultante para los judíos y las personas civilizadas de todas partes”. La editora del Forward, Jane Eisner, escribió que la alocución de Abbas “no puede ser desestimada, ignorada o justificada”. La presidente de Americans for Peace Now, Debra DeLee, dijo que su organización “condena el lenguaje ofensivo que Abbas utilizó, y particularmente las inaceptables teorías conspirativas que repitió”. Incluso J Street logró estar de acuerdo en que la condena generalizada al discurso es justificable.

Aaron David Miller, quien fuera negociador de paz por Estados Unidos durante largo tiempo, lo denominó un “discurso trastornado” que “viró hacia el antisemitismo”; y Daniel Shapiro, quien fuera embajador de Estados Unidos en Israel durante la presidencia de Barack Obama, conceptuó elementos del discurso como “escandalosos”, “bizarros” y “vergonzosos”, y concluyó que Abbas está “fuera del juego de las conversaciones de paz”.

Y el comentarista conservador Jonathan Tobin argumentó que “ninguna persona racional puede escuchar la diatriba de Abbas del 14 de enero y aún creer que tiene algún interés en los dos estados o en la coexistencia”.

Sin embargo, al leer el informe del New York Times sobre el discurso, uno nunca entrevería la reacción abrumadoramente negativa que provocó. El diario señaló que Abbas “acometió con rabia contra la administración Trump”, pero el discurso, por lo demás, fue bastante moderado.

Al principio del artículo, el periodista David Halbfinger anunció que el líder palestino “no abrazó una alternativa a la solución de dos estados”, aunque Abbas había atacado la legitimidad del Estado judío en la región, tanto acometiendo contra la Declaración Balfour, un documento británico que apoyaba el establecimiento de un Hogar Nacional Judío; así como calificando a Israel como “una empresa colonialista que no tiene nada que ver con el judaísmo”.

Halbfinger insistió entonces en que Abbas “también rehuyó de exhortar el tipo de actos provocadores, como poner fin a la cooperación de seguridad de la Autoridad Palestina con Israel o disolver la propia autoridad, que podrían aumentar los costos de la ocupación para Israel y sacudir a los funcionarios en Jerusalén y Washington”. (El Consejo Central de la Organización para la Liberación Palestina, ante el que Abbas pronunció su discurso, pareció recibir un mensaje diferente. El día siguiente, dicho cuerpo, controlado por los leales a Abbas, votó recomendar el final de la cooperación de seguridad con Israel).

“De hecho”, añadió el periodista del New York Times, “el Sr. Abbas, que reafirmó su compromiso con la no-violencia y el cese del terrorismo, parecía tener la esperanza de un regreso a las negociaciones”.

Sólo en los párrafos finales del artículo había alguna referencia a las descabelladas acusaciones de Abbas – y lo más que el periódico diría de ellas es que podían haber aburrido a los oyentes:

“Poniendo a prueba la atención de su audiencia, el Sr. Abbas también pronunció una larga conferencia histórica remontándose hasta el siglo XVII, diciendo que Oliver Cromwell había propuesto primeramente enviar a los judíos europeos a la Tierra Santa, antes de rastrear el inicio del sionismo en lo que llamó los esfuerzos del periodista y activista del siglo XIX, Theodor Herzl, por ‘borrar a los palestinos de Palestina'.

‘Esta es una empresa colonial que no tiene nada que ver con el judaísmo`', dijo el Sr. Abbas. ‘Los judíos fueron utilizados como una herramienta bajo el concepto de tierra prometida – llamadlo como queráis. Todo ha sido inventado'”.

¿Una conferencia aburrida? Para un periódico que dedicó un artículo entero a verificar los datos cuando el Primer Ministro israelí dijo erróneamente que a los iraníes tenían prohibido utilizar pantalones vaquero, y que acusó a un Primer Ministro israelí de “distorsionador” luego de que éste hiciera una (bastante razonable) predicción sobre los beneficios financieros del alivio de las sanciones para Irán , el tratamiento escéptico de las extravagantes afirmaciones de Abbas parece ser una aceptación tácita, y erróneamente le indica a los lectores que la “conferencia histórica” bien podría haber sido, bueno, realmente historia.

En tanto, la crónica de la CNN sobre la reunión de Abbas era aún menos directa con los desagradables detalles, tal como CAMERA recientemente ha señalado.

Entre tales compañías, fue sorprendente cuando el 21 de enero The Atlantic publicó una historia que no evitaba el tema. Más bien, el colaborador Grant Rumley era directo y contundente a la hora de describir el discurso de Abbas:

“El pasado sábado, Abbas, de 82 años, y presidente de la Autoridad Palestina, dio un discurso frente al Concejo Central de la Organización para la Liberación Palestina. Durante más de dos farragosas horas, desplegó expresiones antisemitas, socavó la conexión judía con Israel, y culpó a todos, desde Oliver Cromwell a Napoleón ya Winston Churchill, por la creación de Israel”.

Rumley también contó sobre Abbas lo que demasiados periodistas preferirían que olvidáramos:

“En los últimos años ha acusado a rabinos israelíes de apoyar el envenenamiento de pozos de agua palestinos; ha afirmado que los judíos habían “fabricado” historia, e insistió en que “nunca reconocerá el carácter judío del Estado de Israel”. Estos devaneos con el antisemitismo traen a la memoria su controvertida tesis doctoral, que minimizaba el número de víctimas del Holocausto y sugería un vínculo entre el sionismo y el nazismo. Aunque más tarde dio marcha atrás de sus afirmaciones en dicha tesis, sus recientes diatribas ponen en duda su sinceridad.

Abbas - el hombre que se llegó a presidente con la promesa de llegar finalmente a un acuerdo con los israelíes a través de la diplomacia pública y la no-violencia – se ha transformado en Arafat, la figura en la que precisamente prometió no convertirse. Es una notable caída en desgracia para un líder que empezó con tal potencial”.

No debería haber sido necesario que The Atlantic, una revista mensual sobre literatura, política y asuntos internacionales, fuese la que liderara el camino - ciertamente cuando ya ha corrido mucha agua bajo el puente -. Los reporteros de noticias deberían haber comprendido, desde el día en que el presidente Abbas comenzó su mandato de cuatros años hace trece años atrás, que su trabajo no es proteger al líder palestino, ni promover la idea de que, a través de su moderación sin ambages, Abbas es la prueba viviente de la responsabilidad israelí de que el conflicto continúe. La cobertura del papel de Abbas en el fomento del odio ha sido demasiado escasa. Mas, si una venerada revista estadounidense puede hacerlo, acaso haya esperanza para el resto.
 
 

Traducción: Grupo ReVista

Original: Breaking the Media Silence on Mahmoud Abbas, CAMERA, 24 de enero de 2018.
 
 
 
 
         
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