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Más propaganda anti-israelí en las páginas de El País
por Marcelo Wio
21 de Agosto de 2018

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Fuera de las habituales páginas de organizaciones activistas anti-israelíes, nos ha sido imposible encontrar información sobre el activista palestino Badee Dwaik (que asevera que “una gran parte de Palestina está siendo utilizada para el establecimiento del Estado ocupante”; más claro, difícilmente). Es decir, ha sido imposible corroborar lo que afirma. Lo mismo le debe haber sucedido al redactor del bochornoso texto propagandístico tituladoEl último cámara de Hebrón”, publicado por el ya obsesionado diario El País el 20 de agosto de 2018.
El burdo parafraseo de la película de Bernardo Bertolucci no lograba mitigar lo más mínimo el hecho de que no se trataba de un texto periodístico. Y es que en el destacado, el medio aseguraba que “Badee Dwaik es el responsable de una organización que forma a jóvenes para el uso de cámaras de vídeo ante el particular 'apartheid' de la ciudad palestina”. El País validaba la peregrina utilización del término apartheid (por más comillas que le quisiera poner), a la vez que vendía el supuesto fin del “último cámara de Hebrón”: “La casa de Dwaik es un ejemplo de este apartheid” (aquí, ya sin el engorro de esas comillas).
 

 
De ahí en más, el medio “compra” lo que Dwaik dice, como si fuesen verdades incontestables; a la vez que hace suyo el discurso del activista:

“… impulsa Human Rights Defenders, una organización que forma a jóvenes escolares y familias palestinas de Hebrón para filmar las actuaciones del Ejército y defender su derecho a vivir en paz y en su tierra”.

“Más de 800.000 palestinos viven sitiados por diferentes asentamientos de colonos con más de 100 checkpoints, así como diferentes muros que aíslan las arterías principales a la ciudad vieja. Dwaik ha decidido quedarse, grabar y resistir” (Bueno, sólo quedarse, no; Dwaik ha viajado ampliamente promocionando la idea de, vaya casualidad, un “apartheid israelí”: es decir, demonizando y deslegitimando al Estado judío).

En realidad, los controles están para proteger a los judíos que viven en Hebrón.

Hablemos, pues, un poquito de Hebrón. Del de verdad: no de ese símbolo fraudulento que pretenden los activistas anti-israelíes (y, está visto, el diario español).

La analista de CAMERA, Ricki Hollander, señalaba que se trata de una de las cuatro ciudades sagradas del judaísmo, y que ha estado habitada por judíos durante milenios, excepto durante breves períodos, en los que fueron masacrados o forzados a huir para no serlo: en 1929, agitadores árabes masacraron a sus vecinos judíos ante la indiferencia de los soldados británicos, y acabaron con la comunidad judía. En 1931, 35 familias se volvieron a asentar en Hebrón hasta que revueltas árabes adicionales los llevaron a evacuar el lugar. Después de que Jordania ocupara Hebrón en 1948, se prohibió a los judíos vivir allí y rezar junto a la Cueva de los Patriarcas.

Hollander continuaba explicando que:

“En 1970, el gobierno accedió a establecer el poblado adyacente de Kiryat Arba, y las primeras unidades habitacionales se erigieron en 1972. En 1979, los colonos establecieron el Comité de la Comunidad Judía de Hebrón y se trasladaron hacia las antiguas áreas judías de Beit Hadassah y la sinagoga de Avraham Avinu. Los colonos israelíes, soldados y visitantes que llegaban a la Cueva de los Patriarcas, con frecuencia eran sujetos de violencia árabe. En 1976, los árabes destruyeron la sinagoga situada en la Cueva de los Patriarcas y quemaron rollos de la Torá. En mayo de 1980, terroristas palestinos mataron a seis estudiantes de yeshivá e hirieron a otros 20 cuando regresaban de sus rezos en la Tumba de los Patriarcas, y en 1983, le dispararon a otro estudiante de yeshivá en el centro de Hebrón. Cada asesinato y acto de violencia provocó que los colonos ampliaran su presencia en Hebrón. Para 1984, la comunidad judía de Hebrón consistía de varios enclaves.

Durante la primera intifada y después de los Acuerdos de Oslo, Hebrón fue el escenario de una violencia aún mayor. Los colonos judíos fueron víctimas de puñaladas, ataques con bombas y disparos. … Los palestinos continuaron la violencia durante la segunda intifada, con bombardeos suicidas, disparos y puñaladas”.

El lector del diario español no tendrá esta información. Al mismo sólo se le ofrece propaganda: los palestinos son víctimas de la “brutalidad”, del “colonialismo” israelí; Hebrón es “palestina”, y como tal, si no fuera por las presencia de judíos, un verdadero paraíso.

Finalmente, cabe destacar que el hecho de que una ciudad se encuentre dividida en dos o más sectores, controlados o habitados por dos o entidades, no implica de ninguna manera, un “apartheid”. En Belfast, por ejemplo, no hubo ni hay apartheid alguno, como no lo hay en Hebrón. El apartheid es algo distinto. Ni siquiera precisa de ciudades valladas.

El artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional establece que el crimen de Apartheid es un crimen de lesa humanidad. Y manifiesta:

“Por ‘el crimen de apartheid' se entenderán los actos inhumanos de carácter similar a los mencionados en el párrafo1cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen”

El párrafo 1,por su parte, dice:

El Estatuto de Roma define a los crímenes de lesa humanidad como “cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque:

Asesinato; Exterminio; Esclavitud; Deportación o traslado forzoso de población; Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; Tortura; Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable; Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional; Desaparición forzada de personas; El crimen de apartheid;

Otros actos inhumanos de carácter similar que acusen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.

Nada en la definición de Apartheid se aplica de manera alguna al Estado de Israel.

Entre Israel y los palestinos lo que existe es un conflicto en curso, que a lo largo de los años ha ido adoptando diferentes formas – principalmente, debido a los métodos que los líderes palestinos han ido considerando más beneficiosos para su “causa” -; y que ha impedido que se llegue a un acuerdo territorial.

Cuando recientemente se produjeron cambios en la directiva de El País, mucho se dijo que el medio  mejoraría periodísticamente. Lo cierto es que su cobertura respecto de Israel y el conflicto árabe-israelí no sólo no mejoró, sino que empeoró – algo que, por cierto, no parecía fácil de “lograr”.
 
 
 
 
         
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