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Consejo de Derechos Humanos, “marchas pacíficas”, nuevo informe y aquiescencia mediática
por Marcelo Wio
1 de Marzo de 2019

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El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha devenido en una truculenta ironía. Ello, debido a su instrumentalización por parte de algunos de los forman parte del mismo.

Entre ellos, Afganistán, Argelia, Arabia Saudita, Bahrein, China, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Libia, Qatar y República de Corea. Vamos, adalides de la democracia y los derechos humanos. Y de este selecto grupo, muchos interesados en llevar adelante una cruzada contra Israel (varios intervinieron directamente en las guerras iniciadas por los estados árabes contra ese país).

Son en definitiva quienes acusan y “juzgan”. Con una parcialidad casi tan rotunda como la que aplican sus gobernantes a sus propios ciudadanos. Porque tal como explicaba la organización UN Watch, la comisión de investigación que redactó el informe deriva su mandato de la Resolución S-28/1 que:

“A través de sus omisiones reveladoras, que eliminan todo contexto de los hechos y los caracterizan erróneamente como (a) “protestas”, (b) “pacíficas” y (c) “civiles”, sugiere que el cuerpo legal aplicable es la norma nacional de aplicación legal. Sin embargo, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es el marco jurídico adecuado en este caso, y no el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que se refiere a la aplicación de la legislación nacional”.

Es decir, parte de una resolución que, al menos en parte, ya había dictado los lineamientos de la “investigación”: es decir, el resultado de la esta.

Porque el título de esas conclusiones es harto ilustrativo:

“Commission of Inquiry on the 2018 protests in the Occupied Palestinian Territory.”

“Comisión de investigación de las protestas en el Territorio Palestino Ocupado”.

1. Da por hecho que fueron “protestas”, es decir, que no había una planificación previa por parte del grupo terrorista palestino Hamás para utilizar esas acciones de diversa manera (propaganda, cobertura, etc.).

2. Califica a Gaza como “territorio ocupado” cuando no lo está desde la retirada total de Israel de este en 2005. En 2008, Mohammed Nuseir, un miembro de la “oficina política” de Hamas lo dijo alto y claro:

Gaza no está ocupada, ¿entonces por qué Israel debería tener un papel [en el cruce fronterizo entre Gaza y Egipto], cuando no tiene presencia en la frontera entre Egipto y Gaza?”

En definitiva, y en el acto, de informe pasa a ser una herramienta política.

3. Al calificarlo de “ocupado” está eximiendo de responsabilidades a quien controla el enclave costero: Hamas.

El Consejo de Derechos Humanos se ha convertido, pues, en una herramienta más en lavado de cara de ciertas dictaduras y el ataque a Israel. Es por todos sabidos. Y por muchos soslayado: entre ellos, por esa mayoría de medios en español que parece hacer un esfuerzo por no enterarse o por hacer de cuenta que no se entera.

El nuevo informe publicado por este organismo internacional señalaba, vaya sorpresa, a Israel y, en ese mismo acto, soslayaba (y, por ende, convalidando como buenas) las tácticas del grupo terrorista Hamas que controla la Franja: es decir, su papel central en las actividades violentas organizadas; en su lugar, presentaba al grupo como un participante más que envió “representantes” en unas reuniones organizativas.
 
 
 
El Centro Meir Amit de Información sobre Inteligencia y Terrorismo, que ha ido realizando exhaustivas investigación y comprobaciones sobre los sucesos orquestados por Hamás en el límite con Israel, afirmaba que 187 palestinos fueron abatidos entre la primera llamada “marcha de retorno” y mediados de enero de 2019.
 
Un análisis de las identidades de los fallecidos indicó que 150 (cerca del 80%) estaban vinculados a organizaciones terroristas. De estos, 96 eran miembros de Hamas – de los cuales, 45 pertenecían a su “brazo armado”.
 
La investigación evitó estos hechos...
 
 
 
Así pues, que el informe reflejara en definitiva lo que el Consejo viene haciendo desde ya hace mucho tiempo, no es novedad. Pero que… No, en realidad tampoco es novedad que los periodistas repitan y no agreguen nada a esa acción pasiva de reproducción a la que cada vez más se limitan.

No es novedad que olvidaran mencionar que el informe de marras omitía el hecho de que

1. El líder de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar, durante una conferencia del grupo terrorista en el enclave costero en agosto de 2018, y recogidas por Ynet el 4 de septiembre de 2018, tampoco eran novedosas:

Luego de que los esfuerzos de reconciliación [entre Fatah y Hamás] llegaran a un punto muerto, un número de facciones planeaba causar una explosión interna en la Franja de Gaza, pero las Marchas de Retorno frustraron ese plan”.

Así, decía el medio, Sinwar admitía que dichas “protestas” estaban orquestadas con el fin de evitar una crisis interna desviando la presión hacia Israel.

2. A principios de abril de 2018, el mismísimo Sinwar, durante un discurso o arenga desde el lugar de las “protestas” espetó que los palestinos “no pueden entregar ni un centímetro de Palestina”, que reiteró que incluía todo Israel. Y dijo:

Derribaremos la frontera y les arrancaremos [a los israelíes] los corazones de sus cuerpos”.

Y el 27 de abril, el diario estadounidense New York Times señalaba que “cientos de palestinos, exhortados por un ardiente discurso de un líder de Hamas a media tarde, se lanzaron contra la barrera de seguridad en el extremo oriental de la ciudad de Gaza e intentaron cruzar a Israel”.

El líder, Ismail Radwan, según el diario, instó a los “manifestantes a no temer la muerte sino a darle la bienvenida al martirio”:

Cuando somos valientes, nos acercamos al martirio, al martirio, al martirio, al martirio”.

Además, el medio estadounidense indicaba que “la protesta fue la quinta de una serie de manifestaciones organizadas por Hamas, el grupo islamista que controla Gaza. Han tenido éxito de maneras en que el disparo de misiles a Israel no ha tenido, atrayendo la simpatía internacional y la atención hacia la causa palestina…”.

3. El 13 de mayo de 2018, lo explicitaba aún más Mahmoud Al-Zahhar, un alto cargo de Hamás:

“… ¿es esto realmente una ‘resistencia pacífica'? Esto no es resistencia pacífica. ¿Ha disminuido la opción [de la lucha armada]? No. Al contrario, está creciendo y desarrollándose. Eso está claro. Así que cuando hablamos de ‘resistencia pacífica', estamos engañando al público”.

4. La organización UN Watch presentó un informe ante dicho Consejo (que fue, por supuesto, desestimado – los hechos no permitían que el dictamen previamente adoptado se sostuviera) donde señalaba las prácticas de Hamás en el marco de las actividades violentas antes la valla de seguridad:

a. Ataques indiscriminados a civiles por parte de Hamas, a través de la unidad de lanzamiento de cometas incendiarias, lanzamiento de globos explosivos. El resultado fue grandes extensions de tierras incendiadas.

b. Ocultar combatientes entre “manifestantes” aparentemente civiles.

c. Utilizar “niños soldados”.

d. Utilización de escudos humanos, incluidos mujeres y niños.

Así lo aclaraba Yahya Sinwar el 16 de mayo de 2018, durante una entrevista televisiva:

“Cuando decidimos embarcarnos en estas marchas, decidimos convertir lo que nos es más querido - los cuerpos de nuestras mujeres y niños- en un muro de contención que impida la deriva muchos árabes hacia la normalización de los lazos con [Israel]”.

e. Ataques contra ayuda humanitaria.

El Consejo tampoco tuvo en cuenta la “Presentación del coronel (retirado) Richard Kemp CBE en nombre del Grupo Militar de Alto Nivel a la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas sobre las Protestas de 2018 en el territorio palestino ocupado”.

5. En la misma indicaba que en la opinión profesional de quien remitía el documento, “los acontecimientos constituyeron claramente un nuevo intento de Hamas de llevar a cabo ataques a gran escala contra las comunidades civiles israelíes y contra las fuerzas de seguridad de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] que las protegían”.

Y añadía:

“Esto se lograría promoviendo una violación a gran escala de la infraestructura de seguridad fronteriza, dando la oportunidad a Hamás y a otros agentes de entrar en Israel y llegar rápidamente a las comunidades cercanas, o alternativamente matar y/o secuestrar a miembros de las fuerzas de seguridad israelíes, así como permitir que la muchedumbre llevara a cabo linchamientos contra los mismos objetivos. Así, los violentos disturbios y los ataques terroristas asociados a lo largo de la valla de seguridad de Gaza desde marzo de 2018 han sido una continuación por otros medios del lanzamiento de cohetes, los túneles de ataque y otras formas de agresión violenta”.

Es decir, un método. Que, por otro lado, no es ni mucho menos novedoso. Como ya señaláramos en un artículo anterior en ReVista, en 2011, para el día de la “nakba”, y de acuerdo al Jerusalem Center for Public Affairs, fue Hizbulá que impulsó a que varios cientos de palestinos intentaran cruzar las fronteras de Líbano y Siria con Israel.

En este sentido, la presentación advertía que Hamás pretendía que la violencia continuara la estrategia de larga data de crear e intensificar la indignación, vilipendio, aislamiento y criminalización internacionales del Estado de Israel y sus funcionarios y de fomentar el boicot, la desinversión y las sanciones, así como de crear una influencia política para sus propios fines.

El informe del Consejo no parece desviarse mucho de esa línea.

Después de todo, la exposición del Grupo Militar de Alto Nivel apuntaba que la estrategia de Hamas de demonizar al Estado judío se desprendía “claramente del lenguaje de derechos humanos adoptado por Hamás al hablar ante un público internacional sobre los acontecimientos (en contraposición a la incitación a la violencia cuando se habla a su propia población [tal como puede verse más arriba]), así como de la explotación de mujeres y niños en medio de la violencia, con el fin de crear situaciones que obligan a las FDI a actuar con fuerza para que se las viera matar y herir a esas personas”.

5. Los incidentes no fueron espontáneos.

La presentación del Grupo Militar de Alto Nivel advertía que el grupo terrorista Hamas llevó a cabo ejercicios de entrenamiento militar inmediatamente antes del inicio de los disturbios en marzo, así como otros entrenamientos posteriores.

Además, recordaba, “en los meses anteriores al 30 de marzo se produjeron numerosos incidentes fronterizos que pusieron de manifiesto los esfuerzos de Hamas por poner a prueba y evaluar la capacidad de respuesta de las FDI, así como sus sistemas y mecanismos de defensa en la frontera”.

Pero el informe del Consejo no sólo omitía, sino que, según la organización NGO Monitor también incurría en otras faltas a la imparcialidad, en este caso, metodológicas:

6. Estableció claramente una conclusión jurídica y fáctica predeterminada y se limitó a reunir “pruebas” para obtener el resultado deseado.

7. Dependía en gran medida de fuentes palestinas, entre ellas Hamas y organizaciones no gubernamentales (ONG) vinculadas al terrorismo. En particular, adoptó acríticamente la aplicación por parte de las ONG de un paradigma nacional de aplicación de la ley - borrando el contexto del conflicto armado con Hamás y otros grupos terroristas palestinos - para analizar la violencia transfronteriza.

7. Utilizó “testimonios” anónimos y no verificables.

Donatella Rovera - quien lidera, ni más ni menos, las investigaciones de campo de Amnistía Internacional – reconocía (Challenges of monitoring, reporting, and fact-finding during and after armed conflicto, 28 de abril de 2014, portal Professionals in Humanitarian Assistance and Protection) que:

“El miedo puede conducir a víctimas y testigos a ocultar pruebas o a dar cuenta de manera deliberadamente errónea de los incidentes. En Gaza, recibí información parcial o inexacta de parte de familiares de civiles muertos por accidente en explosiones accidentales o por los cohetes lanzados por grupos armados palestinos hacia Israel que habían fallado y de civiles muertos por ataques israelíes cerca de las posiciones de los grupos armados palestinos. Enfrenta con otras evidencias obtenidas por separado, algunos dijeron que temían las represalias de los grupos armados”.

Por lo demás, quien brinda un testimonio bien puede estar expresando aquello que cree que el entrevistador/investigador quiere oír. Sin entrar en los sesgos – no sólo ideológicos.

8. La información facilitada en el resumen publicado es casi un copia-y-pega de los materiales enviados por las ONG a la comisión investigadora.

Además de todo lo hasta aquí expuesto, a la hora de “contextualizar” y mencionar el bloqueo, el informe se saltaba olímpicamente el lanzamiento de cohetes desde la Franja hacia Israel de amanera indiscriminada y, de tanto en tanto, masiva; ni de los túneles construidos para penetrar en el territorio israelí. Es decir, de la desviación de recursos con fines terroristas.

Por otra parte, al referirse “retorno de los refugiados”, obviaba el hecho de que:

a. No existe tal derecho

b. La crisis de refugiados árabes fue provocada por la guerra de agresión lanzada por los propios estados árabes - y por la decisión de estos mismos estados de dejar el problema abierto, como una herramienta . Tal como apuntara el ex director de ayuda a los palestinos de la ONU en Jordania, Ralph Galloway:

Los Estados árabes no quieren resolver el problema de los refugiados. Quieren mantenerlo como una herida abierta, como una afrenta a las Naciones Unidas y como un arma contra Israel. A los líderes árabes les da lo mismo si los refugiados viven o mueren”. (Ralph Galloway, UNRWA, citado por Terence Prittie en The Palestinians: People History, Politics, p 71)

Otro de los silencios significativos de la “comisión investigadora” era el verdadero contexto, no aquel que se adecuaba a un informe que era casi idéntico a tantos otros publicados por organismos de la ONU: político y sesgado. Entre otros puntos, el Centro Meir Amit señalaba que 1.119 cohetes y morteros lanzados desde Gaza impactaron en territorio israelí.

A su vez indicaba que la mayoría de los actos violentos durante las denominadas “marchas de retorno” fueron llevados a cabo por operativos de Hamas cerca del límite con Israel. Como resultado de ello, un gran número de operativos de Hamás (97) fueron abatidos durante tales eventos (alrededor del 15% de los fallecidos).

Y explicaba que Hamás puso en práctica una nueva estrategia de “violencia controlada” – es decir, el ejercicio de presión sobre Israel en dosis controladas para promover sus objetivos (como ser, obtener apoyo económico, la apertura de los cruces limítrofes). Un claro ejemplo de esta estrategia fue precisamente la puesta en marcha del proyecto “marcha de regreso” (que según el centro comenzó a principios de 2018), que, que se hizo efectivo a partir del 30 de marzo de 2018.

Mientras se vendían las “marchas” como “pacíficas”, Hamás y otros grupos terroristas patrocinaban y ejercían la violencia al amparo de la muchedumbre:
 
“La violencia de las ‘marchas de retorno' fue acompañada por ataques de tipo militar perpetrados por Hamas, la Yihad Islámica Palestina y otras organizaciones terroristas. Ello incluía disparos, colocación de artefactos explosivos improvisados a lo largo de la valla limítrofe, penetración de agitadores en territorio israelí, lanzamiento de artefactos explosivos improvisados, granadas de mano y otros objetos”.
 
Hamás vendió. La comisión investigadora y los medios (en su amplísima mayoría) compraron. El producto es, después de todo, el habitual que suelen ofrecer: arremetidas contra Israel.
 
 
 
 
 
 
 
 
         
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