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Ante la duda, ponga un judío
por Marcelo Wio
12 de Diciembre de 2018

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A base de tanto abusar y mezclar ciertos símbolos con cuestiones peregrinas, éstos terminan diciendo significados evidentemente distintos. Un poco a uso del consumidor. O, más bien, al uso que se la ha impuesto a base de repeticiones. O de las obsesiones de quienes las sancionan.
 
Mucho de esto subyace en la viñeta publicada por El País el 10 de diciembre de 2018.
 
 
 

 
 
La viñeta funciona como un silbato para perros. Aquellos a quienes está dirigida van a “escuchar” su significado. Pero se trata de un silbato muy particular, porque la mencionada ilustración es asaz ambigua; de tal manera que el público abarca, entre otros, desde aquellos predispuestos a ver la mano judía vinculada a la situación actual en Cataluña, hasta aquellos persuadidos de que los independentistas catalanes son víctimas como los judíos lo fueron en la Alemania nazi.

Así pues, jugaría - en el primer caso aludido - con la idea preexistente de que los judíos, que conspiran globalmente, sin importar la causa, están relacionados de alguna manera en el movimiento independentista catalán. Después de todo, y más allá de la confusa leyenda, el dibujo, que habla por sí mismo más que las breves palabras, aúna la estrella de David y el lazo, uniendo y equiparando peregrinamente dos símbolos desligados: el brazalete impuesto a los judíos para identificarlos, primero, y luego para asesinarlos industrialmente; y el lazo elegido por los independentistas catalanes – y que es utilizado en otras partes del mundo con diferentes significados – para simbolizar apoyo a aquellos presos por llevar adelante el intento de secesión. Es decir, igualaría así el Holocausto con la expresión ideológica de un grupo de catalanes y la situación desprendida de la misma. Ergo, o se pretende dar a entender (tercera interpretación posible) que el Holocausto fue un mero desacuerdo ideológico promovido por judíos díscolos; o que, segunda glosa (y aquí la leyenda podría tener algún sentido), la Justicia española lleva adelante los mismos pasos previos – la distinción del “otro” – ejecutados en la Alemania nazi.

Y ciertamente no es ni una ni otra lectura.

Y, hablando de lecturas posibles, una más (en la que la leyenda también podría tener algún sentido): Aquellos que se quitan el lazo – y podría incluirse aquellos que no lo llevan, ni lo han llevado -, pasarán a ser víctimas de los independentistas como los judíos lo fueron de los nazis. El problema de esta exégesis es que los judíos – una minoría - no tenían un estado detrás que los protegiera.

Pero poco importa la interpretación que se haga de la viñeta, porque se trata de una flagrante banalización y utilización ideológica de un crimen sin parangón dirigida a un amplio público dispuesto a ver una u otra interpretación.

En resumen, se trata de una práctica fácilmente “justificable” – es sencillo desligar interpretación y ofensa del confuso producto -; después de todo, trabajar sobre un firme sedimento de sobreentendidos y correspondencias permite la trinchera de equívoco.

En resumen, se trata así de una práctica que, cada vez más, tiene el visto bueno o la complicidad de editores y público: los judíos otra vez, como a mediados del siglo pasado, como “explicaciones” de los males. Los judíos ofrendados ante el altar de la mediocridad, del odio y la prebenda.
 
 
 
 
         
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